Debido a que los servicios que en general proporcionan los ecosistemas no se cuantifican en términos comparables con cualquier otro servicio económico, lamentablemente a veces se subestiman y minimizan las políticas que comprenden su uso y preservación.Puesto que los servicios ambientales contribuyen de forma determinante con el bienestar de la población, hay que darles su justo valor y peso, lo mismo que al capital natural, que es el que los genera. De ahí la pertinencia de evaluarlos económicamente para ampliar las bases de información e inducir el diseño de políticas y toma de decisiones racionales en su favor.Cabe aclarar que la mayor parte de los usos y propiedades intrínsecas de los servicios ambientales son intangibles y se encuentran fuera de los mercados económicos tradicionales, como la biodiversidad, el paisaje, la captación de bióxido de carbono y protección ante desastres naturales costeros, entre otros. Sin embargo, indudablemente tienen un gran peso, sino es que el mayor, en la valorización monetaria de los ecosistemas.A pesar de la dificultad de aplicar metodologías adecuadas y la complejidad de los procesos ambientales, existen cada vez más estudios que dan estimaciones del valor económico total de los ecosistemas más relevantes del planeta, y de sus servicios ecológicos asociados. Sirven así como una primera aproximación para hacer más aparente el valor potencial de los mismos, y para ligar en posteriores análisis la compleja dinámica de los procesos físicos y biológicos con el valor de estos procesos sobre el bienestar humano.