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Macuilxochitzin – mujeres de México


By VEME - 06/21/18 11:45 AM





La princesa Macuilxochitzin/Macuilxóchitl nació en México Tenochtitlan en el año 1435 en el siglo XV. Hija de un consejero de los reyes aztecas llamado Cihuacoatl Tlacaélel. Recibió buena educación, y conoció el arte del bordado y telar. Tuvo doce hermanos de madre diferente.

La mayoría de sus composiciones fueron orientadas a las batallas y enfrentamientos que mantuvo su padre, en plena expansión de los aztecas en Mesoamérica.

 

Este poema que se le atribuye, relata la participación de mujeres otomíes, cuyo original se encuentra en la colección de la Biblioteca Nacional de México.

 

Canto de Macuilxochitzin

Elevo mis cantos,

Yo, Macuilxóchitl,

con ellos alegro al “Dador de la Vida”,

¡comience la danza!

¿Adónde de algún modo se existe,

a la casa de Él

se llevan los cantos?

¿O sólo aquí

están vuestras flores?,

¡comience la danza!

El matlatzinca

es tu merecimiento de gentes, señor Itzcóatl:

¡Axayacatzin, tú conquistaste

la ciudad de Tlacotépec!

Allá fueron a hacer giros tus flores,

tus mariposas.

Con ésto has causado alegría.

El matlatzinca

está en Toluca, en Tlacotépec.

Lentamente hace ofrenda

de flores y plumas

al “Dador de la Vida”.

Pone los escudos de las águilas

en los brazos de los hombres,

allá donde arde la guerra,

en el interior de la llanura.

Como nuestros cantos,

como nuestras flores,

así, tú, el guerrero de cabeza rapada,

das alegría al “Dador de la Vida”.

Las flores del águila

quedan en tus manos,

señor Axayácatl.

Con flores divinas,

con flores de guerra

queda cubierto,

con ellas se embriaga

el que está a nuestro lado.

Sobre nosotros se abren

las flores de guerra,

en Ehcatépec, en México,

con ellas se embriaga el que está a nuestro lado.

Se han mostrado atrevidos

los príncipes,

los de Acolhuacan,

vosotros los tecpanecas.

Por todas partes Axayácatl

hizo conquistas,

en Matlatzinco, en Malinalco,

en Ocuillan, en Tequaloya, en Xocotitlan.

Por aquí vino a salir.

Allá en Xiquipilco a Axayácatl

lo hirió en la pierna un otomí,

su nombre era Tlílatl.

Se fue éste a buscar a sus mujeres,

Les dijo:

“Preparadle un braguero, una capa,

se los daréis, vosotras que sois valientes.”

Axayácatl exclamó:

“¡Que venga el otomí

que me ha herido en la pierna!”

El otomí tuvo miedo,

dijo:

“¡En verdad me matarán!”

Trajo entonces un grueso madero

y la piel de un venado,

con ésto hizo reverencia a Axayácatl.

Estaba lleno de miedo el otomí.

Pero entonces sus mujeres

por él hicieron súplica a Axayácatl.