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Esta tarde jaripeo baile -Fiestas patronales de México


By VEME - 11/22/19 8:34 AM




El 8 de enero se ha convertido en Ojocaliente en la fecha más importante del pueblo. Es cuando se reúnen las familias. Se engalana la iglesia, se limpia el cuadro, se cocina en la casas platos típicos. El pueblo reluce. Los del norte llegan, desde Navidad, hasta mediados de enero. Es la celebración de La Virgen de la Concepción.

El mero día, el 8 de enero, hay fiesta desde temprano. Sale la procesión acompañada de una banda. Se tiran cuetes sin parar por una semana. No importa que nadie duerma. Se ponen flores en iglesias y barrios. Se oye música. Se da misa. Se comen chascas, enchiladas, carnitas… Se va a la feria. Hay gallos, charreadas y como no, jaripeo baile. A veces se suelta un torito para lidia.

Es la fiesta patronal de un pequeño pueblo de Aguascalientes: Ojocaliente, que como muchos de la región, tiene una tradición de migración a Estados Unidos que data de la década de 1940. En torno a la fiesta, se dan muchas vueltas en el cuadro (parque central), mujeres para un lado, hombres para el otro. Los jóvenes solteros regresan al pueblo para buscar una mujer con quien quedar comprometidos, y en otro momento regresar a casarse.

El jaripeo baile que consiste en montar toros y luego darle a la bota, a sacudir la polilla, a bailar, es el cierre de oro de las fiestas.

De dónde surgen las fiestas patronales

La fiesta patronal surge de la fusión de tradiciones, del sincretismo de creencias religiosas cristianas y las autóctonas indígenas. El amplio santoral católico, junto con las innumerables iglesias construidas durante la colonia, dota de innumerables fechas para la celebración.

Es una expresión de identidades colectivas. Muchos de los rasgos de la cosmovisión mesoamericana que perviven en comunidades campesinas contemporáneas se reproducían alrededor del ciclo agrícola de esta unión resultó una rica síntesis donde cada grupo elaboró, dependiendo de su estructura, un rito o fiesta en la que, dentro de la nueva cultura mestiza, se pueden entrever actualmente los elementos de una cosmovisión anterior a la conquista.

Lo curioso es que dentro de la fiesta patronal se distingue un estrato de poderes muy bien definido. El mayordomo, o figura más poderosa dentro de la jerarquía (que no necesariamente es el jefe político de la entidad) de un pueblo es el que designa puestos, lugares, tareas… durante las fiestas. Incluso el lugar a ocupar de cada uno, que dice mucho del lugar que ocupa dentro de la sociedad.

La fiesta patronal permitió a las comunidades originales mantener el contexto recreativo de las antiguas fiestas pero, al mismo tiempo, dio lugar a una nueva jerarquía social y política muy amplia en grados regida por el desempeño de los “cargos” religiosos católicos que llegó a confundirse con la organización social mesoamericana. El sistema de cargos, ejercido y jerarquizado a través de las mayordomías, ha sido la institución responsable de organizar y financiar la fiesta patronal en las comunidades indígenas y campesinas de México . Arguedas, 1968

Es significativa la importancia económica para las comunidades, los recursos para los permisos que se otorgan para instalar: feria, palenque, pelea de gallos, charreadas, corridas de toros, jaripeos, tianguis, juegos mecánicos, incluso el juego clandestino y la prostitución.

La organización y el financiamiento de la fiesta imponen y refuerzan la cooperación entre barrios, capillas, grupos familiares, compadres y amigos que ayudan a sufragar los gastos que el mayordomo debe realizar. Otro rasgo curioso y característico es la exclusión de las mujeres; ellas no participan en las mayordomía por lo tanto no participan en la toma de decisiones, aunque sí en la organización.

Hoy

En la actualidad en los pueblos que quedaron absorbidos por las ciudades como los barrios de Coyoacán o Santiago Tzapotitlan, los pueblos de Milpa Alta, es común todavía oír el tronadero de cuetes y alguna banda de viento detrás. Campanas que anuncian la fiesta y un santo (o virgen), que se pasea y pavonea, vestido de manera autóctona, siempre con guiños indígenas, una fila de feligreses cantando y rezando detrás. Todavía la comunidad se reúne y festeja. Todavía sabe a pueblo la ciudad.

Anitzel Díaz



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