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Mi guerra interna; reflejo de la violencia en el mundo


By VEME - 07/30/19 12:10 PM




Valía hace un año, todavía vale.

Inés López de Arriaga escribía hace un año: “Yo, desde ayer decidí trabajar en mi guerra interna, que es un reflejo de la violencia en el mundo. Si queremos paz, trabajemos nuestras propias guerras. La violencia genera violencia, hasta cuando lo vamos a entender? No aceptar nuestra oscuridad nos aparta de una luz verdadera.” Creo que esto puede ser un punto de partida para empezar a construir la paz, no sólo en Palestina, sino también en nuestro México, en Europa, en cada país que se dice del primer mundo y no logra mínimamente solucionar sus conflicto, dar una respuesta a sus nuevos pobres, siempre más numerosos, siempre más demandantes; como diría mi amigo Leonardo Montecchi, si quieres cambiar al mundo tienes que ser capaz de cambiarte a ti mismo. Tienes que quererlo con toda tu voluntad.
Este cambio, necesario frente a la cultura de la guerra que pinta cada momento de nuestra vida cotidiana, parte justo de la escucha del Otro. 
El Otro: el antagonista, el adversario, el enemigo. ¿Qué significa escucharlo? Supongo (porque no es ni fácil ni obvio), supongo que significa abrirse a sus palabras, sentir lo que el siente, comprender sus necesidades. La palabra “clave” al principio suena rara, parece casi un error de vocabulario, un malentendido lingüístico: la palabra es COMPASIÓN. Sí, han leído bien: hay que tener compasión del Otro y con el Otro; hay que sentir junto al Otro, y no es lo mismo sentir junto al Otro que sentir lo que el Otro siente. Cada uno de nosotros, cada una de nosotras, somos seres únicos e irrepetibles; pretender de sentir lo que el Otro siente, quizás es impresa imposible; decir que lo logramos, un acto de soberbia imperdonable que abre la puerta al prejuicio y a los lugares comunes. Siempre habrá alguien que tratará de convencernos de lo que los demás piensan y sienten, como si fuera suficiente un intermediario para saberlo. Para sentirlo.
Por otro lado, sentir junto al Otro significa compartir con el Otro la experiencia del sentir: es el caso de Aquiles con Priamo, es el de Dante con Paolo y Francesca, es el caso de la experiencia alucinante compartida por los franceses, los alemanes, los italianos, los austriacos, los británicos y todos los demás de un lado y del otro de la línea de combate, en la Primera Guerra Mundial: trincheras diferentes, un solo frente. En el momento que dos seres humanos logran sentir juntos, ese instante mágico tiene un nombre extraordinario: se llama PAZ. No existe Paz sin Compasión y la Compasión es el sinónimo más completo y exhaustivo de la palabra AMOR. ¿Será ésta la Luz de que habla Inés? Me asusta el tamaño del reto, pero – francamente – lo espero.

Paolo Pagliai



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