Hacia un consumo sustentable

¿De dónde proviene lo que consumimos?

Cada uno de los bienes y servicios que utilizamos pasan por un largo proceso que tiene efecto en la economía, en la sociedad, en la salud humana y la del ambiente. ¿Te has preguntado de dónde viene y a dónde va todo lo que usas y consumes a diario?. Debido a nuestro consumo excesivo los ecosistemas de México se desgastan y muchas especies corren peligro de extinguirse, los recursos se agotan rápidamente dejándonos sin nada en un futuro cercano, además de generar desechos que provocan contaminación en zonas naturales, rurales y urbanas.

Esto no quiere decir que debemos dejar de consumir, pero sí moderar nuestro consumo y comprar lo que se produce localmente. Entre más seamos las personas que demandemos productos con bajo impacto al ambiente, más fácil cambiaremos el enfoque de los productores y tendremos un efecto positivo en nuestra manera de vivir y en la conservación de la naturaleza.

¿Quieres ser un consumidor responsable?

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El consumo sustentable abarca muchos aspectos, porque la sustentabilidad es un concepto integral que incluye al medio ambiente como preocupación fundamental, sin desvincularlo del resto de los desafíos sociales. En ese contexto, Elizabeth Tinoco, directora regional de la Organización Internacional del Trabajo para América Latina y el Caribe, señaló que “si el mundo efectivamente va hacia una transición de economías más eficientes, con bajas emisiones de carbono y capacidad de adaptación al cambio climático, entre otros desafíos ambientales, también será necesario asumir que habrá cambios profundos en los patrones de producción y consumo […] Una economía verde necesariamente deberá producir los empleos verdes que necesitan las sociedades”.

El consumo sustentable, además de un consumo amigable con el medio ambiente, implica aspectos como el de la viabilidad en todas las dimensiones sociales. No se pueden desligar los fenómenos ambientales de los sociales ni de los económicos, ya que las soluciones, como el problema mismo, son multifactoriales.

No se trata de una moda verde que sirva para limpiar la imagen de procesos industriales sucios, como el greensumption, nombre que recibe este tipo de consumo ecológico superficial, el cual no ofrece las transformaciones estructurales del consumo sustentable. Tampoco basta reemplazar nuestro consumo alimentario con el de productos orgánicos certificados porque, a pesar de que durante su elaboración se impacta menos el medio ambiente y de que contienen menos químicos nocivos, el incremento de su producción sería inviable.

El consumo sustentable surge cuando somos conscientes de los impactos que nuestras decisiones de consumo tienen sobre el medio ambiente. Es, entonces, una cuestión ética basada en la responsabilidad. Aunado a lo anterior, si se concibe el consumo sustentable integralmente, incluyendo los factores sociales, estaremos hablando de consumo responsable.

Un requerimiento básico del desarrollo sustentable y el consumo responsable es comprender que desarrollo económico no es sinónimo de progreso. La falacia del modelo económico actual está en presentar el crecimiento del consumo y de la producción y, por ende, de la economía en su conjunto, como signo de desarrollo social.

En el terreno ecológico es, quizá, donde resulta más evidente que el actual modelo de desarrollo no es sustentable porque, de continuar como hasta ahora, para satisfacer los patrones de consumo de la población que conformará la Consumo sustentable: un enfoque integral 11 clase media en el 2030 se necesitarían tres planetas como la Tierra.

Así que, como no es posible contar con otros planetas, es preciso optimizar el uso que le damos a los recursos naturales. Otra consecuencia visible, tal vez la más significativa, de la intervención nociva de las personas en el medio ambiente es el cambio climático que ya impacta directamente a los seres vivientes del planeta.

No solo se trata de la extinción de especies y ecosistemas enteros, sino de la desaparición de poblaciones por el incremento del nivel del mar y de sequías que aumentarán los precios de los alimentos. La mayor parte de los gases de efecto invernadero (69%) que causan el trastorno climático es producida por el uso de combustibles fósiles.

La energía eléctrica, que actualmente se produce casi en su totalidad mediante este tipo de combustibles, es indispensable para los servicios básicos que necesitamos, como la salud y la educación. Es vital pensar en un modelo que dependa menos del carbón y del petróleo para producir energía. A esto se le llama decarbonizar el sistema energético.

Para actuar en consecuencia y reducir la extracción inmoderada de recursos naturales, se debe comenzar a reciclar y aprovechar los residuos. Por ejemplo, las reservas de cobre, metal adecuado para la conducción de electricidad y, por tanto, uno de los más usados en la fabricación de aparatos electrónicos, están por terminarse. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico calcula que hacia el 2030 ya no habrá reservas de cobre en el subsuelo; paradójicamente, de acuerdo con investigaciones, existen alrededor de 225 millones de toneladas de ese metal desperdiciadas en los tiraderos de basura.

Responsabilidad social

El consumo sustentable trasciende al ecologismo y que, en un enfoque integral, es imposible separarlo de factores sociales y económicos, ya que conlleva responsabilidad. Así, un consumo responsable incumbe a todos los seres humanos porque su fundamento es ético: nuestras decisiones de consumo tienen consecuencias y es necesario asumirlas.

Se ha explicado cómo las acciones de consumo tienen repercusiones en todas las esferas de la vida humana. Es decir, cuando se opta por un producto contaminante, por ejemplo, no solo se perjudica al medio ambiente, también nuestra salud y al resto de la sociedad.

Queda claro que aquellas acciones que son dañinas para la sociedad en su conjunto resultan frecuentemente nocivas para el medio ambiente. Por tal razón, el consumo responsable enfatiza su interdependencia con otros tipos de consumo como el sustentable; el solidario, que atañe al equilibro social; y el saludable, que busca el bienestar físico y mental.

No se puede educar en consumo sustentable si se separa de las consecuencias sociales e individuales y solo se hace énfasis en los daños a la naturaleza. La educación en el consumo responsable es la única estrategia que a largo plazo transformará hábitos de consumo.

No obstante que las políticas públicas o las decisiones empresariales incentiven o desalienten un consumo más sustentable, en última instancia, es facultad del consumidor decidir. De esta forma, la educación en el consumo responsable permite a los ciudadanos hacerse conscientes del poder y alcance de sus decisiones a través del análisis crítico de la información.

Asimismo, la educación en el consumo responsable, por su énfasis en la responsabilidad individual y social y en el momento de la decisión, está estrechamente vinculada con la inteligencia emocional. Este hecho la relaciona de manera directa con los nuevos paradigmas constructivistas que se proponen crear el aprendizaje por medio de las experiencias y de la dimensión vivencial del individuo.

 

Con info de Semarnat