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La niña que calló al mundo por 6 minutos


By VEME - 10/9/19 9:35 AM




Las preocupaciones de los niños hoy

¿Recuerdan a la niña que calló al mundo por 6 minutos?

Esto lo escribí en el 2009

– Mamá,  ¿quién se está llevando nuestra agua? ¡hay que ir por ella!

Volteo y era un niño de cinco años en la fila del colegio atrás de mi. No recuerdo la respuesta de la madre, pero si la pregunta del niño, y me viene a la cabeza la propia obsesión de mis hijos con el agua. Educados en esta época van atrás de todos los miembros de nuestra familia, cerrando llaves, regañando, y finalmente concientizando.



Los niños de ahora viven preocupados por muchas cosas, pero también ocupados. Con toda la información que existe al alcance de ellos no solo se dan cuenta de lo que pasa alrededor sino que toman responsabilidad y actúan. Saben que viven en un mundo donde los recursos naturales se pueden agotar, saben el significado de palabras como crisis, influenza y delincuencia, ecología y reciclaje: colapso ambiental. Son concientes y conscientes de sus actos y resposabilidades. Este niño tan pequeño ya sabía que el agua se acaba, y estaba realmente ansioso por eso.



Este pequeño me trajo a la mente un discurso que dio precisamente una niña en 1992 en la ONU, hace más de dieciséis años y que me impactó, el nombre de la niña es Severn Suzuki, hoy es una activista de  29 años que sigue en la lucha. Licenciada en Biología sigue su activismo ecológico desde la Universidad de Yale.

Comparto con ustedes el discurso en español:

“Hola, soy Severn Suzukiy hablo por ECO (Environmental Children’s Organisation), Organización Infantil del Medio Ambiente. Somos un grupo de niños de 13 y 14 años de Canadá intentando lograr un cambio: Vanessa Suttie, Morgan Geisler, Michelle Quigg y yo. Recaudamos nosotros mismos el dinero para venir aquí, a cinco mil millas para deciros a vosotros, adultos, que tenéis que cambiar vuestra forma de actuar. Al venir aquí hoy, no tengo una agenda secreta. Lucho por mi futuro.

Perder mi futuro no es como perder unas elecciones o unos puntos en el mercado de valores. Estoy aquí para hablar en nombre de todas las generaciones por venir. Estoy aquí para hablar en defensa de los niños hambrientos del mundo cuyos llanto sigue sin escucharse. Estoy aquí para hablar por los incontables animales que mueren en este planeta porque no les queda ningún lugar adonde ir. No podemos soportar no ser oídos.

Tengo miedo de tomar el sol debido a los agujeros en la capa de ozono. Tengo miedo de respirar el aire porque no sé qué sustancias químicas hay en él. Solía ir a pescar a Vancouver, mi hogar, con mi padre hasta que hace unos años encontramos un pez lleno de cánceres. Y ahora oímos que los animales y las plantas se extinguen cada día, desvaneciéndose para siempre.

Durante mi vida, he soñado con ver las grandes manadas de animales salvajes y las junglas y bosques repletas de pájaros y mariposas, pero ahora me pregunto si existirán siquiera para que mis hijos los vean.

¿Tuvieron que preguntarse ustedes estas cosas cuando tenían mi edad?

Todo esto ocurre ante nuestros ojos y seguimos actuando como si tuviéramos todo el tiempo que quisiéramos y todas las soluciones. Soy solo una niña y no tengo todas las soluciones, pero quiero que se den cuenta: ustedes tampoco las tienen.

No saben como arreglar los agujeros en nuestra capa de ozono. No saben como devolver a los salmones a aguas no contaminadas. No saben como resucitar un animal extinto. Y no pueden recuperar los bosques que antes crecían donde ahora hay desiertos.

Si no saben como arreglarlo, por favor, dejen de romperlo.

Aquí, deben ser delegados de gobiernos, gente de negocios, organizadores, reporteros o políticos, pero en realidad sois madres y padres, hermanos y hermanas, tías y tíos, y todos vosotros sois el hijo de alguien.

