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El origen de la desconfianza


By VEME - 12/21/20 9:35 AM




SIGNOS VITALES

Alberto Aguirre

Acababa de terminar la Jornada Nacional de Sana Distancia y el agotamiento de los distintos sectores sociales era evidente. Ese jueves 4 de junio, la prensa capitalina había reproducido uno de los datos reportados por Hugo López-Gatell y su equipo en la conferencia nocturna —1,092 defunciones confirmadas en las 24 horas anteriores— como un hito.

“Un evento desafortunado”, lamentó el funcionario federal, quien pidió a los reporteros asistentes que hablaran con sus editores, “sería mucho más contributivo (sic) si esas primeras planas ayudaran a la nación a ubicar dónde está en vez de causar sobresaltos con información que no está técnicamente sustentada”.

Esa noche, López-Gatell soportó sus dichos con una gráfica que compendiaba las defunciones confirmadas, desde el 28 de febrero: no había registros de más de 340 muertes en alguno de los 115 días contabilizados hasta entonces (ese pico ocurrió el 17 de mayo). Ante los legisladores, el vocero gubernamental ya había deslizado el peor escenario: 35,000 fallecimientos en el primer ciclo epidémico.

A mediados de febrero, convocados por la Presidencia, los expertos hicieron los primeros cálculos de la carga de enfermedad. López-Gatell y su equipo decidieron tomar como referencia la tasa de incidencia de Hubei y descartar los datos provenientes de Estados Unidos y Europa Occidental.

¿Error de cálculo? El mínimo de decesos proyectado fue de 6,000. El 27 de febrero, en una conferencia de prensa, López-Gatell apuntó una primera cifra: 12,500 muertos. Los escenarios iban escalando, mientras se ajustaba la tasa de ataque a 1% o 2 por ciento. El escenario catastrófico era 60,000 decesos y sobre esa base se hizo el primer plan de escalamiento hospitalario y la procuración de insumos, que López-Gatell encargó a Ruy López Ridaura.

Habían pasado tres meses de confinamiento. Por la mañana, López-Gatell había sustentado la estrategia gubernamental para contener los contagios ante diputados federales. Una semana antes había presentado un reporte similar ante el Senado de la República y de paso, había encarado los reclamos por sus loas al Ejecutivo federal y, sobre todo, su aval a una de las frases que marcarán este sexenio: “Estamos domando a la pandemia”.

La Jornada Nacional de Sana Distancia pudo haber sustentado ese sofisma. Pero las dudas planteadas por legisladores y periodistas sobre el modelo centinela para la estimación de los casos, la reconversión hospitalaria y la adquisición de los respiradores mecánicos motivaron las quejas del subsecretario de Promoción y Prevención, quien constantemente reclama por el amarillismo de la prensa y la politización de la epidemia.

A estas alturas de la pandemia, López-Gatell y su equipo ya deben saber que si no se explican correctamente, los datos pueden generar desconfianza en los medios e incredulidad entre la sociedad. Y que las conferencias vespertinas ya no funcionan.

El 2 de septiembre, un ciudadano requirió a la Secretaría de Salud las estimaciones del número de defunciones por Covid-19, así como al organismo encargado de realizar los cálculos desde febrero hasta al 31 de agosto del 2020.

La Unidad de Transparencia de la dependencia federal canalizó la solicitud a la Dirección General de Epidemiología y al Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades.

La directora de vigilancia epidemiológica de enfermedades no transmisibles, Gabriela del Carmen Nucamendi, notificó que el Conacyt realiza los cálculos requeridos, mientras que Jacqueline Segura Gómez, del Cenaprece, de plano declaró la inexistencia de la información en términos del criterio 07/17 emitido por el pleno del INAI.

Hace tres meses de esa respuesta. Atrás quedaron el debate sobre las pruebas diagnósticas y la utilidad del uso del cubrebocas. La nueva normalidad y la sana distancia se han vuelto un vacío pleonasmo que la retórica oficial no pudo sustentar.

“Fácilmente se construyen ideas que parecen ser verdades, amparadas en evidencia, sin serlo. Y empiezan a hacerse olas informativas que si no están apropiadamente documentadas en evidencia se vuelven en olas desinformativas que además se propagan, igual que el Covid o como el dengue —los vectores en este caso, quizá los medios de comunicación o las redes sociales—, pero básicamente se empiezan a construir ideas como si fueran verdades científicas”, censuró entonces López-Gatell.

En su última sesión del 2020, ya con sus siete integrantes en plenas funciones, el Inai instruyó a López-Gatell a entregar la información negada el 28 de septiembre. “Esta es una información que la Secretaría de Salud debe tener disponible, aun cuando el cálculo sea gráficamente desolador y preocupante”, definió el comisionado Francisco Javier Acuña Llamas, quien estudió el caso y propuso revocar la determinación de las autoridades sanitarias, “es una tragedia que no se debe maquillar”.

Hace ocho meses, el Inai habilitó una mesa técnica con la Secretaría de Salud para promover acciones de transparencia proactiva que atendieran los requerimientos informativos de la población sobre la pandemia. Su futilidad quedó en evidencia.

“Informar no es lo mismo que comunicar”, insistió Acuña Llamas, excomisionado presidente, “comunicar es decir casi como acto de fe: porque así es, porque así se ha hecho, porque así conviene o porque así se resuelve; (en cambio) informar es reconocer la réplica, reconocer las dudas crecientes y permanentes, ampliadas y extensivas”.

Efectos secundarios

REFUERZOS. Mientras equipos médicos de distintos puntos del país y el extranjero llegan a la CDMX para sumarse a la atención de los pacientes de Covid-19 hospitalizados, el Gobierno de la República entregó el Hospital General de Tláhuac, del ISSSTE, catalogado como el más moderno en su tipo en América Latina. Con una inversión de 2,300 millones de pesos en una construcción de 35,000 metros cuadrados hoy arranca operaciones en una fase inicial con 120 camas censables y 50 camas con ventilación. Cuando haya pasado la pandemia, atenderá a derechohabientes del ISSSTE con su infraestructura total, que es de 400 camas: 250 censables y 150 no censables; una sala de hemodiálisis de 50 sillas; 42 consultorios; ocho quirófanos y 32 especialidades.

Twitter: @aguirre_alberto



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