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Manuel ® Ajenjo - 08/20/19 8:14 AM




El Privilegio de Opinar

Manuel ® Ajenjo

El tema Rosario Robles y la Estafa Maestra en los últimos días ha sido tocado por las plumas más transcendentes del periodismo nacional. Por lo tanto, a este escribidor de letras minúsculas sólo le tocan las sobras de tan suculento platillo periodístico.

Podría yo hacer, como en otras ocasiones lo he hecho, con los residuos de las viandas informativas, un picadillo de comentarios tomados de aquí, de allá, de otros lugares. Pero han sido tan profusas las notas, las glosas, las acotaciones y los recordatorios, en su mayoría apelando a la mención del famoso apotegma: “No te preocupes Rosario”, dicho por quien hoy vive en el exclusivo desarrollo residencial “La Finca” en Madrid, España, que la ración noticiosa sobrante es magra.

Si acaso el saldo me sirve para con un poco de harina de mi propio costal y la mala leche de la casa hacer unas croquetas acerca de la mujer cuyo nombre nos recuerda las “cincuenta veces que es igual el ave que taladra el hilo” que dijera don Ramón López Velarde. También, aquí lo consigno, el hipocorístico de la denominación con la que fue bautizada la mujer que hoy sufre prisión preventiva es la forma familiar con la que en el gremio periodístico se conoce a la gratificación pecuniaria que –tal vez- ya pasó a la historia.

Como el lector habrá notado, cuando el redactor de lo que usted lee, tiene poco qué decir, tornase insoportablemente mamila del lenguaje. Así es que mejor voy a contar aquí, con la ayuda de Miriam Castillo, coautora con Nayeli Roldán y Manuel Ureste, del libro “La Estafa Maestra”, un aspecto que para algunos pasó inadvertido.

A 10 kilómetros de San Cristóbal de las Casas en el estado de Chiapas, el estado más marginado de México, se encuentra Zinacatán, una población con casas de adobe de dos piezas; la mayoría de ellas tienen dos cuartos, uno de ellos hace las veces de cocina con estufa de leña y en el otro duermen, en el piso, casi siempre, cinco personas. Ahí el 19 de abril del 2013, el gobierno de la República Mexicana, encabezado por Enrique Peña Nieto, lanzó su anunciada campaña: “La Cruzada Nacional Contra el Hambre”, mediante este programa el gobierno federal, a través de la Secretaría del Desarrollo Social (Sedesol) cuya titular era Rosario Robles Berlanga, eliminaría la desnutrición infantil aguda, minimizaría las pérdidas post-cosecha y se incrementaría la producción de alimentos para hacer un ciclo productivo que mejorara el trabajo y los ingresos de la población vulnerable en los 400 municipios más pobres del país.

Mientras la comitiva, encabezada por el presidente Peña Nieto, daba el banderazo inicial a tan loable Cruzada, un invitado extranjero platicaba con algunos pobladores del lugar donde 91% tiene un ingreso por debajo de dos salarios mínimos; les preguntaba sobre cuál era su alimentación. En su lenguaje tzotzil un indígena enumeró su dieta diaria: tortilla, arroz, jitomate en salsa y queso. El visitante se quedó sorprendido cuando la lista terminó después del cuarto alimento.

El extranjero visitante era el ex presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, que hoy al igual que Rosario Robles, aunque por motivos diferentes, está en la cárcel.

Rosario de Amozoc

En búsqueda de un enfoque original para mi columna recordé el concepto “del rosario de Amozoc” y me di a la tarea de indagar el origen de la expresión que nació durante la época virreinal y hace referencia a lo ocurrido en la parroquia de Santa María de la Asunción en Amozoc, localidad que pertenece al estado de Puebla. Como un breviario cultural se las ofrezco:

La comunidad de Amozoc de Mota era un lugar de plateros que cada año rendían culto a la Virgen del Rosario. Por un desacuerdo que tuvieron, los plateros se dividieron en dos grupos. Surgió una rivalidad: cada grupo trataba de hacer mejor las cosas que el otro en los festejos de la Virgen. El antagonismo se hizo tan fuerte que, para evitar males mayores, las autoridades decidieron que la celebración en años nones la organizara un grupo y en años pares el otro.

Uno de los grupos era liderado por una mujer apodada “la Culata”, quien era amante de un hombre muy belicoso. Comprenderán que la festividad servía de pretexto para que los asistentes consumieran pulque y mezcal hasta que el cuerpo los desobedeciera. En la fiesta, religiosa al fin, se rezaba el rosario. Durante la letanía que se pronunciaba en latín, el “Ora pronobis” dio paso a la parte que dice: “Matter Inmaculata”, el hombre belicoso, confundido por la ingesta de bebida en su cabeza escuchó: “Maten a la Culata” y, sin pensarlo, saltó para defender a su novia de aquellos que querían asesinarla. Al pleitista se le unieron sus compinches y atacaron al bando contrario el cual no estaba constituido por mancos. Muchos muertos, heridos  y rencores que no se olvidarían quedaron tras el enfrentamiento.

Desde entonces, se acostumbra decir cuando algo, por ejemplo una elección interna de un partido político, termina en bronca, que la cosa acabó como “El Rosario de Amozoc”.

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-Sí, pero ya nada es igual

By Manuel ® Ajenjo


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