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Polarización política y violencia criminal


By VEME - 09/23/20 10:01 AM




SIGNOS VITALES

Alberto Aguirre

La imagen de la portada de Votos, drogas y violencia es un coche incendiado en el primer cuadro de Ciudad Juárez, Chihuahua. Aquella urbe fronteriza había sufrido por los feminicidios y también por los fraudes electorales, en el último tramo del siglo pasado. Los estallidos violentos y el imperio de los grupos criminales habían sido dos de los efectos perniciosos de la globalización y el libre comercio… ¿y de la polarización política?

Los académicos Guillermo Trejo y Sandra Ley Gutiérrez, del CIDE, observaron que una década después de la alternancia en el poder, materializada con el triunfo del abanderado panista, Vicente Fox Quesada, en las presidenciales del año 2000, México experimentaba niveles de violencia significativamente más altos de los observados en países con guerras civiles.

La transición de un régimen autoritario a una democracia, en el 2010, había ensangrentado al país particularmente durante el mandato del panista Felipe Calderón Hinojosa. El michoacanazo dio paso a la expansión de la presencia de las Fuerzas Federales para combatir a las bandas criminales.

Tras de la intervención federal en la guerra contra las drogas en el 2007, la visión dominante sostiene que la violencia del narcotráfico se intensificó en regiones del país donde el presidente Calderón no pudo coordinar las acciones del gobierno federal con las autoridades locales de oposición, pero fue significativamente menor en zonas donde se coordinó con sus correligionarios.

Trejo y Ley Gutiérrez han dedicado una década de investigación académica para desmontar esa narrativa y sostienen que en contextos de aguda polarización política –como el que probó en México a mediados de la decada de los ochentas, en el siglo pasado–, el conflicto partidista puede motivar al gobierno federal en turno a desarrollar intervenciones militares y policiales cooperativas en regiones gobernadas por sus enemigos políticos, para después culparlos de la violencia criminal.

La guerra contra el narcotráfico fue una política de Estado. Y desde entonces hay una larga literatura –basada en estudios criminológicos, sociológicos y económicos– que buscan explicar la violencia extendida por todo el país, con las terribles secuelas de levantones, desapariciones y ataques contra medios informativos que desde entonces forman parte de la triste realidad mexicana.

Trejo y Ley Gutiérrez observaron que la violencia criminal estaría íntimamente conectada con los políticos y las dinámicas de la transición a la democracia electoral. En el sustento de su modelo teórico sobre la política de la violencia criminal, Trejo recomendó regresar a lo básico, redefinir la terminología y reconocer que existe una “zona gris” de criminalidad donde se intersectan los actores políticos y los poderes fácticos.

Los agentes del Estado no siempre buscan el imperio de la ley y con frecuencia toleran la violencia. Allí están las redes informales de protección gubernamental para los grupos del crimen organizado donde policías, militares y agentes de inteligencia corruptos, coludidos con organizaciones criminales.

El conflicto partidista y la alternancia del poder, de acuerdo a los académicos, tienen una relación casuística en el incremento de la violencia criminal en México. La revisión de las estadísticas oficiales de los últimos tres sexenios –incluida la administración lopezobradorista– corrobora que sin importar el sello partidista o la ideología política dominante, los sucesivos gobiernos gederales han utilizado estrategias diferenciadas ante la violencia del narcotráfico.

La coordinación entre órdenes de gobierno fue un argumento dominante. Y tuvo a la unificación de los mandos policiacos como su principal bandera… hasta la instauración de la Guardia Nacional. En la revisión de estos lustros sangrientos, los investigadores sugieren una explicación alternativa: más que la descoordinación entre las autoridades, el conflicto partidista intergubernamental explicaría la variación geográfica en los niveles de violencia entre cárteles.

Las implicaciones de esta explicación alternativa son nefastas, en un contexto de alta polarización política como el que actualmente se presenta en el país. Y alertarían sobre el riesgo de una regresión ominosa si las afiliaciones partidistas, más que criterios de eficiencia, se convirtieran nuevamente en un factor esencial para confrontar la escalada de violencia criminal.

Votos, drogas y violencia es el título del libro de los académicos mexicanos que hace una semana fue presentado en un evento bicultural auspiciado por el Instituto Kellogg de Estudios Internacionales de la Universidad de Notre Dame, y el CIDE; ambas instituciones fueron fundamentales en la investigación y el desarrollo del trabajo de Trejo y Ley Gutiérrez dentro del Seminario Política y Gobierno. Este mediodía será el lanzamiento en español, con los comentarios de Beatriz Magaloni y Eduardo Guerrero.

Efectos secundarios

ULTIMÁTUM. La mayoría morenista en el Congreso del Estado de México designó a Victorino Barrios Dávalos como contralor interno de la UAEM y el rector de esa casa de estudios, Alfredo Barrera, tramitó un amparo y declaró que no permitirá que la autonomía universitaria sufra menoscabos por lo que el presidente de la Junta de Coordinación Política, Maurilio Hernández, advirtió que si este jueves 24 no se da posesión al nuevo funcionario, el Poder Legislativo acudirá a la Fiscalía General a denunciar al rector, por desacato.

ORÍGENES. La polarización dentro de Morena es un efecto directo de la tribalización del lopezobradorismo… y de las mezquindades a las que aludió ayer 22 de septiembre, el canciller Marcelo Ebrard en la mañanera de Palacio Nacional. En el Palacio Legislativo saben esas historias y refieren un capítulo central: la remoción de Porfirio Muñoz Ledo como presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados, concedida por Mario Delgado. El legislador y veterano de mil batallas pudo haber regresado al cargo apenas hace cuatro semanas, cuando el PT intentó desplazar al PRI de esa estratégica posición, pero en ambas intentonas, Muñoz Ledo enfrentó el veto del pupilo más destacado del marcelismo.

@aguirre_alberto