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Huyó de sus tradiciones que la obligaban a casarse, fue discriminada y abusada y ahora es egresada de la carrera de arquitectura


By VEME - 12/13/18 10:17 AM




“Yo no quería eso, yo lo que quería era estudiar; me decían que había salido del pueblo para buscar otros maridos. Pero no; terminé la carrera de arquitectura en mayo y el 23 de noviembre hice mi examen profesional”

Esto fue lo que dijo Maximiliana Santiz Pérez, una mujer indígena de Tzotsil quien a los 11 años se armó de valor para escapar de su casa, donde estaba rodeada de prejuicios, discriminación, incluso hasta de la posibilidad de ser vendida por 60 mil pesos.

Maximiliana decidió que no quería seguir los usos y costumbres de su comunidad, donde le estipulaban que tenía que aspirar casarse y tener hijos desde una temprana edad; fue por esto que la indígena tzotzil, viajó a los 11 años a San Cristóbal de las Casas, en donde estuvo trabajando y estudiando sin saber hablar español.

Al encontrarse dentro de este nuevo ambiente laboral, fue víctima de discriminación por el lenguaje y de abuso sexual; durante este trayecto trabajó lavando platos, fue mesera, y ayudante de cocina, sin embargo sus patrones la explotaban con jornadas laborales bastante largas en las que terminaba hasta las siete de la mañana; pero a pesar de sentirse cansada, no se desanimaba y se iba corriendo a su escuela para acudir a sus clases en la secundaria.

Fui lavaplatos, mesera, ayudante de cocina y empleada doméstica. Nada me detenía para llegar a la escuela, ni siquiera el abuso del que fui víctima por parte de uno de mis patrones”.

Terminó la secundaria y se trasladó a la capital del estado para comenzar la preparatoria, donde  tuvo la oportunidad de conocer a personas que la motivaron a que comenzara una licenciatura y tomó la decisión de estudiar arquitectura, según explica, eligió esta carrera porque su padre ha realizado el oficio de peón de albañil.

Por si fuera poco, desde su inicio en la licenciatura en la Universidad Autónoma de Chiapas, siguió siendo víctima de insultos y comentarios discriminatorios de sus compañeros e incluso de los mismos docentes quienes utilizaban adjetivos discriminatorios con el objetivo de desilusionarla.

“Me llamaban loca, igual que antes los niños acomodados de la secundaria en San Cristóbal me decían india”.

Pero Maximiliana nunca se rindió, siguió trabajando y estudiando ya que quería cambiar la percepción de las personas que dudaron de ella, incluyendo a su mismo padre, además de dar a conocer a las personas que las mujeres no solo deben de aspirar a casarse, sino que pueden tener diferentes sueños y son capaces de lograrlo. Ahora a sus 25 años ha terminado su carrera en la Universidad Autónoma de Chiapas como arquitecta.

“Hoy, mi padre grita en el pueblo y el campo, ese que me demandaba como mujer sumisa que hombres y mujeres por igual pueden lograr lo que desean. Y eso me llena de orgullo”.

Maximiliana Sántiz ha hecho un llamado a todas las mujeres, diciéndoles que cualquiera que trabaje duro, será capaz de cambiar su vida y lograr sus sueños. Ahora está en la búsqueda de una maestría para estudiar en el extranjero y está apoyando a sus hermanas menores para que puedan concluir la preparatoria.

“Hoy, una vida después de haber salido de mi casa he terminado la carrera como arquitecta y mis padres viajaron a recibir mis papeles; más que nunca ellos creen en mí y en la posibilidad de que un ser minúsculo, cualquiera que sea siempre que trabaje duro puedo cambiar las dinámicas y la propia historia de su vida y su gente”.



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