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El anitneoliberalismo del Presidente


Víctor Kerber - 03/25/19 2:24 PM




BUZOS EN LA DIPLOMACIA

El anitneoliberalismo del Presidente

Debo confesar que aún no entiendo del todo a qué se refiere el Presidente López Obrador cuando habla del neoliberalismo.

El 17 de marzo pasado, durante su conferencia mañanera, declaró formalmente abolido el neoliberalismo. Así nomás. Como si por arte de magia se pudiera cancelar todo un sistema de operación. Lo mismo hizo el revolucionario ruso Vladimir Lenin cuando llegó al poder en 1917: declaró suprimido el capitalismo. Más tarde se dio cuenta de que no era tan fácil deshacerse de los vestigios de un sistema, para implantar otro diametralmente opuesto.

En breve, permítame explicarle cuáles son las bases teóricas de eso que se da en llamar “neoliberalismo”, el cual, a mi parecer tiene un poco confundido al señor Presidente.

Después de la segunda guerra mundial, varios países optaron por proteger sus mercados contra la competencia de otros a fin de salvaguardar sus soberanías económicas y financieras. Era explicable que lo hicieran; la guerra había causado tales niveles de destrucción, que se volvía necesario reacomodar las cosas al interior. Así pues, los ingleses se ocuparon de reapuntalar a sus empresas nacionales. Y los franceses ni se diga, con el general Charles de Gaulle a la cabeza. Los japoneses también protegieron a sus empresas y a sus consumidores. Varios estados acudieron entonces al rescate de sus empresas nacionales mediante créditos blandos, la implantación de barreras arancelarias y la promulgación de leyes nacionalistas.

En México se hizo lo propio: también aquí se implementaron políticas en las que el estado se hizo cargo de dirigir la economía, a la vez que participaba como jugador mediante empresas paraestatales. A PEMEX, por ejemplo, se le protegió impidiendo a toda costa que ninguna otra productora de gasolina pudiera competir en el mercado mexicano; sólo PEMEX producía, repartía y se beneficiaba de la venta de gasolinas.

Algo parecido sucedió con la banca: el estado protegió a los banqueros mexicanos, impidiendo que los bancos extranjeros se introdujeran en el control de las finanzas nacionales. Si se necesitaban fondos externos, era el gobierno el que los solicitaba mediante la contratación de créditos externos.

Se acordará, sin embargo, que, en 1982, cuando la producción petrolera de PEMEX se encontraba en su apogeo, ocurrió una crisis económica inesperada: bajaron los precios internacionales del petróleo y subieron las tasas de interés interbancarias.

Para México, aquello fue desastroso, ya que se registraron menos ingresos al país por la venta de petróleo (nuestro principal producto de exportación) y aumentó el servicio de la deuda. El entonces Presidente José López Portillo tomó entonces una decisión desesperada: les echó la culpa a los banqueros mexicanos de haber sido ellos los causantes de la crisis, y decretó la expropiación de los bancos privados.

Por aquellos años, sin embargo, la tendencia mundial iba a contracorriente de la decisión de López Portillo. Inspirados por las teorías del premio nobel de economía, Milton Friedman, los estados en Europa y Asia más bien tendían a deshacerse de las empresas estatales bajo su control, sobre la base de que el papel del estado es el de regulador de la economía, no el de empresario.

Los organismos financieros internacionales, como el banco mundial y el FMI, asumieron que lo correcto para la buena funcionalidad de las economías, era adelgazar a los estados y privatizar a las empresas bajo su control. De manera que cuando México acudió a esas instancias para solicitar préstamos para pagar los intereses de la deuda contraída con los bancos privados extranjeros, tanto el banco mundial como el FMI impusieron sus condiciones: México debía reprivatizar la banca y permitir la libre competencia en sus mercados domésticos.

Para cumplir con esas determinaciones, el Gobierno del Presidente Miguel de la Madrid hurtado puso de nuevo a la venta a los bancos que meses atrás se habían expropiado, e inició un proceso de reducción de barreras a la libre competencia en los mercados mexicanos, esa se considera como la esencia del neoliberalismo.

Obvia decir que cuando se abrieron a la venta los bancos que administraba el gobierno, varios banqueros internacionales acudieron al rescate. Así fue como aparecieron en el panorama firmas que antes ni siquiera existían, como HSBC, Santander o Scotiabank.

Carlos Salinas de Gortari, llevó los procesos aún más lejos: firmó tratados de libre comercio con diversas naciones (de manera prominente con Estados Unidos y Canadá), y puso a la venta empresas como teléfonos de México y las televisoras estatales. Telmex fue adquirido por el empresario Carlos Slim, y la principal televisora del Estado se le vendió a Ricardo Salinas Pliego.

Ahora bien, ¿qué fue lo que hizo mal el Presidente Salinas?

Al parecer se avorazó es decir, no sólo inclinó la balanza de las licitaciones a favor de sus parientes y amigos, sino que se sospecha que él mismo se convirtió en accionista de las empresas que favoreció.

Eso es corrupción. Y este es precisamente el neoliberalismo que condena el actual Presidente López Obrador, por eso su encono contra Carlos Salinas de Gortari y lo que él denomina como “la mafia del poder”.

La tendencia privatizadora prosiguió y la corrupción también, hasta la presidencia de Enrique Peña Nieto, quien al parecer estaba más que dispuesto a privatizar el último reducto del poder estatal, petróleos mexicanos, a través de una reforma energética.

La proclividad de Peña hacia la corrupción, sin embargo, harían pensar que seguramente también él deseaba insertarse como accionista en los proyectos que impulsó, como por ejemplo la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, mismo que el Presidente López Obrador ya suspendió.

Lo que a mi no me checa aún, en lo personal, es que sí de veras se quiere ser congruente con un discurso contrario al neoliberalismo, ¿por qué el Gobierno de López Obrador accedió a firmar un nuevo tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá? ¿por qué México no se desprende de la OMC, o del BM, o del FMI, organismos éstos eminentemente neoliberales? ¿por qué seguimos siendo miembros de la OECD, presidida por un consumado neoliberal mexicano llamado José Ángel Gurría Treviño?

Como se ve, aunque se haya declarado el fin del neoliberalismo, el neoliberalismo, en la práctica, sigue aquí con nosotros. Y, por cierto, si se analiza con detenimiento el proyecto de nación de don Benito Juárez, a quien el Presidente admira, se trataban de un proyecto indiscutiblemente privatizador y volcado hacia la apertura de los mercados. Neoliberal al fin.

By @VKerber



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