Le faltan tres meses para dejar el poder y, sin embargo, como su figura se diluyó de la vida institucional a partir del pasado 2 de julio, no falta quién le diga el expresidente en funciones. Me refiero, claro está, al mexiquense Enrique Peña Nieto, quien la semana pasada retornó a los medios electrónicos, en algo que si fuera torero, cantante o formara parte de un grupo musical podría anunciarse como “La Gira del Adiós”. Con una diferencia, los toreros, cantantes y grupos musicales se despiden de su público mediante una actuación en algún recinto destinado a la expresión de su talento ante sus admiradores.

Peña Nieto lo hizo sin moverse de su lugar de trabajo o, cuando menos, de su residencia, en donde recibió a las tres principales cadenas de televisión del país, cada una con el conductor de su espacio noticioso nocturno. Estuvieron presentes Televisa con Denise Maerker; Televisión Azteca con Javier Alatorre y el Grupo Imagen con Ciro Gómez Leyva. Se me ocurre que si en tales entrevistas lo hubiera acompañado la señora Angélica Rivera, en lugar de “La Gira del Adiós”, el acontecimiento hubiese podido ser anunciado como “Juntos por Última Vez”.

Con interés vi la entrevista realizada por Denise Maerker en la que percibimos a un Peña Nieto que pidió “perdón por los desaciertos, perdón por los errores, perdón por las fallas, perdón por la insuficiencia en varias explicaciones”. Defendió el caso de la “casa blanca”, que delató la corrupción en su gobierno, lo estigmatizó, y repercutió en la credibilidad sobre su actuación como gobernante.

Reconoció en las “reformas estructurales” su mayor acierto, junto con la generación de empleos, 3 millones 700 mil generados durante su gestión, “el doble de los creados en las dos últimas administraciones”.

También, concedió una entrevista al diario La Jornada, la reportera Rosa Elvira Vargas le preguntó por un momento particularmente complicado que haya encarado. Peña Nieto expresó: “Cuando aceptamos la visita del entonces candidato Donald Trump que no dejó un saldo favorable. Fue una decisión apresurada”. Un comentario del que escribe, permitir esa visita y, más aún, alentarla, no fue una decisión apresurada, fue un equívoco de párvulos.

Un tema muy interesante fue cuando la periodista le preguntó: “¿Seguirá militando en el PRI?”. “Seguiré. Soy orgullosamente priista. Quizá después de este resultado y de apreciar y reflexionar sobre el entorno social que vive el país, el mundo, el PRI tendrá que redefinirse y plantearse para poder seguir siendo una opción política para los mexicanos”. “¿Cambiar incluso de nombre?” —pregunta la periodista. “De nombre y de esencia, porque si conserva los apellidos, entonces no funciona”. Aquí sería interesante el haberle preguntado si su partido tendrá que cambiar de colores. Recién leí la “Ley sobre el escudo, la bandera y el himno nacional” y tal legislación no dice nada sobre el uso de los colores de nuestra bandera. Ni siquiera establece una prohibición para un comercio o institución alguna, siempre y cuando, los colores no vayan acompañados del escudo, sin embargo, yo pienso que el Instituto Nacional Electoral debería de prohibir a los partidos usar los colores del lábaro patrio.

Si el PRI insiste en seguir usando los colores tricolores, entonces que siga con las siglas PRI, pero con diferente significado: Partido de la Revolución Inconclusa; Partido de los Rateros Impunes; Partido de los Robos Intergubernamentales. Aquí les dejo estos tres de ejemplo.

Ahora bien, si no quieren siglas que recuerden al antiguo y desprestigiado instituto, les brindo otras ideas: PCN: Partido de la Corrupción Nacional; PCI: Partido Corrupto Institucional. Si no quieren que el sustantivo partido preceda a los objetivos aquí descritos. Ahí les van a vuela pluma otras ideas: APT: Alianza para Transar; MPM: Movimiento para las Movidas; CPS: Convergencia para la Simulación; FGT: Federación de Grillos Tramposos; CPC: Coalición para la Cargada; CND: Confederación Nacional del Dedazo. Ahora, si quieren un nombre que haga pensar a los ciudadanos que del viejo PRI ya no queda nada, les sugiero el siguiente a sabiendas que nadie se los va a creer, porque la corrupción, la trampa y la simulación están en el ADN del partido cualquiera que sea su nuevo nombre: AAQ: Asociación de Ángeles y Querubines.

La que propone Peña Nieto sería la cuarta transformación del que en su momento fue considerado “el invencible”, “el partidazo”, “la aplanadora” y “el partido del carro completo”. Comenzó, en 1928, llamándose PNR: Partido Nacional Revolucionario. Diez años después se transformó en PRM: Partido de la Revolución Mexicana. Ocho años después en 1946, el partido cayó en manos de los licenciados y se llamó PRI: Partido Revolucionario Institucional. Setenta y dos años después, cuando la institución que jamás cumplió con los postulados de la revolución apesta, quieren cambiarle de nombre y de esencia (whatever that means). ¿Esta cuarta transformación no será para estar acorde con lo que pregona Andrés Manuel López Obrador?

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Llega un hombre a una cantina con una pistola. Estoy armado con una 9 milímetros —les dice a los concurrentes— y un cargador con 12 balas. Quiero saber quién chingados se ha estado acostando con mi vieja.

Desde el fondo del local se levanta un viejillo con un tarro de cerveza y le dice: Te van a faltar balas.