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‘Huachicoleo’ de agua en la Ciudad de México


By VEME - 07/31/19 10:21 AM




*Cobran hasta 200 por la distribución y cinco mil por toma 



En la delegación Magdalena Contreras la escasez de agua ha provocado el surgimiento de grupos de “huachicoleros” que venden el líquido en lugares como la colonia Tierra Colorada. 

Donde termina el suelo urbano e inicia el área de conservación de El Ajusco y el parque nacional Los Dínamos, la población ha tejido su propia red de suministro: mangueras conectadas desde los manantiales del cerro que llegan hasta los tambos que están en cada uno de los hogares.

Los árboles, techos, paredes y postes de luz se encuentran saturados de estos tubos negros por donde corre el líquido para refrescara quienes han pagado la cuota correspondiente.

En un recorrido realizado por Notimex se pudo constatar que, por las calles del lugar, sobre todo las que tienen cuestas más pronunciadas, es difícil ver transitar las pipas que reparten el agua y ello incentiva el negocio de unos cuantos. 

“Aquí hay unos que no trabajan, viven de pura agua y de vender (o instalar) las tomas. De esa manera vive la gente porque aquí, desgraciadamente, siempre hemos sido olvidados”, denuncia don Pedro, un hombre que ha vivido 37 años en esta localidad y ha sido parte de quienes han conseguido los servicios básicos, pero también ha visto cómo opera “la gente vividora”.

Explica que estas personas saben cómo hacer rentable la “flojera” de quienes se niegan a participar en el quehacer de traer el líquido de los pozos. 

Asegura que se cobran hasta cinco mil pesos por hacer llegar el agua hasta los tinacos de las casas, y además piden dinero cada semana, quincena o mes para hacer la distribución porque el líquido del Sistema Cutzamala no les llega por la falta de infraestructura. 

La señora Angelina Hernández tiene 28 años de vivir en la misma colonia. Cada que le hace falta el agua la solicita a quienes están encargados de los pozos o cisternas, pero “nos echan un poquito, media hora o una hora, y no se llena ni un bote”.

Expone que cada día es más escaso el suministro porque ha crecido el número de pobladores que van ocupando los predios, y señala que por el reparto se pagan entre 50 y 200 pesos diarios, dependiendo del distribuidor, y una toma puede costar cinco mil pesos. 

“Son varias personas que apoyan con la distribución. Ellos hicieron sus pozos de agua y la reparten”, externa la mujer, quien recibe agua en su domicilio cada cuatro días y debe hacerla rendir para su familia.

Asegura que en su casa se reutiliza el agua usada de la lavadora para el sanitario y en temporada de lluvia se recolecta lo más posible, colocando recipientes en las caídas de los techos o el patio. 

‘Sufren los huevones’

El contraste de Tierra Colorada es notable con zonas vecinas como Luis Cabrera, San Jerónimo, Camino a Santa Teresa o San Ángel, donde el lujo es evidente en las residencias equipadas con alta tecnología, los autos flamantes y las calles cerradas y custodiadas por elementos de seguridad privada.

Sin embargo, los más de mil 500 residentes de esta zona con pendientes de hasta 90 grados y barrancas que los mantienen en riesgo de sufrir deslaves no se desaniman ni por los contrastes sociales ni por la falta de agua. 

“Aquí no padecemos de agua, aquí padecen los pinches huevones porque agua sí tenemos allá, en el cerro”, asegura Pedro de Jesús Díaz mientras espera para echar andar su camión y recorrer calles y avenidas en busca de pasaje. 

En Tierra Colorada la gente se organiza en grupos, coopera para comprar material y luego un grupo sube al cerro a escarbar la tierra hasta encontrar una fuente agua.

Una vez detectado el líquido, lo entuban para guiarlo a una cisterna y después distribuirla a través de las mangueras a cada hogar. 

