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¿Se ponchó Poncho?


By VEME - 12/8/20 9:27 AM




EL PRIVILEGIO DE OPINAR

Manuel Ajenjo

Sólo el presidente López Obrador y él saben por qué Alfonso Romo Garza dejó la Oficina de la Presidencia de la República. La versión oficial es que el empresario aceptó el puesto gubernamental únicamente por dos años y cumplido el plazo se va. A los simples ciudadanos, congregación de la que forma parte el que escribe lo que usted lee, nos está vedado saber si la versión es verídica o tan sólo es una pantalla, una cortina de humo para impedir que nos metamos –así piensa el gobierno– en lo que no nos importa.

Para los que estamos lejos de la cocina del poder donde se preparan suculentas mentiras con apariencia de verdad, saber ésta es imposible porque a la medida que avanza una discusión se aleja la verdad. Así es la política, al saberse investigada, la verdad se disfraza, de tal forma que nadie la reconoce.

Lo cierto es que Alfonso Romo, luego de ser señalado, hace algunos años, por el político tabasqueño como integrante de la Mafia del poder, se acercó a él y se convenció de las bondades de las ideas políticas del futuro presidente de la República. Como San Pablo, camino a Damasco, tuvo una revelación y  se convirtió al lopezobradorismo. Su encargo principal fue el convencer a los reacios empresarios mexicanos que el perro llamado AMLO –dicho con todo respeto en aras de un ejemplo fácil de entender– por más que ladrara no tenía la intención de morderlos.

Pero he aquí que poco a poco, conforme transcurrieron los dos años, la figura de Romo se fue desgastando. Desde un principio tuvo problemas con los más radicales e izquierdistas miembros del gabinete presidencial. Cuando Carlos Urzúa, el primer secretario de Hacienda que tuvo López Obrador, dimitió a su cargo puso en evidencia que el presidente tuviera entre su círculo cercano a un individuo conservador como Romo Garza, del que dijo era miembro del Opus Dei. También cuando el doctor en Ecología, Víctor Manuel Toledo, renunció a la titularidad de Semarnat, acusó a don Alfonso de bloquear temas ambientales y energías renovables; y de influir para que el secretario de Agricultura, Víctor Manuel Villalobos, impusiera proyectos mineros favorables a Germán Larrea (alias ‘Gru’, por su gran parecido con el protagonista de Mi Villano Favorito).

Desde hace algunos meses los inversores, directivos y empresarios, se percataron de que ninguno de los temas planteados a Poncho –como le dicen sus cuates– prosperaban. Por el contrario, el mismo presidente se encargaba de desautorizarlos en las mañaneras. La figura del que había prometido al sector empresarial que tendría injerencia en los grandes temas económicos, en poco tiempo se fue diluyendo. Al decir de miembros distinguidos de la iniciativa privada la verdadera salida de Romo Garza del gobierno de AMLO fue su hartazgo de las constantes confrontaciones  que tuvo con Andy López Beltrán, el hijo mayor del presidente, quien siempre se opuso a sus ideas y a su forma de manejar a los hombres y mujeres de negocios.

En lo particular pienso que el detonante del mutis de Alfonso Romo, pudo ser la difícil situación en la que está inmersa la discusión entre sector privado y gobierno por el outsourcing, tema en el que, al parecer, ninguna de las dos partes está dispuesta a ceder y que al sentirse en medio de ellas es probable que Poncho se haya afligido y aflojado. (¿Se ponchó Poncho?)

Pese a todo, según dijo el primer mandatario, su amigo Romo seguirá ayudándolo en el acercamiento del jefe del Ejecutivo con el sector privado y acompañándolo en algunas giras. De ser así, digo yo, para qué renunció. Mas aún, según se supo en boca del presidente, Romo no cobraba ningún sueldo. De ser así, digo yo, a qué renunció.

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