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Tlaltecuhtli, el monumental monolito mexica que fue encontrado un 2 de octubre


By VEME - 10/3/19 9:43 AM




Tlaltecuhtli
Es la escultura mexica más grande encontrada hasta ahora. Foto Proyecto Templo Mayor-INAH

El 2 de octubre de 2006, arqueólogos del INAH hallaron en el Centro Histórico de la Ciudad de México la imponente escultura de la deidad mexica de la tierra.

El 2 de octubre se convirtió de nuevo en una fecha para recordar, pero por una causa afortunada. De los restos del antiguo centro ceremonial de México-Tenochtitlan volvía a surgir una diosa; en 1978 despertó Coyolxauhqui, 28 años después resurgiría Tlaltecuhtli, una deidad que “a todo color” y en su iconografía, hace referencia al ciclo vida-muerte, a la tierra como devoradora de cadáveres.

Tras más de 500 años sepultada, un equipo de especialistas del Programa de Arqueología Urbana del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) descubrió la colosal escultura mexica de 4.17 x 3.62 metros, aproximadamente 40 centímetros de espesor y cerca de 12 toneladas, en la intersección de las calles República de Argentina y Guatemala, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

En los años subsecuentes, el Proyecto Templo Mayor, liderado por el arqueólogo Leonardo López Luján, ha registrado múltiples descubrimientos asociados a la representación de la deidad tenochca: 45 ofrendas en las que estaban distribuidos alrededor de 70 mil objetos, por ejemplo, en la número 141 se contabilizó un aproximado de 16 mil, en los que conchas y caracoles son el grueso. En oblaciones como ésta también abundaban los restos de lobos, pumas y linces.

El mito detrás de Tlaltecuhtli

Tlaltecuhtli era un monstruo con articulaciones llenas de ojos y bocas con las cuales mordía como bestia salvaje. Para aplacarla y crear la vida, dos de los hijos de la pareja creadora: los dioses Quetzalcóatl (Serpiente emplumada) y Tezcatlipoca (Espejo humeante), se transformaron a sí mismos en dos grandes serpientes, explica la doctora Diana Magaloni Kerpel, ex directora del Museo Nacional de Antropología del INAH.

En su ensayo El origen mítico de las ciudades: la iconografía de la creación, Magaloni narra que ambos desgarraron al gran lagarto Tlaltecuhtli por la mitad. “Una parte sirvió para formar el firmamento, la otra para hacer la tierra. Posteriormente los dioses hicieron con las partes de su cuerpo todas las cosas de vida: su pelo se convirtió en árboles, flores y hierbas; su piel, en los prados; sus incontables ojos, en pozos de agua; sus bocas, en grandes ríos y profundas cuevas; y sus narices en montañas”.

El mito —continúa la historiadora del arte— describe que a la diosa de la tierra se le oía llorar en las noches porque sufría enormemente, rogando ser alimentada con corazones y sangre humanos, la única medicina que aliviaba su dolor. Fue así como el desmembramiento de Tlaltecuhtli produjo “no sólo un orden en el universo, separando la tierra del cielo, sino que el precio de tal ruptura fue que Tlaltecuhtli, como la primera víctima de la creación, exigió que otras víctimas la alimentaran.

“Tlaltecuhtli a través de su muerte y resurrección, se convierte así en el símbolo de la renovación constante mediante el sacrificio”. Es por ello que este mito enarbola varios conceptos fundamentales de las ciudades mesoamericanas, refiere en su texto, de manera que “la diosa de la tierra que sostiene la creación a través de su propio sacrificio, explica el devenir del cosmos y del tiempo ya que es el principio que promueve las múltiples creaciones del mundo”.

Con info del INAH



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