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Ya se demostró que no somos de la mafia del poder… somos románticos y soñadores -conversatorio EZLN


By VEME - 04/17/18 7:26 AM

Inicia conversatorio organizado por el EZLN, participan entre muchos otros, Marichuy y el subcomandante Galeano.




Inició este lunes el CONVERSATORIO (o semillero, según): “Miradas, Escuchas y Palabras: ¿Prohibido Pensar?” organizado por el EZLN en San Cristobal de las Casas.

Marichuy, Mercedes Olivera, el subcomandante “Galeano” antes “Marcos”, Margarita Millán y Sylvia marcos hablaron de lo que significó la campaña independiente de Marichuy para el EZLN y la población indígena de México.

“La intención nunca fue llegar al poder. No estaremos en la boleta electoral, pero sí cumplimos. Cumplimos porque escuchamos la voz de los indígenas que nos dieron fuerza para seguir adelante”, declaró Marichuy

En cuanto a que no se alcanzaron las firmas necesarias para estar en la boleta el subcomandante “Galeano” declaró:

“Los requisitos que ponía el INE, ahora sí que tenías que llevar un perfil hormonal, porque que tal eras el súper o disfrazado, por ejemplo: si los compañeros de la Redes de apoyo juntaban un baro y hacían un cartel, unos volantes, tenías que pedir la factura, Alicia Castellanos cuando es la reunión final, le dice el INE si alguien van a calificar es a mí, pudo haber puesto algún pretexto, pero no, va más allá de eso, incluso sabiendo que era casi imposible cumplir con los requisitos de control de finanzas asume la tarea”, dijo Durante la Primer Sesión del Conversatorio “Miradas, escuchas, palabras: ¿prohibido pensar?”, CIDECI-UniTierra.

“Otra cosa en la que fallamos, nuestro pronóstico era que no se llegaba a las firmas, nuestro calculo al alza eran 100 mil firmas, concentradas en el centro del país, pero decíamos que se organizaran y venia en la redes, de unos chavos que tenían una mesa de firmas, y llega uno de vanguardia revolucionaria patria o muerte venceremos y les dice estas son mamadas, lo que debemos hacer es organizarnos y la compañera le dice, y creen de donde salió la mesa y el cartel, el volante, nos tuvimos que organizar para ponerla”, añadió.

“Ya se demostró que no somos de la mafia del poder que nos maneja Salinas, en dado caso nos maneja mal, somos románticos y soñadores, qué movimiento puede hacer eso, no conozco, que se da la dirección, la iniciativas y la imaginación en su gente, en quienes la forma, hubo gente que dio mesa obstruyó el paso, tocando puertas”, concluyó.


La convocatoria al conversatorio leía

La Familia Feliz.

Un poblado, o ciudad, o como se diga. Un lugar del mundo. Un muro. Pegado en la rugosa superficie del gran muro, un afiche, cartel, o como se diga. En la imagen, un hombre y una mujer sonríen frente a una mesa rebosante de comida variada. A un costado de la pareja, una niña sonriente; al otro costado, un niño mostrando su reluciente dentadura. Sobre de ellos, en letras grandes e intimidantes, se lee “LA FAMILIA FELIZ”. El cartel está ya viejo, con la pátina del tiempo apagando los colores que, suponemos, alguna vez fueron brillantes y, sí, se podría decir que felices. Algunas manos anónimas han agregado, en papel, pequeños letreros: “La familia feliz es feliz sólo con la bendición del divino”; “No a la familia homoparental, ¡mueran los maricas y las machorras!”; “La maternidad es lo que define a la mujer feliz”; “Se destapan caños. Presupuesto sin compromiso”; “Se renta casa feliz para familia feliz. Familias infelices, absténganse”.

Al frente, por la acera al pie del muro, la gente transcurre de un lado a otro sin apenas prestarle atención a la imagen opaca. De vez en cuando, alguna perece aplastada por un pedazo que cae del muro decrépito. Cierto, cada vez con más frecuencia suceden esos derrumbes parciales. Gajos del muro se desprenden y aplastan a veces a una sola persona o a un pequeño grupo, a veces a comunidades enteras. La conmoción en la muchedumbre dura apenas unos instantes, y reanuda su camino bajo la mirada pálida de la familia feliz.

Catástrofes menores y mayores, eso no debe distraernos de lo esencial ahora: cada tanto de tiempo, el supremo hacedor de “familias felices”, anuncia la elección, libre y democrática, del cuidador del afiche. Y precisamente ahora, el feliz calendario que, ahora se percata usted de ello, se puede ver detrás de la familia feliz, marca que es el tiempo de elegir. En estas fechas, una febril actividad recorre al gentío que, sin detenerse, opina, discute y pelea por las distintas opciones que se ofrecen para cuidar el gigantesco cartel.

