La identidad de los mexiquenses cuenta con un arraigo inigualable, debido al conocimiento de sus riquezas. Algunos de los tesoros que son parte del orgullo de pertenecer a esta tierra, son los conocimientos y tradiciones ancestrales.

Para honrar la memoria de los antepasados, la Secretaría de Cultura organiza, desde hace 32 años, el Festival del Quinto Sol, único en su género, un encuentro entre el pasado y el presente que ha permitido que las ceremonias, los ritos, la gastronomía y la medicina ancestral sigan vivas entre la sociedad actual.

Con el entusiasmo y el objetivo de legar un año más estas actividades, se inauguró el Festival del Quinto Sol con el encendido del Fuego Nuevo, ritual que indica el inicio de un nuevo ciclo de vida, sobre todo en la agricultura, acto que se llevó a cabo en la Zona Arqueológica de Huamango, en el municipio de Acambay.

De igual forma, resaltó la importancia de mantener vigente la identidad de los pueblos originarios y los elementos que los conforman como la lengua, la vestimenta y las tradiciones.

Inaugurado en 1987, el Festival del Quinto Sol, es el espacio propicio para rendir homenaje a los antepasados que sabiamente llevaban a cabo sus actividades bajo la tutela de los astros; este gran festival tiene como objetivo difundir la cosmovisión del mundo, así como rescatar la riqueza cultural que nos brindan los pueblos originarios de la entidad. Además de que constituye un medio de participación y expresión para las comunidades en la vida activa de la sociedad contemporánea.

Año con año, este festival realiza las ceremonias, tradiciones, cultura y expresiones artísticas de las comunidades mazahuas, matlazincas, otomíes, tlahuicas y nahuas, asentadas en más de 96 municipios del territorio estatal, mismos que participan como sedes. Los rituales más importantes que trata de rescatar este Festival se realizan en diversas zonas arqueológicas, administradas por la Secretaría de Cultura, como son San Miguel Ixtapan, Teotenango, Huamango y Tlalpizáhuac.

Posteriormente, anunciaron el inicio de un nuevo ciclo haciendo una conexión con lo sagrado interno a través del panhuhuetl (tambor), como lo hacían en el pasado para pedir permiso a la divinidad y comenzar con el rito del saludo a los cuatro puntos cardinales y solicitar la anuencia para comenzar a cultivar la tierra. Además, hubo una demostración gastronómica, realizaron masajes cuyo elemento es la medicina ancestral y el público disfrutó de las artesanías elaboradas en la región.