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¿Por qué el populismo está arrasando en el mundo?

anitzeld

Actualizado: 15 nov 2024


A pesar de las diferencias entre las versiones de izquierda y derecha en cada región, todos estos movimientos populistas comparten algunas características comunes: se presentan como la voz del "pueblo" frente a unas élites que consideran corruptas o desconectadas.





El populismo es una fuerza en expansión en todo el mundo, logrando tanto simpatizantes masivos como fuertes críticos. Su éxito responde a una serie de factores económicos, sociales y culturales que empujan a la gente hacia estos líderes y movimientos, los cuales se presentan como una solución para sus problemas más urgentes.

Primero, una de las claves del auge del populismo es la desconfianza en las instituciones tradicionales. En muchos países, la gente ya no siente que los gobiernos, partidos políticos o incluso las organizaciones internacionales representen sus intereses. En lugar de ver a estos órganos como protectores del bienestar público, se les percibe como estructuras controladas por élites alejadas de las necesidades del pueblo. Esto alimenta el deseo de líderes que se comuniquen "directamente" y prometan acabar con los abusos del poder establecido.


Otro factor crucial es la desigualdad y el descontento económico. En los últimos años, la globalización y las políticas neoliberales han favorecido a ciertos sectores, dejando a muchos trabajadores con salarios estancados y menos oportunidades de empleo estable. Ante este escenario, el populismo se ofrece como una alternativa que promete cambios rápidos, aunque a veces con soluciones simplistas, a los problemas que enfrenta la clase trabajadora.


La identidad cultural y nacional también juega un papel importante en el auge del populismo. Con el crecimiento de la migración y el multiculturalismo, hay sectores de la sociedad que perciben estos cambios como una amenaza a su identidad o cultura. Los líderes populistas han sabido capitalizar estos temores, con discursos que apelan al orgullo nacional y políticas de exclusión, especialmente en movimientos de derecha que buscan limitar la inmigración y preservar "lo de aquí".


Las redes sociales también han sido una herramienta clave para el crecimiento del populismo, pues permiten a estos líderes llegar a sus seguidores de manera directa, sin pasar por los medios tradicionales. Las plataformas digitales, con su capacidad de viralizar contenido polarizador y emocional, han hecho que los mensajes populistas lleguen más lejos y más rápido, simplificando y distorsionando problemas complejos en el proceso.

Este fenómeno ha traído consigo una polarización social y política cada vez mayor. El populismo divide a las personas entre "el pueblo" y "las élites corruptas", lo que genera un ambiente de conflicto constante. Esto convierte a la política en un campo de batalla de extremos, donde es difícil encontrar un punto intermedio, lo que obstaculiza la capacidad de la sociedad para resolver sus problemas a largo plazo.


Además, el populismo gana apoyo prometiendo soluciones rápidas a problemas complejos. Para quienes están frustrados con el ritmo lento de las políticas tradicionales, estas promesas pueden resultar atractivas, aunque no siempre viables. Los líderes populistas ofrecen una visión clara, donde los problemas tienen responsables definidos y las soluciones parecen al alcance, lo que les ayuda a captar el apoyo popular.




¿Populismo de Izquierda o de derecha?


El populismo puede ser tanto de izquierda como de derecha, y cada versión tiene su estilo y enfoque dependiendo de los temas que prioriza, los grupos a los que apela y las soluciones que promete. Sin embargo, ambos comparten algo clave: se oponen a las élites, buscan movilizar al "pueblo" y usan un lenguaje que conecta emocionalmente. Aun así, los objetivos y estrategias del populismo de izquierda y de derecha son diferentes.