Hay quien señala el peligro de que la impericia manifiesta de sus oponentes, ponga en riesgo la ya maltrecha imagen, símbolo de identidad del poblado, ciudad, o como se diga. Una persona ofrece remozarlo y devolverle el brillo y el color que alguna vez tuvo (en realidad, nadie recuerda ese tiempo, así que ni siquiera se puede asegurar que alguna vez existió –claro, en el dado caso de que se le pueda atribuir existencia al tiempo-). Otra más dice que las administraciones anteriores han descuidado la imagen y a eso se debe su visible deterioro.

Las distintas propuestas encienden las discusiones en los transeúntes. Se cruzan acusaciones, calumnias, falacias, argumentos con la solidez de lo efímero, condenas y sentencias apocalípticas. Se reflexiona sobre la importancia y trascendencia del momento, la necesidad de la participación consciente. No en balde se ha luchado tantos años para poder elegir a quien cuide la feliz imagen de la familia feliz.

Se forman bandos: allá el de quienes insisten en una renovación prudente; aquel otro insiste en el postulado científico de que “más vale malo por conocido, que bueno por conocer”; otro bando aglutina a quienes ofrecen probidad, buen gusto, modernidad. Unos y otros gritan: “¡No pienses!, ¡Vota!”. Una pancarta estorba el trasiego de la gente, en ella se lee “Cualquier llamado a razonar el voto, es un llamado a la abstención. No es tiempo de pensar, sino de tomar partido”.

Las discusiones no siempre son mesuradas. Es tan importante elegir al responsable de la imagen, que no pocas veces los bandos llegan a la violencia.

Hay quien habla de cuantiosas cantidades de felicidad para quien resulte vencedor, pero, lejos de los intereses mundanos, en los rostros adustos de los contendientes se advierte la seriedad del asunto: es un deber histórico, el futuro está en la mano titubeante de quienes habrán de elegir, es una grave responsabilidad pesando sobre los hombros de la gente; peso que, felizmente, será aliviado cuando se sepa quién se alza con el triunfo, y vea de procurar felicidad a la feliz imagen de la familia feliz.

Es tal el frenesí, que todos se olvidan por completo de la imagen retratada. Pero la familia feliz luce, en la soledad del muro, su perenne e inútil sonrisa.

Al pie de la alargada y alta pared, una niña levanta la mano pidiendo hablar. Los bandos apenas si la notan, pero no falta quien diga: “pobrecita, es una niña y quiere hablar, dejémosla”. “No”, dice otro bando, “es un truco del bando contrario, es para dividir el voto, es un distractor para que no reparemos en la gravedad del momento, es un claro llamado a la abstención”. El bando de más allá, objeta: “¿Qué capacidad puede tener una niña para opinar siquiera sobre el cartel? Le faltan estudios, crecer, madurar”. Y por aquel lado: “no vamos a perder el tiempo escuchando a una niña, debemos concentrarnos en lo importante: decidir quién es mejor para cuidar el cartel”.

La “Comisión de Nitidez y Legitimidad para la Elección del Encargado de Cuidar la Imagen de la Familia Feliz” (CNLEECIFF, por sus siglas), emitió un serio y breve comunicado, acorde con la gravedad de los tiempos: “Las reglas son claras: NO SE ADMITEN NIÑAS”.

Nuevas reflexiones de los analistas especializados: “lo único que logró la niña fue legitimar a la CNLEECIFF. Al pedir la palabra, la niña entró al juego y perdió, lo demás son consuelos”; “El fracaso de la niña es síntoma del fracaso del proceso renovador, las instituciones deberían dejar que la niña hable”; “Fue conmovedora, ella con su manita levantada, pidiendo atención, pobrecita”; “Fue un resultado adverso, producto de un análisis erróneo de la coyuntura, el contexto y la correlación de fuerzas, eso señala la ausencia de una vanguardia revolucionaria que dirija a las masas”; “Etcétera”.

Pero las discusiones apenas duraron unos minutos, y el ir y venir de pasos y sinrazones siguió su curso. No se escuchó a la niña hablar, mientras señalaba, no a la imagen, sino al muro sobre el que la familia feliz lucía su ya deteriorada placidez.

Parada sobre uno de los escombros, rodeada de cadáveres de niñas y de piedras desgajadas, la niña señaló, lacónica, lo evidente:

“Se va a caer”.

Pero nadie escuchó…

Un momento… ¿nadie?

(¿Continuará?…)





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