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Escuchar expresiones de odio predispone nuestro cerebro a cometer actos de odio


By VEME - 04/1/19 11:49 AM




Escuchar expresiones de odio predispone nuestro cerebro a cometer actos de odio

Una marca en una página, un meme en Internet, un sonido fugaz: ¿cómo es posible que estos estímulos, en apariencia tan insignificantes, lleven a acciones tan trascendentales como participar en una marcha racista o masacrar a fieles inocentes?

Algunos psicólogos, neurocientíficos, lingüistas y filósofos están desarrollando una nueva teoría de comprensión del lenguaje que está comenzando a ofrecer respuestas. Las investigaciones actuales demuestran que los seres humanos comprenden el lenguaje al activarse los sistemas sensoriales, motrices y emocionales en el cerebro.

De acuerdo con esta nueva teoría de la simulación, el simple hecho de leer un texto en una pantalla o de escuchar un podcast activa áreas del cerebro de manera muy similar a cuando estamos en la situación que el lenguaje describe. Este proceso hace que sea mucho más fácil pasar de las palabras a los hechos.

Como psicólogo cognitivo, mi propia investigación se ha enfocado en desarrollar la teoría de la simulación, ponerla a prueba y utilizarla para crear intervenciones para mejorar la comprensión lectora de niños pequeños.

La simulaciones son el primer paso

Tradicionalmente, los lingüistas han analizado el lenguaje como un conjunto de palabras y reglas que expresan ideas. Pero ¿cómo se convierten estas ideas en acciones? La teoría de la simulación intenta responder esa pregunta. Sin embargo, muchas teorías tradicionales sobre el procesamiento del lenguaje prestan muy poca atención a las acciones.

La teoría de la simulación propone que el procesamiento de las palabras depende de la actividad en los sistemas neuronales y conductuales de acción, percepción y emoción de las personas. La idea es que percibir palabras activa en los sistemas de nuestro cerebro estados que son prácticamente idénticos a los que se evocarían con la experiencia directa de lo que las palabras describen.

Las palabras son suficientes para activar simulaciones en los sistemas neuronales motrices.

Tomemos, por ejemplo, la oración “Dos enamorados caminaban tomados de la mano a la luz de la luna por una playa tropical”.

De acuerdo con la teoría de la simulación, cuando leemos estas palabras, el sistema motriz de nuestro cerebro simula la acción de caminar; es decir, la actividad neuronal provocada por la comprensión de esas palabras es similar a la actividad neuronal generada por la acción concreta de caminar.

De manera similar, los sistemas perceptuales de nuestro cerebro simulan la vista, los sonidos y la sensación de la playa. Nuestro sistema emocional también simula los sentimientos implícitos en la oración.

Entonces, las palabras son suficientes para activar simulaciones en los sistemas neuronales motrices, perceptuales y emocionales. El cerebro produce la sensación de estar ahí: el sistema motriz se prepara para la acción y el sistema emocional motiva dichas acciones.

Si bien la teoría de la simulación aún se encuentra bajo escrutinio científico, se han comprobado con éxito muchas de sus predicciones.

Recientemente, el psicólogo Michael McBeath, nuestra estudiante de posgrado Christine S. P. Yu, y yo, descubrimos otra sólida conexión entre el lenguaje y el sistema emocional.

Tomemos, por ejemplo, pares de palabras de una sola sílaba en inglés que solo se diferencien en que el sonido de la vocal es más parecido a una “i” o a una “o”, como “gleam-glum” y “seek-suck”. Utilizando unos 90 pares de palabras, les pedimos a las personas que indicaran cuál de las dos palabras les parecía más positiva.

Los participantes seleccionaron la palabra con el sonido similar a “i” dos de cada tres veces. Ahora, si los sonidos lingüísticos y las emociones no estuviesen relacionados y las personas eligiesen al azar, hubieramos esperado que solo la mitad de las palabras con el sonido parecido a “i” habrían sido identificadas como más positivas.

Nuestra nueva investigación demuestra que pronunciar palabras que activan los músculos de la sonrisa puede tener un efecto similar.

 

El psicolingüista Dan Slobin sugirió que las formas habituales de hablar llevan a formas habituales de pensar acerca del mundo. El lenguaje que escuchamos nos proporciona el vocabulario para analizar el mundo. A su vez, ese vocabulario, al producir simulaciones, genera hábitos en nuestra mente.

Así como tan solo leer un libro de terror puede hacer que tengamos miedo a entrar al mar porque simula ataques de tiburones —que son muy inusuales—, estar en contacto con cierto lenguaje acerca de otros grupos de personas —y su comportamiento criminal extremadamente inusual— puede distorsionar nuestra visión de la realidad.

Como la simulación genera la sensación de estar en una situación concreta, motiva las mismas acciones que la situación en sí. Si simulamos compasión y empatía, y utilizamos palabras de forma cuidadosa, actuaremos todos con más amabilidad.

Con info de Arthur Glenberg para Foro Económico Mundial.

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