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“Hernán Cortés o nuestra voluntad de no ser” de Antonio Cordero


By VEME - 02/15/19 4:27 PM




El día de ayer se llevó a cabo la presentación del libro “Hernán Cortés o nuestra voluntad de no ser” de Antonio Cordero Galindo.

La Fundación Miguel Alemán y la Editorial Colofón convocaron a la presentación que corrió a cargo de Alejandro Carrillo Castro, Ernesto Velázquez Briseño y Marcos Marín Amezcua en la Biblioteca Mexicana de la Fundación Miguel Alemán.

En su libro Antonio Cordero narra la importancia de conocer al hombre que lloró a los pies del Árbol de La Noche triste, en la colonia Popotla, tras una derrota a manos del ejército mexica, a las afueras de Tenochtitlan, hoy Ciudad de México, en 1520.

¿Por qué inculcamos devoción a otros héroes, casi todos falsificados, que tienen los defectos de Cortés pero carecen de sus cualidades?… El día que podemos colocar y respetar un monumento al principal impulsor de nuestra nacionalidad, encontraremos nuestra otredad, lo que nos falta. Nos sentiremos mejor.

 

A la presentación asistieron diversas personalidades del mundo intelectual y político del país, estas son las palabras que se escucharon;

Decía un viejo sabio que la de México, es la historia de doce Judas y ningún Jesuscristo. Lo decía no tanto porque solo haya cuestiones negativas, pero sí hay más obscuros que claros.

El simple hecho que nos cuestionemos aquí y en la propia España, que la celebración del 5º centenario del encuentro de dos mundos puede molestar al gobierno y al pueblo de México, es razón suficiente para atender de manera urgente las causas reales, las internas de dicha molestia. Y es que no tenemos ganas de pensarnos, nos da miedo buscarnos, porque en una de esas, nos encontramos.

Hernán Cortés con todo lo que representa, solo es el personaje que escogimos para atribuirle nuestras inseguridades. Debemos reconocer la complejidad del dilema y aceptar que no hay en NOSOTROS, en nuestra historia, buenos y malos. Los que creemos buenos, no lo son tanto, y los malos, tampoco lo son mucho.

Hoy, a menos que sigamos redundando en nuestra torpeza, debemos re-descubrir que somos resultado de dos vertientes con capacidades sobresalientes. Si nos liberamos de nuestros prejuicios, si nos reconciliamos con nosotros mismos, podemos lograr lo extraordinario.

Si seguimos repudiando o desconociendo -por las razones que sean- una parte de lo que somos, en este caso la hispana, ¿por qué no nos preguntamos si estaríamos dispuestos a renunciar a nuestro apellido, a la misma lengua con la que nos comunicamos en todo el país ( y si nos ponemos extensivos, hasta la Patagonia), a la estructura greco-romana de nuestro pensamiento, a la moral – buena o mala- judeocristiana que nos universaliza, renunciar a los boleros, a la charrería, a la guitarra de las serenatas, a las carnitas de puerco, al chorizo, la barbacoa, al pan y la cebolla, al ajo y el vinagre, a nuestro imprescindible limón, al jugo de la naranja, al olor del orégano, a la alegría del vino, o al piropo que “sublimamos” nosotros en el albur.

¿Renunciaríamos a todo esto por tratarse de nuestra herencia hispana?

Mejor hagamos conciencia que sin todas estas aportaciones el mexicano de hoy , no sería tal. Si le sumamos el chile y el aguacate, la tortilla de maíz, el jitomate mundializado junto con el chocolate, si decimos órale, si de chicos volamos un papalote, si todos tenemos un cuate del alma aunque sea un hijo de la chingada, si apapachamos a nuestro viejos, si utilizamos el intempérito “ahorita”, entonces, solo entonces, somos mexicanos, y para seguir siéndolo en plenitud, necesitamos celebrar TODAS nuestras partes.

No obstante la dicotomía en la que vivimos, por un lado la esperanza de un mejor futuro que incluya a todos, y por otro lado el reino de la cangrejo-cracia, este es el momento histórico para reanudar nuestro futuro. Hagámonos una limpia nacional y re-interpretemos nuestra cruz.

Suplantemos el disyuntivo “o” por el conjuntivo “y”, ellos Y nosotros. SOMOS los mexicanos, como ningún otro habitante del planeta, seres duales, irónicos y melancólicos, tiernas y canijas, machos y sumisos, buenos y malos, como la naturaleza.

Para que entendamos más fácilmente la mezcla que somos, descubramos CONSCIENTEMENTE en los íconos populares, nuestra esencia mestiza integrada, como ejemplo de lo atractivo que podemos SER.

Si aceptamos esta SÍNTESIS tal cual es, todos podemos ser un país con el carisma y la gracia de Pedro Infante. De ninguna manera permitamos que se apele más a nuestras diferencias para dividirnos, porque en la división se encuentra la forma de manipular los sentimientos que llevamos cinco siglos asumiendo.



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