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Paz entre Rusia y Japón


By VEME - 09/17/18 1:39 PM




BUZOS EN LA DIPLOMACIA | Víctor Kerber

Paz entre Rusia y Japón

La segunda Guerra Mundial en el frente del Pacífico terminó oficialmente el día 8 de septiembre de 1951, cuando se firmó en la ciudad de San Francisco, California, el “Tratado de paz de San Francisco”.

Ese día, los representantes de 48 naciones aliadas hicieron fila para plasmar sus firmas en dicho tratado. Por parte de México lo hizo el Embajador Luis Padilla Nervo; México fue el segundo país que ratificó el tratado de San Francisco.

El tratado había sido redactado por el entonces Secretario de Estado de los EUA, John Foster Dulles. Una vez concluida la ceremonia, el señor Dulles condujo al Primer Ministro Shigeru Yoshida a un recinto contiguo donde Japón y los EUA concluyeron un acuerdo de alianza estratégica; la defensa de Japón quedó así prácticamente supeditada a los Estados Unidos.

Conviene recordar que la guerra fría estaba ya en su pleno apogeo. Los EUA y la URSS se enfrentaban de hecho en el península Coreana, donde se libraba una guerra convencional entre  Corea del Norte y Corea del Sur.

Los servicios de inteligencia soviéticos habían detectado con anticipación que entre Dulles y Yoshida se confeccionaba una alianza militar; por eso el líder soviético Josef Stalin ordenó a su representante en San Francisco que no firmara el tratado de paz de San Francisco.

La URSS fue, por consiguiente, el único país que no firmó la paz con Japón después de la segunda Guerra Mundial.

Terminó la guerra fría. Se desmanteló la URSS, y casi todos los protagonistas de aquel tiempo han desaparecido, a casi 70 años de aquel acontecimiento, técnicamente hablando, la Federación de Rusia y el imperio de Japón “Siguen en pie de guerra”, puesto que nunca se ha firmado un tratado de paz entre ambos. ¿Puede usted creer eso?

La razón de fondo para que los dos países sigan en guerra es que Japón exige como precondición que Moscú acepte devolver la soberanía de cuatro islas localizadas al norte de la Isla Hokkaido a la nación de Akihito.

La Islas Kuriles, fueron ocupadas por los rusos soviéticos al término de la Segunda Guerra, y desde entonces, sistemáticamente se han rehusado a devolverlas, arguyendo que para Rusia tienen valor estratégico esas islas, sobretodo mientras Japón y los EUA insistan en refrendar su pacto como países aliados.

Como parte de la alianza Nipo-estadounidense, he de decirle que los norteamericanos mantienen en territorio japonés sendas bases militares y navales que atentan contra la seguridad de Rusia, y los sucesivos Gobiernos japoneses reiteradamente han querido que esas bases se mantengan a fin de que garanticen la seguridad regional.

La situación, en suma, es compleja.

Sucede, sin embargo, que la semana pasada el Presidente ruso Vladymir Putin realizó un movimiento substancial e inesperado, al proponerle al Primer Ministro japonés, Shinzo Abe, que procedieran ambos a concluir un tratado de paz bilateral para dar por terminada de una vez por todas con la anormalidad que se vive.

El “timinig” en este caso es lo más interesante, puesto que Shinzo abe está preparando su reelección para un tercer mandato al frente del Gobierno japonés. Si Abe rechaza la propuesta, el electorado podría tomarlo como una señal de que el Premier favorece el belicismo.

Un amplio sector de la opinión pública japonesa está a favor de la paz; realmente ven como una chocantería la insistencia de seguir condicionando la firma de un tratado de paz a la devolución de las Islas Kuriles. Más aún, en caso de que Putin y Abe firmaran la paz, se convertirían ambos en postulantes a reconocimientos como el Premio Nobel de la paz.

Otro sector del electorado japonés, sin embargo, piensa que el prestigio de Abe se puede venir a pique si la paz entre Rusia y Japón se interpreta como una capitulación, lo cual sería deshonroso para la nación.

Cualquiera que sea la decisión final de Shinzo Abe, lo cierto es que su Gobierno está frente a una encrucijada muy seria: la paz con Rusia pudiera convertirse en el símbolo de una era que llega a su fin, además de que podría generar otros dividendos de índole político y económica.

Ya veremos que se decide.

Víctor Kerber



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