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El virus policíaco


By VEME - 06/16/20 9:29 AM




EL PRIVILEGIO DE OPINAR

Manuel Ajenjo

Si en Estados Unidos los policías blancos han asesinado a ciudadanos afroamericanos por odio racial; en México nuestros policías golpean, torturan y matan a otros mexicanos igual a ellos por una aberración psicosocial de la que escribió Octavio Paz en El Laberinto de la Soledad: el fenómeno del ninguneo. “Ninguno está presente siempre. Es nuestro secreto, nuestro crimen, nuestro remordimiento. Por eso el Ninguneador también se ningunea; él es la omisión de Alguien. Y si todos somos Ninguno, no existe ninguno de nosotros”.

En los meses de marzo, mayo y junio, cinco jóvenes entre los 33 y los 16 años fueron asesinados por policías en varios municipios del país.

Yair López de 28 años, fue asesinado el 27 de marzo. Uno de los cinco policías municipales de Tijuana que lo detuvieron, puso su pie, con todas sus fuerzas, en el cuello del joven hasta rompérselo. Los cinco uniformados andan sueltos.

Carlos Andrés Navarro, de 33 años, arrestado en Xalapa, el 2 de mayo, supuestamente, por alterar el orden público. Efectivos de la policía estatal lo trasladaron al cuartel San José, donde murió esa madrugada a consecuencia de numerosos golpes. La Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz reportó que había muerto de un infarto. El acta de defunción dice que murió por un infarto y múltiples traumatismos. Nadie cree lo del infarto.

El albañil, Giovanni López, de 30 años, fue detenido el 4 de mayo por 10 policías municipales en Ixtlahuacán de los Membrillos, Jalisco. Declaraciones oficiales mencionaron que se le arrestó por conducta violenta; aunque testigos del caso aseguran que se le detuvo por no llevar cubrebocas. Luego de ser golpeado con saña por los municipales, fue trasladado al Hospital Civil de Guadalajara donde murió a consecuencia de los golpes. No hay ningún arrestado y el alcalde de la localidad se volvió ojo de hormiga.

Policías municipales de San Pablo Huitzo, Oaxaca, detuvieron a los hermanos Jaciel y Diego Luna la noche del 6 de mayo, acusados de robar una bicicleta. Fueron trasladados al Palacio Municipal, donde la síndica, María Isabel Hernández, no les permitió llamar a su familia y los insultó. Se presentó la parte acusadora a reiterar la denuncia. Los hermanos fueron esposados y trasladados, en una patrulla, a un campo solitario donde fueron golpeados por varios hombres y tirados a un barranco: Diego murió por los golpes, Jaciel no se libró de ser golpeado, pero fingió estar inconsciente, lo que le permitió sobrevivir para contar lo ocurrido.

También en Oaxaca, en el municipio de Acatlán de Pérez Figueroa, pasadas las 10 de la noche del 9 de junio, el joven de 16 años, futbolista de la Tercera División, Alexander Gómez, circulaba en motocicleta al igual que tres amigos, cuando una patrulla, con las luces apagadas y en sentido contrario, les cerró el paso. Uno de los agentes disparó dos tiros. Una bala mató a Alexander y otra hirió a uno de sus acompañantes. El policía se encuentra preso acusado de homicidio calificado.

¿Cuándo ha sabido usted que policías municipales o estatales atrapen y/o golpeen a un narcotraficante? El miedo no anda en patrulla.

Entrevista

Ante la ola de violencia policial, me propuse entrevistar al jefe policíaco, Comandante Elpidio Soborno. A mi pregunta sobre el grado de preparación de los hombres a su mando, el jefe me respondió: “Sólo admitimos jóvenes que hayan terminado la preparatoria”. Quise saber de las características físicas de sus policías: “Todos los elementos son atletas, sin sobrepeso, y con un mínimo de 1.75 de estatura”. Al decir lo anterior pasó frente a nosotros un uniformado, con evidente sobrepeso y no más de 1.60 de estatura. Con la mirada se lo señalé. El Comandante me comentó, algo le debe de haber sucedido, así no llegó. A ver tú –le ordenó– dile al señor cuando entraste a la policía, cuánto mediste. Le di la mitad de mi sueldo durante un año.



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