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De virus y pandemias


By VEME - 03/18/20 9:43 AM



archivo EUA

Hace 102 años, la influenza española “barrió” al mundo. Sin embargo, ahí se aprendió que abrir ventanas para que entrara el sol, ventilar pues, ayudaba a combatir tan mortal enfermedad.

En los años ochenta llegó el SIDA con toda la carga de castigo a pecadores, se escondía, se negaba, se moría a solas. Luego, hace unos diez años la influenza con denominación más técnica, desató desde México, el miedo a lo desconocido.

No había estudios suficientes para explicar su aparición, mucho menos para generar una vacuna. Y de ahí, varios virus con nombres raros, aparecen, crecen y desaparecen.

Y entonces, el coronavirus estrena la década de los veinte en el siglo XXI . Y con él, la incredulidad. El asombro. El córrele porque te alcanza. Y llegué a una conclusión: No es que sea un virus el que nos acecha, es su capacidad de adaptación.

No es la ciencia médica la que nos asombra, es la tecnología que le rodea. No es el miedo a enfermarnos, es el terror a no ser inmunes y de cómo en un mundo donde las fronteras se borran, dónde se acorta el tiempo y dónde la inmediatez es escencial, no haya dónde escondernos y a dejar tu nombre para ser un número y eventualmente, parte de la estadística y así, desaparecer.

Tratamientos al aire libre

Tratamiento al aire libre en 1918 Durante la gran pandemia, dos de los peores lugares para estar fueron los cuarteles militares y las naves de tropa. El hacinamiento y la mala ventilación ponen a los soldados y marineros en alto riesgo de contraer influenza y otras infecciones que a menudo la siguen.

Al igual que con el brote actual de Covid-19, la mayoría de las víctimas de la llamada ‘gripe española’ sí no mueren de gripe: murieron de neumonía y otras complicaciones.

Cuando la pandemia de gripe llegó a la costa este de los Estados Unidos en 1918, la ciudad de Boston fue particularmente afectada. Entonces, la Guardia del Estado estableció un hospital de emergencia. Tomaron los peores casos entre marineros en barcos en el puerto de Boston. El oficial médico del hospital había notado que los marineros más gravemente enfermos habían estado en espacios mal ventilados.

Entonces les dio la mayor cantidad de aire fresco posible colocándolos en carpas. Y cuando hacía buen tiempo, los sacaban de sus tiendas y los ponían al sol. En este momento, era una práctica común llevar a los soldados enfermos al aire libre. La terapia al aire libre, como se la conocía, se usaba ampliamente en las víctimas del Frente Occidental.

Y se convirtió en el tratamiento de elección para otra infección respiratoria común y a menudo mortal de la época; tuberculosis. Los pacientes fueron colocados afuera en sus camas para respirar aire fresco al aire libre. O fueron atendidos en salas de ventilación cruzada con las ventanas abiertas día y noche. El régimen al aire libre siguió siendo popular hasta que los antibióticos lo reemplazaron en la década de 1950.

Patricia Villareal y https://medium.com/@ra.hobday/coronavirus-and-the-sun-a-lesson-from-the-1918-influenza-pandemic-509151dc8065



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