Aún soy solo una niña, y sé que todos somos parte de una familia formada por cinco billones de miembros, de hecho por treinta millones de especies, y todos compartimos el mismo aire, agua y tierra. Las fronteras y los gobiernos nunca cambiarán eso.

Aún soy solo una niña, y sé que todos estamos juntos en esto y debemos actuar como un único mundo tras un único objetivo.

En mi rabia no estoy ciega, y en mi miedo no estoy asustada de decir al mundo como me siento.

En mi país derrochamos tanto… Compramos y despilfarramos, compramos y despilfarramos, y aún así los países del Norte no comparten con los necesitados. Incluso teniendo más que suficiente, tenemos miedo de perder parte de nuestros bienes, tenemos miedo de compartir.

En Canadá vivimos una vida privilegiada, plena de comida, agua y protección. Tenemos relojes, bicicletas, ordenadores y televisión.

Hace dos días, aquí en Brasil, nos sorprendimos cuando pasamos algún tiempo con unos niños que viven en la calle. Y uno de esos niños nos dijo: “Desearía ser rico, y si lo fuera, daría a todos los niños de la calle comida, ropas, medicinas, hogares y amor y afecto”.

Si un niño de la calle que no tiene nada está deseoso de compartir, ¿por qué somos nosotros, que lo tenemos todo, tan codiciosos?

No puedo dejar de pensar que esos niños tienen mi edad, que el lugar donde naces marca una diferencia tremenda, que podría ser uno de esos niños que viven en las fabelas de Río; que podría ser un niño muriéndose de hambre en Somalia; una víctima de la guerra en Oriente Medio o un mendigo en India.

Aún soy solo una niña y se que si todo el dinero gastado en guerras se utilizara para acabar con la pobreza y buscar soluciones medioambientales, qué lugar maravilloso sería la Tierra.

En la escuela, incluso en el jardín de infancia, nos enseñan a comportarnos en el mundo. Ustedes nos enseñan a no pelear con otros, a arreglar las cosas, a respetarnos, a enmendar nuestras acciones, a no herir a otras criaturas, a compartir y no ser codiciosos.

¿Entonces por qué salen fuera y se dedican a hacer las cosas que nos dicen que no hagamos?

No olviden por qué asisten a estas conferencias, lo hacen porque nosotros somos sus hijos. Están decidiendo el tipo de mundo en el que creceremos. Los padres deberían poder confortar a sus hijos diciendo: “todo va a salir bien”, “esto no es el fin del mundo” y “lo estamos haciendo lo mejor que podemos”.

Pero no creo que puedan decirnos eso más. ¿Estamos siquiera en su lista de prioridades? Mi padre siempre dice: “Eres lo que haces, no lo que dices”.

Bueno, lo que ustedes hacen me hace llorar por las noches. Ustedes, adultos, dicen que nos quieren. Os desafío: por favor, haced que vuestras acciones reflejen vuestras palabras.”

Gracias, 
ONU 1992

Greta Thunberg

Hoy es otra niña, la sueca Greta Thunberg, quien levanta una vez más la voz.  Greta ha hecho de la lucha contra el calentamiento global su motivo de vida y ha adquirido en pocos meses una vertiginosa celebridad que genera controversias sin duda reveladoras de un malestar generalizado ante una crisis planetaria irreversible.

Lo que llama la atención es que hoy a Greta la menosprecian por su género, por su autismo, por su insoluble niñez. Parte de la razón por la que inspira tal ira, por supuesto, es cegadoramente obvia. El cambio climático es aterrador. El Amazonas está ardiendo. También lo es la sabana. Partes del Ártico están en llamas. Los niveles del mar están subiendo. Hay más tormentas viciosas e incendios forestales, sequías e inundaciones. Negar es más fácil que enfrentar la aterradora verdad.

En este video el padre de Greta cuenta cómo comienza la carrera activista de Greta. Llegó un momento en que Greta dejó de ir a la escuela, le diagnosticaro depresión. Dejó incluso de comer. Fue hospitalizada. La familia se unió y luchó por la salud de la niña. Se dieron cuenta que la raíz más profunda de su depresión era la crisis climática. Decidieron hacer algo.



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