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Lo último sobre la nueva infección denominada COVID-19. Diagnóstico e inmunidad.


By VEME - 06/29/20 10:13 AM




A raíz de numerosas llamadas y mensajes de inquietud respecto de los síntomas, las pruebas disponibles y una posible reinfección por COVID-19, les incluyo a continuación una serie de datos recogidos mediante la experiencia con esta pandemia. Mi propósito es que conozcan mejor el riesgo y sepan cuándo y cómo hacerse una prueba diagnóstica o de anticuerpos, a fin de evitar errores, exposición innecesaria o falsos negativos. El escenario clínico es así: 

  1. Periodo presintomático – Desde el momento del inóculo (es decir, el contagio con una persona infectada) hasta el día cinco o seis después de entrar en contacto directo con el virus. Aquí ninguna prueba sirve porque: a) el SARS-CoV-2 se está anclando en el tracto respiratorio y digestivo (aún no se replica de forma activa), y b) porque claramente el organismo no ha formado anticuerpos aún contra dicho virus, que está apenas adentrándose en nuestras mucosas. 
  2. Periodo de infección activa – Como sabemos esto dura aproximadamente desde el día 6 después de tener contacto con el coronavirus y hasta el día 20 (en personas con síntomas leves) o hasta el día 30 en quienes desarrollan síntomas más severos. Es durante esta etapa que el virus se replica activamente y la persona enferma contagia a todos en su derredor. Por ello, la prueba de RT-PCR (reacción de polimerasa en cadena en tiempo real) suele ser positiva en este lapso. En cambio, por razones inmunológicas, los anticuerpos de clase IgM aparecerán apenas al final de este periodo y los de clase IgG todavía se estarán formando y no son detectables; así que de nada sirve buscarlos en sangre y menos en saliva. 
  3. Fase crítica – Puede ocurrir durante la segunda o tercera semana después del contagio, especialmente en mayores de 55 años. Si el paciente infectado tiene además diabetes, obesidad, inmunosupresión grave o daño cardiopulmonar, esta infección se torna más agresiva y puede provocar una “tormenta de citocinas”, acompañada de daño microvascular con trombosis peri-alveolar, sofocar al enfermo y causar la muerte. Es aquí donde todos los recursos terapéuticos se deben poner en marcha para salvar esa vida. Las pruebas diagnósticas pasan a segundo plano; lo que urge es actuar.
  4. Periodo de resolución – El paciente se mejora con o sin acudir al hospital y deja de expulsar virus en grandes cantidades. Habitualmente, esto ocurre UN MES después de haber tenido el primer contacto con SARS-CoV-2. Por lo tanto, las pruebas diagnósticas por RT-PCR pueden o no salir positivas, pero el individuo ya no contagia intensamente (a menos que se establezca un contacto estrecho – besos en la boca, compartir cubiertos, o manipular su materia fecal). Aquí vale la pena hacer ambas pruebas si se quiere saber si una persona está inmunizada y puede salir a la calle o a visitar familiares con más riesgo. Es decir, si la prueba diagnóstica (RT-PCR) ya es negativa y existen anticuerpos IgG francamente positivos, la persona está curada y ya no infecta; sobretodo si sus anticuerpos IgM son negativos. Por supuesto, hay variantes a esta presentación, a saber: a) RT-PCR + IgM + e IgG + = infección no resuelta y posible contagio. b) RT-PCR negativa, IgM + e IgG negativa = la infección ya se resolvió pero todavía no hay una inmunidad sólida y el paciente puede “reinfectarse”, aunque ya no contagia.

Recuerden que muchas vacunas (DPT, contra polio, hepatitis o VPH, por ejemplo) requieren tres o más dosis para generar una inmunidad activa y duradera. Con las infecciones virales de nuevo (como SARS-CoV-2) suele pasar algo similar. Si me infecté, pero no desarrollé síntomas o acaso tuve una “gripita” leve, lo más probable es que no haya formado anticuerpos suficientes y esté en riesgo de infectarme otra vez si me expongo a alguien sintomático. No estoy suficientemente inmunizado!! 

En contraste, si tuve fiebre, bastante tos y una prueba de RT-PCR positiva, lo más seguro es que al cabo de cuatro a seis semanas pueda detectar anticuerpos de memoria (IgG) en mi sangre y que éstos duren por lo menos seis meses para protegerme de una recaída. Pero si me vacuno (cuando esté disponible una vacuna específica), reforzaré mi sistema inmune, produciré muchos más anticuerpos IgG neutralizantes y entonces sí, estaré definitivamente protegido. 

De modo que siguiendo estas sencillas pautas, háganse la idea de que este COVID-19 llegó para quedarse y que, mientras no tengamos una vacuna eficiente (hecha con fragmentos infectantes o mejor aún, con virus vivos atenuados), la gran mayoría estamos expuestos y en riesgo de recaer. Solamente aquellos que tuvieron una infección intensa y se recuperaron, contarán con anticuerpos capaces de neutralizar al virus hasta el inicio de 2021. Más allá, es poco probable. 

Espero que estos lineamientos resulten útiles y no duden en preguntarme por mi blog, Facebook o Twitter si necesitan información actualizada y con sustento científico.

A continuación les incluyo el único estudio hasta ahora que ha comparado pacientes asintomáticos y aquellos con síntomas serios para discernir qué tan sólida es la inmunidad resultante. Son muy pocos enfermos (37 en cada brazo), pero fueron estudiados a fondo y dan bastante luz del escenario que les describí arriba. Otros ensayos más amplios y con un seguimiento más prolongado, nos ayudarán a definir el futuro de esta nueva infección y cómo hacerle frente con más eficiencia. Pueden consultarlo en extenso en el siguiente vínculo. https://www.nature.com/articles/s41591-020-0965-6

Alberto A. Palacios Boix
Immunology & Rheumatology
Hospital Ángeles Pedregal
[email protected]



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