La nueva funcionaria ocupaba la secretaria técnica del Sistema Anticorrupción en el Estado de México y dejó en el camino a la expresidenta del Info-DF, Elba Bibiana Peralta, quien gozaba del visto bueno del Palacio de Cobián.

En el camino había quedado Alma Clarisa Rico Díaz, exsecretaria particular de la comisionada Patricia Kurczyn, quien junto con el exsecretario del pleno, Yuri Zuckermann, eran las apuestas de la estructura del INAI. A finales de febrero, la candidatura del académico Ernesto Villanueva —quien era impulsado por el consejero jurídico del gobierno federal, Julio Scherer Ibarra— languidecía, por las concesiones del presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara Alta a las fuerzas opositoras.

La designación de Yasmín Esquivel Mossa como nueva ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación era prioritaria. Ante la resistencia del panismo, los votos de la bancada priista fueron indispensables. El 26 de febrero, en comisiones, fue aprobado el dictamen que declaraba elegibles a los 27 aspirantes a la vacante en el INAI. En la víspera, las fuerzas políticas habían validado la designación de Nadine Gasman como presidenta del Inmujeres y la secretaria Olga Sánchez Cordero tomó la bandera de la igualdad de género para el órgano garante de la transparencia y el acceso a la información.

Del listado, sólo 10 eran mujeres (una tercera parte). Y en el pleno del INAI —integrado por siete comisionados— sólo hay dos. La idea de incorporar a una comisionada era compartida por amplios sectores de la sociedad civil y avanzó sin mayor oposición, aunque originalmente, las fuerzas políticas habían prometido su respaldo a Villanueva

Elsa Bibiana Peralta y Yoli García Álvarez, comisionada presidenta del INVAI, concitaban mayores respaldos, aunque Rico Díaz —de acuerdo a diversas versiones periodísticas no confirmadas— estaría impulsada por la comisionada Kurczyn, quien —en cualquier caso— enfrentaría un conflicto de interés, dada su cercanía con Villanueva y su esposa, con quienes compartió en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

La abogada, especialista en derecho laboral, nunca ha negado a sus amistades —la secretaria Sánchez Cordero— y en este asunto, públicamente reconoció su amistad con los Villanueva y con las demás aspirantes al INAI, aunque se deslindó de Rico Díaz, a quien no ha visto desde que renunció a su ponencia para registrar su candidatura.

“No apoyo ni apoyaré a nadie, ni visiblemente ni por atrás”, estableció a sus compañeras comisionadas de transparencia y acceso a la información de los órganos estatales, consultada al respecto.

Kurzcyn atajó las versiones sobre su presunto conflicto de interés. “No he operado ni a favor ni en contra. Me he mantenido al margen por pulcritud profesional. No tengo para que exponerme al ridículo de no ser tomada en cuenta, de quererme hacer pasar por influyente; cosas que no están en mi horizonte. Pueden estar seguras de que de haber tenido influencias y haber querido usarlas, lo hubiera hecho desde hace mucho y por supuesto hubiera expuesto muchas situaciones que si no ventilo, es por no contar con las pruebas necesarias”.

“No avalo las injerencias de nadie y menos de mis pares, que se dice que hacen y siguen haciendo, valiéndose de amistades, intereses políticos, por ser paisanos o viejos conocidos. No es mi estilo. Y me permito aclarárselos, porque merecen mi respeto y mi consideración. Por último, les reitero que no estoy de acuerdo con lo que mis compañeros de INAI hacen o dejan de hacer y lamento mucho los protagonismos que sólo dañan a nuestra instituciones y a nosotras mismas. Yo sólo estaré 12 meses y saldré con la frente en alto”, acotó.

Sin enigmas, Kurczyn aludió a la postura definida por el presidente del INAI, Francisco Javier Acuña, y dos comisionados —Óscar Guerra Ford y Eugenio Monterrey Chepov— contra el probable arribo de Villanueva.

“Yo no hago política interna y me precio de ser respetuosa”, definió Patricia Kurczyn. “¿Alguna vez he querido entrometerme? Conmigo siempre habrá puertas abiertas, esté donde esté”. Para otra ocasión quedarán los señalamientos sobre los roces entre los comisionados, que han atestiguado tanto empleados del instituto como altos funcionarios del gobierno federal, y que rayan en la falta de educación.

EFECTOS SECUNDARIOS

ENRUTADO. Con la satisfacción del deber cumplido, con las reformas educativa y laboral en el último tramo del proceso legislativo, Ricardo Monreal Ávila buscará posicionar su visión de futuro. Allí está, por ejemplo, la aparición de su libro Reforma al sistema financiero mexicano (Miguel Ángel Porrúa Editores, 2019), en el que argumenta su propuesta de eliminar el cobro de comisiones a un paquete de productos bancarios. También está el road mediático que inició esta semana y que lo llevó a reunirse con directivos de dos importantes consorcios informativos asentados en la CDMX. “¿Qué haría, si AMLO lo invitara a su gabinete?”, le cuestionaron en una de esas reuniones, donde lo ven como nuevo huésped del Palacio de Cobián. “Diría no, muchas gracias”, reviró el ex gobernador zacatecano. “Yo quiero ser presidente de México en el 2024”. ¡Órale!

¿DESPLAZAMIENTOS? Marco Antonio Osorio Bonilla llegó al Instituto Mexicano del Petróleo, el más importante entre los centros de investigación de su tipo en América Latina. Sin dinero pero con ánimo. Y sobre todo, con la misión de definir, conceptualizar y establecer los factores críticos de éxito que materializarán el proyecto de la nueva refinería en Dos Bocas, Tabasco. La planeación y ejecución del proyecto —presumió reciente el director del IMP— será a partir de sus fundamentos. Y se entiende que la empresa que reciba el contrato retomará sus estudios e ingeniería para el sitio, estudios ambientales y sociales, tecnologías de proceso, asistencia técnica y coordinación de proyectos. ¿Será?

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