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#Opinión El vacío absoluto que marcó el debate presidencial


By VEME - 04/24/18 8:10 AM




Me voy a remontar unos cuantos añitos hacia el pasado, buscando explicar el vacío absoluto que marcó el debate presidencial de anoche, en el cual —incluso más que los ataques, las mentiras, las brabvuconadas, las ocurrencias o las ridiculeces— la constante fue la falta absoluta de explicaciones.

Los dioses griegos, para cada nuevo suceso, igual que para cada acción hasta entonces inédita, creaban un nuevo dios, cuyo nacimiento e historia de vida explicaba lo desconocido. Los dioses romanos (que se limitaron a reproducirlo y a institucionalizaron todo), en cambio, en algún punto dejaron de sumar deidades a su olimpo, conformándose con asignarse, entre los dioses preexistentes, las responsabilidades que fueran surgiendo o, esta es la clave, resolviendo los asuntos inéditos con una explicación hasta entonces impensada: “eso es así… porque sí”.


A partir de entonces —situación que el dios judío, el católico y el del islam comprendieron a cabalidad y sobreexplotaron a perpetuidad— la divinidad se volvió despótica, implacable y, por supuesto, inexpresiva: muda de formas aunque no de fines. 


Esto, evidentemente, se reproduce en el mundo secular hasta el hartazgo. Y es así que los políticos —las excepciones no llegan ni a media docena—, sin importar su signo, su tiempo o su disfraz, son también despóticos, implacables e inexpresivos.


Fotocopias —previas, presentes o futuras— de los candidatos que ayer intercambiaron designios, ocurrencias o falsas certezas. Y quienes lo único que dejaron en claro es que no han sido ni son ni serán capaces nunca de proyectar o hacer valer una explicación, porque éstas, las explicaciones, no existen más en su olimpo.


Quizá sea hora de volver unos cuantos miles de años, repensarlo todo y empezar de nuevo a explicarnos cada cosa que sucede. Tal y como hacían los dioses griegos. O los dioses mayas. Y es que por más sangrientas o míticas o irracionales que fueran sus explicaciones, éstas no eran un dañino, vicioso, cansado y dictatorial: “porque sí”.

Emiliano Monge




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