“Para eso hay que chingarse, hay que rascar cerro adentro”, explica el chofer. Es decir, seis o más kilómetros desde la calle Metropolitana, donde está la base del transporte público que llega desde Ciudad Universitaria. “Pero no todos quieren hacer faena ni nada”, comenta. 

Aunque se cuenta con electricidad, drenaje, calles asfaltadas e incluso Internet en aquella zona alta e irregular de la Ciudad de México, desde donde se logran apreciar los grandes edificios de Paseo de la Reforma y Santa Fe, los vecinos no han podido convencer a las autoridades locales para poner fin al desabasto de agua.

“Siempre les hemos dicho (sobre la problemática), pero nunca nos han hecho caso. Sale sobrando que digamos que necesitamos agua, que necesitamos un apoyo, porque nada más no hacen caso”, lamenta la señora Angelina. 

Por su parte, Uriel afirma que las autoridades conocen esos inconvenientes e incluso hace unos ocho años se pavimentaron las calles, colocaron algunas tuberías y hasta tomas de agua que siguen inservibles. 

A unos metros del domicilio del joven entrevistado se encuentra una de las cisternas para almacenar el líquido proveniente de los yacimientos.

“Aquí la estancamos y cuando tenemos un cierto porcentaje la comenzamos a dispersar (…). Es por eso que tenemos tantas mangueras gruesas, de dos pulgadas, y son las que cuelgan por todas las calles”, explica Uriel. 

El contenedor de concreto se encuentra rodeado de árboles, hierbas y pasto. Llama la atención por sus grafitis y por las decenas de tubos de plástico a ras de suelo, algunos pintados de diferentes colores para ser reconocidos y ubicar sin problemas a su propietario cuando se presenta algún desperfecto. 

Y además, les cobran el agua

Hasta ese punto arribó Rodolfo Hernández para contarle a Notimex que se formaron grupos de personas que cargaron tabiques, varillas, cemento y otros materiales para la construcción de la cisterna, cuando no había asfalto y ningún vehículo de carga pesada podía ingresar por las pendientes. 

Aunque es impensable asentarse en un lugar que carece del líquido, los vecinos no han tenido opción que arreglárselas y buscarla por su cuenta.

“¿Pues ya qué más quedaba? Todavía es una zona irregular y (las autoridades) siguen sin darnos luz verde para meter el agua potable. Ese es el inconveniente”, explica Hernández, quien trabajó como conserje de condominios hasta hace dos años, cuando un problema en las rodillas le impidió continuar. 

Y aunque nunca han visto caer ni una gota de agua en sus domicilios, asegura que a él y a otros vecinos les llega el recibo para pagar el derecho por el suministro del líquido.

“Yo voy al pendiente en mis boletas; cada año pago 500 o más de 600 pesos”, aseguró el hombre de 68 años de edad. 

En su caso, como quizá otros más en Tierra Colorada, fue necesario hacer su trámite ante las oficinas del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) o la alcaldía, para tener un documento que avalara el domicilio. 

“Fue puro requisito, pero como está amarrado, si no cumples con el pago hay recargos y hay quienes deben 20 mil pesos y otros 40 mil pesos”, refiere.

Asegura que le parece justo tener una cuota “mínima” por tener el recibo y porque el agua es de la nación, pero de ninguna manera debe excederse porque “nosotros hacemos gastos para las conexiones o cuando se rompe una manguera”. 

Se estima que cada habitante gasta 15 metros cúbicos, con un costo de 49 pesos bimestrales para la manzana popular, cantidad que se incrementará conforme al número de habitantes. La tarifa se elevará de acuerdo a la manzana -popular, baja, media y alta- y al tipo de usuario. 

Así, los colonos de Magdalena Contreras se han convertido –de manera obligatoria- en uno de los grupos de la Ciudad de México con más conciencia del cuidado y reciclaje del agua.

Fotografías: Isaías Hernández 
Texto: Carlos Trejo Serrano Para NTX