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El escritor en Pantuflas


By VEME - 07/11/19 12:53 PM




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Cuando escuchamos esa noche que la policía golpeaba la puerta, gritando que Yaneisi había secuestrado a su hijo y tenía que entregarlo, me acordé de la primera vez que lo vi. Llevaba pantuflas, pelos parados, bata rosa, mirada vidriosa. Fue en México. Un tipo al que Yane jamás hubiera mirado dos veces, pero cuando la volví a ver después de años, vivía con él, se iban a casar y se iban a vivir a España.

Yaneisi y yo crecimos juntas en el mismo pueblo; fuimos a la misma escuela; nos veíamos casi a diario. Ella es linda de verdad, alta, trigueña, ojos grandes. Los muchachos le sobraban. Siempre nos gustó el baile y la copa. Íbamos a Varadero juntas todo el verano. Primero llegó Juan, o Juanito, o Juanitico, estaba con nosotros  en el internado; juego de niños. Luego llegó Enriquito, ese era el que era. La derritió desde la primera vez que se vieron. Dicharajero y mujeriego de esos que saben endulsarte el oído. A ella se lo endulzó buen rato. Hasta que se hartó, mucha mujer y nada de trabajo; muy artista pero no veo para cuando. Y su madre, como jodía la mujercita. Que si Enriquito esto, que si Enriquito lo otro. Allá debe seguir, se la perdió. Vinieron otros, sin consecuencia. Para pasar el rato. En esas tardes de calor y oscuridad que uno nada más quiere estar tirada a la sombra, siempre hace falta un hombre. O dándose sillón en un balconcito, pues aunque fuera para decir algo.

Mireya, la mamá de Yane decía que le esperaban cosas grandes. Mira con lo linda que tú estás, puedes tener lo que quieras. Tú mueve esos ojitos y los tienes aquí comiendo de tu mano. Mejor le hubiera enseñado otra cosa, más le hubiera servido. Yo me fui con una beca para Alemania, y la dejé en la isla. La dejé con Luis, se llevaban bien, los dos idos pal carajo, sin darse cuenta de a dónde iba a parar la cosa. La mamá bien que le decía que se agarrara un extranjero, para salir, allá te las arreglas Yane, piénsalo, la cosa aquí está mala. Por eso me fui yo, y por eso se quedó ella. Ya cuando la cosa fue a peor tuvo que agarrarse de lo único que había y eso fue Ernesto. Dicen que muy inteligente, escritor de renombre. Si un hombre se midiera por eso. Es que no lo quiero. Lo que la ha hecho sufrir. Yo mejor por eso ando sola por el mundo. Para qué cargar con un huevón haciendo mi vida un infierno. Niños me gustan, y quién sabe algún día uno se escapa y tengo algún mulatito por acá dando guerra.

Lo conoció porque él grito de un balcón “abieeeelta” en ese sonsonete de los habaneros, nunca creyó que lo haría, apuesta de borrachos, ella subió, tocó la puerta y ahí sale este hombre riendo, ni disculpas pidió y le sampó un beso, eso le bastó a ella para dejarse arrastrar por él por medio mundo. La muy comemierda, mosquita muerta. Siempre callado creyendo que es más que el resto. Observando y juzgando. Ella fue dejando a sus amigos. Pasó mucho para que yo supiera de ella, no sabía siquiera que estaba tan cerca de mí.

Cuando la vi allá en México, el día que toqué y salió el hombre en pantuflas, ella se asomó detrás. Ah eres tú, me dijo después de años de no vernos. Mira no puedes pasar porque Ernesto está trabajando y no puedo hacer mucho ruido, deja me pongo algo y salimos. Tuve que esperar en la puerta, cerrada por supuesto. Salió después de un buen rato. Mira mima hoy no voy a poder, llámame el miércoles por la mañana, él no está, y me dio un abrazo. Vi que estaba llorando. Con lo que yo la quería, si éramos como hermanas. Pero si crecimos juntas, cómo la iba a dejar yo ahí. Nos vimos y me contó que él no era tan malo como parecía. Qué va a decir uno, si no le preguntan! Hablamos tanto, de mis viajes, de los suyos, de su vida metida en un departamento minúsculo en una Ciudad donde no conocía a nadie. Del dinero que no tenía, porque él no la dejaba trabajar, ni tampoco le daba. Si hasta la golpeaba. Mi niña! Cómo me dolía! Pero está de más hablar con alguien que no quiere escuchar. Cuando necesites mima, yo estoy aquí, conozco gente, háblame no te pierdas. Se perdió. La busqué, y cuando me vine a enterar ya estaba en España. Se fueron a Barcelona, si hizo que se sacara la nacionalidad española para que se la diera, y la muy monga todo hacía. Allá él consiguió trabajar en un periódico, le iba bien, por fin.

Si hasta pena me daba el pobre, tan feo y simplón. Creí que Yane, lo estaba usando de balsita, para salir de la isla. Pero de veras lo quería. Tuvieron un hijo allá en España. Ernestico. — Pero si ni cuenta se dio cuando nació, y ahora lo quiere, ¡sólo para joderme lo quiere!. Cuando nació Ernestico, él estaba en Cuba, fue a ver a su familia. Me dejó sola, no conocía a nadie. ¿Y ahora esto?

No supe de ellos todo el tiempo que Yane estuvo en Europa, la tenía encerrada, a ella y al niño. Ni su familia de la isla sabía, con lo que la quería su papá, si era la luz de sus ojos. — Tan linda que es mi niña, se merece que se la lleven de aquí decía. Un día apareció en mi puerta y casi no la reconozco. Acabada, flaca y triste, muy triste. Yane se había ido de España, había dejado a Ernesto.

— ¡Maricón, conmigo lo que sea pero con mi hijo no! fue lo primero que me dijo cuando le abrí.

Durmió tres días seguidos. Nunca hablamos de lo que pasó. No hacía falta. Ella es mi hermana, y eso nunca va a cambiar. El niño fue creciendo, lindísimo. La vida fue tomando su curso. Yane ya libre se puso a trabajar, a veces sonreía. Hasta que llegó la policía con una orden de una corte internacional dando gritos y se los llevaron a ella y al niño. A ella la acusaron de secuestro, de haber sacado al niño de España sin el consentimiento de él, está en la cárcel todavía. Al niño se lo llevaron para Europa vaya usted a saber qué sea de él. El tipo sigue escribiendo y recibiendo premios. Si es tan inteligente, y mira que sabe escribir. De su último libro decía la crítica: “El lleva al extremo todas y cada una de las virtudes y defectos de las diferentes etapas de la vida de un ser humano; es el más divertido y caprichoso de los niños; el más apasionado y lascivo joven; el más normal y sociable hombre maduro; el más cómplice y complicado anciano. Leer a ES, es embarcarnos en un viaje hacia una narrativa llena de crítica social, pero también de sensualidad, de inocencia, de amor y de naturaleza…”

Anitzel Díaz



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