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La libertad del diablo: violencia, maldad y víctimas


By VEME - 03/15/18 8:08 AM

La libertad del diablo trata y retrata el dolor de las más de 300 mil víctimas que ha dejado la denominada “guerra contra el narcotráfico”, dentro de las que el director también considera a los victimarios: jóvenes sicarios, miembros del Ejército Mexicano y de la Policía Federal.



historia detrás de una máscara

La libertad del diablo trata y retrata el dolor de las más de 300 mil víctimas que ha dejado la denominada “guerra contra el narcotráfico”, dentro de las que el director también considera a los victimarios: jóvenes sicarios, miembros del Ejército Mexicano y de la Policía Federal.

  • Documental de Everardo González, producido por Inna Payán, que se estrena este viernes.
  • La libertad del diablo da voz a las caras que habitan el terror nacional.
  • Actores de la violencia que persiste en el país, víctimas o sicarios, cubren sus rostros y miran a la cámara mientras narran el horror.
  • Su exhibición es un compromiso ético, indica el director.

“Es difícil ver a los ojos a una víctima que aún es capaz de sentir compasión”, asegura Everardo González, director del documental La libertad del diablo, el cual recoge testimonios no sólo de las víctimas y autoridades, también de los sicarios, quienes hablan de la parte que les toca en la historia del México en guerra contra el narco.

“En ese trabajo no hay compasión. Nada de compasión. No es tu familia, es una persona que no conoces, tú no sientes, ¿por qué vas a tenerle compasión? No tienes por qué. Y la recompensa era el dinero. De 50 a 60 mil pesos sólo por una persona”, dice el sicario en primer plano mirando de frente al espectador.

Segundos antes, otro sicario, quien aún no llega a la mayoría de edad, confiesa:

“Mi primer muerto fue como a los 14 años. Iba como en segundo de secundaria. Fue en la colonia Roma. Me acuerdo que llegamos y la persona estaba en un balcón, asomada. Yo iba vestido de la secundaria y comencé a disparar. Quedó colgado. Yo, en mi adrenalina, me eché a correr”.

Y entonces recuerda su enorme sorpresa cuando al momento de cobrar por el “trabajo” en vez de dinero lo que recibió fueron las llaves de un AudiA4. “¡Ay, no manchen!, dije. Y así empezó el dinero”, sigue.

Un silencio pesado y absoluto reina en la sala de cine. El lleno es total. Es la exhibición del más reciente documental del mexicano Everardo González, “La libertad del diablo”, en el Festival Internacional de Cine de Berlín, la Berlinale.

Del cuadernillo del programa del festival se advierte que se trata de un filme fuerte, en el que la violencia y la maldad son los protagonistas.

“Víctimas y victimarios logran desahogarse frente a la paciente cámara de Everardo González. Pequeños episodios de la vida diaria son enmarcados por detallados y estremecedores relatos y surge el retrato de una sociedad, en la que gobierna el miedo y un profundo desconcierto”, reza parte de la sinopsis.

“Yo con mi angustia por encontrar a mis hijos quería que me ayudaran pero no hubo manera de que me dejaran entrar a la fiscalía que porque no había ministerios públicos para levantar la denuncia (…) Hasta las seis de la tarde llegó uno y me dijo que no me podía atender porque no era su turno, que volviera otro día porque además a lo mejor mis hijos andaban de parranda. ¿Cómo iban a andar de parranda si tengo los números de las patrullas que se los llevaron?, le dije”.

Es el testimonio de una madre. De sus ojos claros y expresivos no dejan de brotar lágrimas.

Su rostro y cabeza, como el de cada uno de los entrevistados en el documental, está cubierto por una máscara de tela color piel, como las que se utilizan para las personas quemadas. Solo ojos, nariz y boca quedan al descubierto, lo que acentúa el dramatismo de cada historia.

“Al otro día a las ocho de la mañana fui de nuevo para poner la denuncia de desaparición forzada, pero me dijeron que no podían, que esperara porque los ministerios públicos llegan hasta las nueve. Es una impunidad…Sientes desesperación y angustia de que no te hacen caso. ¡Si son cuatro seres humanos a los que se llevaron!”, dice todavía aún con voz entrecortada. Las lagrimas han humedecido gran parte de la máscara.

Después, viene el testimonio de un hombre que busca a sus hermanos desaparecidos y para ello intenta vender en vano su alma al diablo llegando hasta entrevistarse con un jefe sicario. Antes, el de una mujer muy joven que narra la pesadilla del día en que se llevaron a su mamá que se encontraba dentro de su propia casa y que casi matan a golpes a su papá.

En otro momento, un desertor del Ejército Mexicano lanza una frase tajante: “Es un asco ser militar”. Y también el de un policía federal, cuya forma de hacer justicia y “mantener el equilibrio” era ejecutar a los detenidos al considerar que no merecían vivir pues seguirían matando más gente.

Sin decirte más acerca de este film, te compartimos el tráiler.

 





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