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Las enseñanzas de Don Lupe y sus hongos sanadores


By VEME - 08/18/20 10:33 AM




Lesly, una amiga sanadora, me contó que la había llamado Don Lupe, un curandero de la sierra de Oaxaca que trabajaba con honguitos. Sentía que iba a morirse pronto y quería dejarle sus conocimientos. La acompañé. En la recamara estábamos Lesly y yo. Al iniciar la ceremonia entraron Hector y Anahí, dos jóvenes del pueblo con sus 2 hijos. Venían a despedirse con el hongo porque Héctor migraba a Estados Unidos a trabajar en el campo. También llegaron Margarita con su madre. Ya iniciada la ceremonia después de comer, Don Lupe me miró con cara de serpiente y cuerpo de águila y dijo: me dijeron los niños (honguitos) que puedes tomar fotos. Esto es lo que Lesly me contó.

Lo que más me sorprendió de las enseñanzas de Don Lupe fue su trato ceremonial tan respetuoso con los hongos. En las enseñanzas que yo estuve despertando con él me hablaron mucho los niños santos y los maestros. Entonces descubrí en el trabajo con Lupe este poder de curación a través de la oración. Me contactó con el trabajo que a mí me enseñaron desde muy niña: el trabajo del rezo, de la plegaria, y que ahora voy descubriendo poquito a poquito. Es un trabajo con seres de otras dimensiones y de atemporalidades, seres superiores a esta dimensión. Y también comprendí algo muy importante que me ha servido mucho a la hora de dar medicinas, otras medicinas.  

Entendí el poder del altar. El hecho de que tío Lupe me enseñara cómo se maneja un altar, qué significan las velas, qué es una velación, por qué se trabajan de noche, qué plantas necesitamos tener presentes para poder transmutar ciertas oscuridades, como la Santa María. El poder del copal, del sahumador, del abuelo fuego. Eso me regresó a los orígenes de las enseñanzas de las plantas maestras, que es regresar también al amor de los cuatro elementos y a darles el lugar que ellos merecen en el altar

El hongo lo que tiene de diferente con otras plantas es que sus componentes activos son muy similares a como crece en la tierra. El hongo tiene dentro de sí mismo esporas, y en esas esporas tienen como semillas que se llaman micelios. Y el micelio es el que hace la conexión como una red inalámbrica, una red como si fuera el internet, una red invisible alrededor de todo lo que está abajo de la tierra, de todo lo subterráneo. Conecta a las hierbas, a todos los árboles, a muchas plantas, a los helechos. Todo lo que ellos no pueden digerir, el micelio se encarga de hacer una digestión a través de esa red. Todo lo que no pueden digerir estos árboles, estos arbustos, estas plantas, se ayudan a través del micelio para poder digerirlo y que llegue esa nutrición a su centro y raíz. A cambio, las plantas y los árboles intercambian nutrición con los hongos. Entonces, esta red de micelio es como nuestro cerebro y funciona exactamente igual.  

Los hongos o niños santos nos proveen de esa nutrición que necesitan nuestras conexiones neuronales y que se han encontrado por mucho tiempo desconectadas por muchos sentimientos como la culpa, como el sentimiento de miedo, de castigo. Entonces los niños santos nos explican paso a pasito lo que significa la culpa, y lo que significa que todos esos neurotransmisores no estén conectados. 

Y entonces estos niños tan poderosos, estos maestros tan maravillosos lo que hacen es volver a conectar nuestra red a través de este micelio invisible. Y esto es por sus componentes activos, lo que nos permite dejar de sentir depresión, dejar de sentirnos culpables, repetir como esos loops en los que nos encontramos muchas veces y de los que no podemos salir. Lo que nos hacen los niños santos es reconectar por otros caminos, y en lugar de repetir el mismo camino que me llevan a recurrir a las mismas soluciones de angustia, de ansiedad, de miedo, de depresión y tristeza profunda, nos enseñan nuevos caminos. Nos abren nuevos caminos de neurotransmisores y de neuronas, de células.

Eso es lo más importante que hacen con la salud estos bellísimos y hermosos abuelos: conectan lo que estaba desconectado y sobre todo nos ayudan a conectar el cerebro frontal, el cerebro de las decisiones, a diferencia de otras plantas que trabajan más con el subconsciente. 

Por ejemplo, yo tengo el honor de servir medicina de ayahuasca y servir medicina de teonanácatl y puedo observar que la medicina de la ayahuasca, por sus componentes activos, nos lleva es a hacer un viaje hacia nuestro subconsciente, a nuestro cerebro reptiliano, y vamos teniendo una sanación muy profunda pero es más a largo plazo. Por eso sentimos los efectos de una ceremonia de abuelita durante muchísimos años, y a veces nos llega el mensaje de una ceremonia de hace muchos años tiempo después.  

Lo que pasa con los honguitos es que es más instantáneo porque trabaja en el cerebro frontal, no en el reptiliano, no en el cerebelo. Los dos son maravillosos, los dos son distintos, pero al mismo tiempo tienen una similitud porque trabajan en el cerebro y al trabajar en el cerebro repercute en todos nuestros órganos. Para mí los honguitos van más hacia los intestinos porque están trabajando directamente con el cerebro y también trabajan en el corazón, y para mí la ayahuasca trabaja en un nivel mucho más, mucho más grande, como más constelar, porque trabaja en los órganos míos pero también de todo mi linaje, de toda mi familia masculina y femenina. Entonces por eso es la abuela, porque va a generaciones, a mi generación, a la de atrás y a posteriores. Y los honguitos van a mi presente, a mi vida de ahora, muy arraigados aquí y ahora.  

La similitud es que los hongos, la liana de ayahuasca, el peyote, el cacao, la semilla de cacao son nuestros abuelos, nuestros ancestros. Ellos nos regresan a valorar y a recordar cómo funciona la naturaleza, cómo funciona la madre tierra, cómo funciona el cosmos. 

Y al poder entender como es el crecimiento de un árbol, de una planta, de un hongo, sus funciones, nosotros también podemos ir conectando con los procesos naturales de nuestro cuerpo. Al ir conectando con esos procesos vamos confiando más y dejando de controlar, dejando de manipular, nos damos cuenta. 

Toda esta sabiduría la tienen las plantas maestras. Ellas han vivido muchos más años aquí, ellas son nuestros ancestros principales, así como los elementos. Entonces, al tener tantos años de existir en nuestra tierra pues ellas han visto el proceso de la evolución de todo nuestro sistema. Y nos recuerdan pues el inicio. Nos recuerdan nuestras raíces al mismo tiempo de irlas limpiando y de irlas regresando y arraigando. 

Entonces me parece que todas son medicinas que nos dan un gran alivio al corazón y nos van conectando en esta red infinita en la que estamos articulados hombres y mujeres. 

Espero que sirvan estas palabras.  

Parte de este trabajo puede verse en la plataforma Drogas, Políticas y Violencias.

.https://vistprojects.com/ por Maya Goded



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