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La historia de la censura del mundo


By VEME - 07/19/18 9:28 AM





Según las filósofas mexicanas María Antonia González Valerio y Rosaura Martínez Ruiz, censurar versa sobre el límite entre lo mostrable, lo decible y lo no mostrable. Dentro de estos límites se establece la moral, la ofensa, la percepción estética, el juicio del gusto, la intolerancia y la corrección política.

Pienso que “quien mira es quien hace el cuadro”, como decía Duchamp, y lo que ha sido socialmente aceptado en unas culturas, en otras se convierte en escandaloso, pecado o causa de prohibición. En estos tiempos de las redes las censuras se hacen más evidentes por una parte, las redes sociales, como Facebook o Instagram, controlan las publicaciones que se hacen en sus espacios, y cortan, censuran y prohíben lo que en innumerables ocasiones está a la vista del público en Museos o exposiciones. Aún así, lo peor que se puede hacer con el arte es la destrucción, que hoy vemos en televisión que realiza el Estado Islámico en Irak o Siria pero que se ha dado en todas las culturas, cuando quien sucedía, como en Egipto, o colonizaba, como en América, o intentaba imponer culturas o religiones, destruía lo anterior, edificaba sobre las ruinas e intentaba que desapareciera todo vestigio molesto.

De siempre he vivido y sobrevivido con la censura, tan dura y eficaz en los tiempos del franquismo y la iglesia en España, cuando yo era un niño.  Nos secuestraban el arte, recortaban lo que consideraban peligroso, te impedían ver la mayoría de las películas y, lo que es peor, te encauzaban en una determinada dirección. La rebeldía me llevó a hacer caso omiso de casi todas las prohibiciones y desarrollé estrategias para soslayar y saltar las barreras. Leí casi toda la biblioteca de mi padre, vi todas las películas que pude y entré en museos y bibliotecas prohibidas.

Ya lo cuento en mi trabajo sobre Arte erótico, cómo tras varios intentos fracasados logré entrar en alguno de los museos secretos de Nápoles y Lima, y cómo descubrí piezas de arte románico escondidas. Eran momentos difíciles por la cantidad de prohibiciones y trabas. Hoy en Internet se puede encontrar casi todo y hay bibliografía accesible y abundante. Descubrí así que las cosas no eran para tanto, que las prohibiciones son inútiles y que es necesario, sin miedo, abrir horizontes.

Hoy se habla mucho de libertad de expresión al mismo tiempo que los poderes y los grupos de presión, ideologías de todo signo, establecen todo tipo de líneas rojas, prohibiciones, trabas y barreras sobre lo que permisible, o no, a la hora de expresarse.

Por otra parte, con el tiempo, la visión de lo que es arte, y su relación con lo social, cambia, por lo que también cambia la idea de lo que debe ser censurado. Durante siglos algunas de las manifestaciones en iglesias de los siglo VII al XII, que se realizaron siguiendo tradiciones del momento, fueron consideradas pecaminosas y muchas veces ocultadas o destruidas. Hoy las sacamos a flote, y es que, aquello que un día fue considerado inmoral, con el paso del tiempo, no mucho, puede convertirse en canon ya no sólo estético, sino en cierta medida también cultural de una determinada sociedad.

Cada cultura delimita la definición y el uso de lo obsceno, de lo blasfemo y de lo apropiado o inapropiado. Para penalizar algunas manifestaciones es necesario limitar, delimitar el derecho a la libertad de creación artística, de tal forma, que las manifestaciones susceptibles de ser consideradas como tales, es decir obscenas, queden fuera del ámbito amparado por el derecho.

La censura ha sido aplicada por los Estados, las religiones, los sistemas educativos, las familias, los minoristas y los grupos de presión, hacia las artes, la pintura, la escultura y la música, para la expresión periodística y casi para cualquier tipo de expresión, en un lugar o en otro del mundo, y en la mayoría de los casos con violación de las convenciones internacionales de derechos humanos.

No es casual el que los primeros casos de censura en la historia hayan coincidido con el nacimiento de la democracia y del concepto de las libertades civiles. Tampoco parece azaroso el que sus primeras víctimas hayan sido precisamente dos maestros de la palabra: el bardo y el pensador. La censura a estos dos intelectuales, Sócrates y Arquíloco, filósofo y poeta, nos muestra cómo opera siempre en esa zona crepuscular que media entre la libertad y la opresión, entre la verdad y el silencio. También nos muestra cuán violenta puede ser la reacción por parte del poder cuando se siente amenazado.



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