El populismo de izquierda, por ejemplo, se enfoca en la justicia social y económica. Se presenta como el defensor de los más desfavorecidos, busca reducir la desigualdad y es crítico del poder de las grandes empresas, bancos y políticas neoliberales. Este populismo acusa a estas élites económicas de aprovecharse de los trabajadores y de mantener la riqueza concentrada en unos pocos. Los líderes de izquierda suelen impulsar políticas de redistribución y buscan mejorar el acceso a servicios como la educación y la salud, a veces incluso nacionalizando industrias o recursos naturales. El mensaje que transmiten es que los ricos están robando el futuro de todos y que es necesario devolver el poder y los recursos al pueblo.


Por otro lado, el populismo de derecha está más enfocado en la identidad nacional y cultural, y suele abordar temas como la inmigración desde una postura más restrictiva. Aquí, la narrativa es que las élites políticas y culturales están desconectadas de los valores de "la gente común". Se apela a un nacionalismo que busca proteger los empleos locales y los valores tradicionales, criticando las políticas progresistas que, según ellos, amenazan la identidad nacional. En este caso, el discurso enfatiza que las élites globalistas han abandonado al país y que es hora de retomar el control para defender los intereses y valores de los ciudadanos.





Populismo en Europa y América


En América Latina, el populismo de izquierda tiene una larga tradición. Ha surgido principalmente como una reacción a las desigualdades económicas y a los problemas estructurales de la región. Ejemplos clásicos son figuras como Juan Domingo Perón en Argentina, que en el siglo XX introdujo una política de redistribución y protección de los trabajadores.


En la última década, líderes como Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia y, más recientemente, Andrés Manuel López Obrador en México o Gustavo Petro en Colombia han continuado con esta línea, criticando las élites económicas y promoviendo políticas de redistribución de recursos y apoyo a las clases trabajadoras. La promesa de estos movimientos es ofrecer una vida mejor para quienes se sienten excluidos del sistema económico, a menudo a través de la nacionalización de industrias o el aumento de servicios públicos. En general, el populismo de izquierda en América Latina se enfoca en reducir la pobreza, enfrentar la desigualdad y recuperar recursos nacionales que consideran mal distribuidos o explotados por intereses extranjeros.


Por otro lado, el populismo de derecha en América Latina no es tan común, pero ha ganado terreno en los últimos años. Jair Bolsonaro en Brasil es un claro ejemplo de esto. Su discurso se centra en la seguridad, la identidad nacional y un rechazo a las políticas progresistas. Critica las instituciones políticas y los movimientos sociales de izquierda, y ha movilizado el apoyo de quienes creen que el país necesita un enfoque más autoritario y nacionalista para frenar el crimen y la corrupción.


Hoy el populismo de Donald Trump que en el 2016 tomó por asalto al Partido Republicano primero y la Presidencia de los Estados Unidos de América después; regresa. Exaltando su discurso nacionalista, disciplinario-mercantilista y xenofóbico ha sido central en su subversión del status quo.

En Europa, el populismo ha tomado distintas formas y está presente tanto en la izquierda como en la derecha, aunque los problemas a los que responde son diferentes. El populismo de izquierda en Europa ha crecido, en gran medida, en respuesta a la austeridad económica y a las políticas de recortes en los servicios públicos. Movimientos como Syriza en Grecia o Podemos en España han cuestionado las políticas de la Unión Europea y han pedido un cambio en el modelo económico, criticando las instituciones financieras por ignorar las necesidades de las clases trabajadoras y de las personas afectadas por la crisis económica.


Por otro lado, el populismo de derecha en Europa ha sido impulsado en gran medida por temas de identidad, inmigración y el miedo a perder la soberanía nacional en favor de la Unión Europea. Políticos como Viktor Orbán en Hungría y Marine Le Pen en Francia son ejemplos claros de este populismo de derecha. Sus discursos tienden a ser nacionalistas y, a menudo, antiinmigrantes, apelando a una visión de "Europa para los europeos" y criticando lo que consideran una amenaza cultural o religiosa, especialmente con el aumento de la inmigración en la última década. Estos líderes suelen oponerse a la Unión Europea, afirmando que impone políticas que no representan los intereses de sus países.


Anitzel Díaz


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