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“Seguir vivas” la promesa de las zapatistas


By VEME - 03/14/18 7:15 AM

Las mujeres zapatistas le dan otro sentido al concepto de ejército.  Su disciplina, organización y compromiso en cada una de las tareas que realizan está envuelta en amabilidad y calidez en cada sonrisa y cada palabra que te ofrecen.




Miles de mujeres indígenas de los caracoles zapatistas, de 27 estados del país y 34 países del mundo se reunieron para participar en el  “Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de mujeres que Luchan”  del 8 al 10 de marzo.


Antes de irme a dormir, di una vuelta por el lugar, el templete principal iluminado, los otros templetes y auditorios también, y el cielo con un chingo de estrellas. Bonito, tranquilo. En ese templete principal dos zapatistas muy muy jóvenes se tomaban selfies, me ofrecí a tomarles la foto para que salieran juntas y después les pedí permiso para tomarles una foto. Aceptaron y aquí se las muestro.

Después de un rato me fui a dormir, mientras la gente seguía llegando y llegando. En el Caracol ingresó gente hasta las 3 de la mañana. Creo que esa noche fue la más activa para las compañeras zapatistas, me atrevo a pensar que no durmieron, y con todo y eso, a las 6 de la mañana nos despertaron, ese 8 de marzo con las mañanitas revolucionarias. Incansables.

Las mujeres zapatistas le dan otro sentido al concepto de ejército.  Su disciplina, organización y compromiso en cada una de las tareas que realizan está envuelta en amabilidad y calidez en cada sonrisa y cada palabra que te ofrecen. Nunca las verás caminando solas, van en par, tres, cinco  o cientos de ellas, y si ves a una sola es porque solamente se adelantó unos pasos, el permanecer juntas va más allá de hacerse compañía, me queda claro que saben perfecto la importancia de estar unidas. En grupo caminan, cocinan, descansan, realizan su comercio, escuchan a las otras.  En grupo asistieron a las pláticas y talleres, no estuvieron ausentes de un solo evento que en el Caracol se realizó, ya fuera planeado o improvisado. Todo observaron, siempre tomando notas, registrando cada cosa en sus libretas o cámaras. Tienen su propia unidad de registro audiovisual “los tercos compas zapatistas” quienes captaron cada momento, porque como lo dicen “nosotras fuimos su espejo del mundo”, y ellas replicarían lo que les serviría para su lucha a sus distintas comunidades.

Ese ejercito de mujeres zapatistas combinaba la uniformidad del negro del  pasamontañas, el código  de pertenencia a las distintas comunidades con un moño de color prendido al pasamontañas y el colorido de los vestidos de algunas de ellas. No todas llevaban vestido, las más jóvenes preferían los pantalones de mezclillas con estoperoles, botas, sudaderas, porque el frío allá está cabrón

Las compañeras zapatistas le dan otro sentido a la simplicidad de la palabra, para ellas el lenguaje rebuscado no sirve, tienes que ser directa en lo que pides y con esa firmeza te lo dan, pero si no te das a entender no te ignoran, firmemente te contestan ¿qué? O permanecen calladas haciéndote la pregunta con la mirada para que vuelvas a preguntar.

Son un ejército fuerte, disciplinado, digno que puede aguantar horas bajo ese sol tremendo de Chiapas,   o amoroso y cálido cómo cuando se acercaron a una madre que perdió a su hija por el delito de feminicidio y en un acto íntimo, sin nadie más que observara, la abrazaron y le dijeron que le pidiera consuelo al padre sol y a la madre luna, la mujer que me contó esta anécdota lo hizo con lágrimas en los ojos.

El primer día me di cuenta que no podía mirarlas a los ojos, poco a poco fui quitándome esas telarañas y siempre que las saludaba recibía de ellas un “buenos días, tardes, noches, compañera” Sólo por estar ahí, pisar su tierra, respirar junto con ellas, compartir su espacio eras su compañera. Que orgullo por un momento pertenecer a ese ejército de mujeres que luchan, nos toca merecerlo.

 

 

Texto y fotos Nallely Bucio Vázquez

 

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