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La palabra virus significa “veneno”


By VEME - 07/15/20 12:49 PM




La palabra virus significa “veneno”. Se trata de un término que todos deberíamos saber. Educación básica. Pero los virus no están vivos. Su naturaleza es límite. Están conformados por ácidos nucleicos a los que envuelve una cubierta de proteína. Es decir, no son sino fragmentos de aquello que, en orden ascendente, conforma la vida.

Como biólogo siempre he tenido una fascinación por los virus. Una de tantas fascinaciones que tengo por aquello que los biólogos estudiamos. ¿Cómo es posible que esta “entidad” al borde de lo vivo -lo dije antes, al límite- pueda causar enfermedades y, sobre todo, convertirse en pandemia?

El virus no enferma por sí mismo. Necesita un medio. Una vez que ha penetrado -invadido- al organismo utiliza las células para replicarse, es decir, esta “cosa” minúscula, sin órganos, ni consciencia, usa las células del organismos invadido -sí, eso es correcto, es un invasor- para “fotocopiarse” y multiplicarse en cantidades asombrosas. Las células -nuestras células- nos “traicionan” y sirven al invasor para agredirnos. La naturaleza obedece a una serie de leyes que se repiten, desde lo microscópico a lo asombrosamente macroscópico. Nadie escapa. La humanidad misma replica este patrón: invadir pueblos, valerse de agentes para replicar sus ideologías y que la invasión tenga éxito. El virus. La humanidad.

Como biólogo me fascinan los virus. Les tengo respeto, aunque esas entidades jamás sabrán que las respeto. En serio, me conmueve saber que estas “minucias” biológicas sean capaces de detener el mundo de los orgullosos seres humanos y hacer caer las economías, detener la cotidianidad y hasta matar. Para los virus no importan los “ismos” humanos. No hay feminismo, machismo, veganismo o fascismo y, sobre todo, no hay esa ingenuidad de creer que se puede cambiar al mundo para bien o para mal. Los virus no ríen y tampoco lloran. Los virus son el ejemplo más puro de la amoralidad de la naturaleza. Son, para hacer un paralelismo con el entendimiento religioso griego, el dios Pan en su máxima manifestación: el caos, la perturbación del orden y las leyes humanas. Sí, tampoco puedo evitar ser escritor y usar metáforas. Representan lo salvaje y lo mortal, son el “poderoso rayo” de la naturaleza, su espada, su equilibrio. ¿Cómo surgió esta entidad y por qué? Acaso sean consecuencia lógica de los devenires evolutivos. Pero los tememos. Y con razón. El COVID-19, un virus poco letal, detiene al mundo. Un momento. No el virus: la naturaleza sigue su curso. Nosotros hemos detenido al mundo para que nuestro invasor sea detenido.

¿Por cuánto tiempo?

El cambio climático desatará epidemias nunca vistas en el futuro próximo. Es lógico: remueve la tierra y perturba las especies y darás con virus que estaban ahí, pero lejos, ocultas y las sacarás a la luz. Como biólogo me fascinan los virus porque les temo. Me conmueve su propio orden, su inconsciente devenir. Un biólogo, ganador del Premio Nobel, lo dijo: “lo único que nos impide dominar al mundo es el virus”. ¿Podemos ser más humildes con esta lección que nos da la naturaleza? Una lección inconsciente, después de todo. La naturaleza no está ahí para castigar o premiar. Todo es azar y contingencia. El dios Pan danza, mientras toca la siringa en lo alto de los montes y los rayos caen… Agachemos la cabeza con respeto. Después luchemos.

Pedro Paunero.




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