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De las estancias infantiles: asistentas educativas


By VEME - 02/14/19 8:50 AM




Lo que más abunda son los análisis de las expertas y expertos en el tema del cuidado, las feministas liberales que hablan del derecho a las madres de tener dónde dejar a sus hijas e hijos para poder ir a trabajar, del derecho al cuidado de las niñas y niños, de la responsabilidad que tiene el Estado, y el Estado diciendo que de los cuidados se había hecho un negocio que generó corrupción.

Por supuesto que también están las protestas de las directoras y dueñas de las estancias, quienes dicen estar luchando por los derechos de las niñas y niños aunque, en realidad, algunas de ellas se verán más afectadas que las niñas y niños.

Ilustración: Lucy Fleming

Pero lo que definitivamente no mencionan es que, el cuidado es un trabajo que desempeñan mujeres de todas las edades, y en el caso de las estancias infantiles el 98% son mujeres a partir de la mayoría de edad, las hay de 18 hasta 60 y tantos años, quizá más grandes de edad.

Hay estudiantes, generalmente de las carreras que tienen que ver con la educación, que llegaron a dar su servicio social y después se quedaron a laborar ahí, mujeres con secundaria concluida, otras con preparatoria, puericultoras, con carrera trunca, en realidad la preparación académica no importa mucho, ya que el Estado capacita para saber “realizar bien el trabajo de cuidado, limpieza, y cocina” pues en algunas estancias, estas mujeres realizan todas esas labores.

Estas mujeres a las que llaman asistentes educativas, mises, maestras, y a las que nadie menciona excepto en algunas ocasiones para decir que no hay dinero para pagar su salario o que no hacen bien su trabajo, son alrededor de 30,000 en todo el país.

Ellas saben lo que significa y vale su trabajo, pero la mayoría de ellas piensa que no es valorado y no se equivocan, hace unos días el Secretario de Hacienda dijo: “… la abuela va a cuidar quizá mejor a los niños y niñas que las propias estancias infantiles”, comentario que invisibiliza y ningunea totalmente su trabajo.

Por supuesto no desdeño el trabajo que realizan las abuelas, sin embargo, el señor Secretario de Hacienda no tiene porqué disponer de su tiempo para lo que él crea más conveniente; su comentario además perpetúa la histórica competencia entre mujeres que tanto daño nos ha hecho.

Una asistente educativa de una estancia infantil promedio de la ex SEDESOL trabaja 8 a 10 horas al día en el cuidado de bebas y bebos, niñas y niños y gana alrededor de 4,000 a 6,000 pesos mensuales, a veces sin prestaciones mínimas de ley. Quizá su día comience consolando el llanto de una beba a la hora de la entrada, para que luego llegue la compañera a apoyarle con una caricia para la beba, mientras le cuenta la odisea que vivió en el tráfico para llegar al trabajo, al mismo tiempo que le pregunta si quiere café, pues la jornada será como todos los días cansada, ardua, y definitivamente se necesita café.

La Asistente después de cierto tiempo ya conoce ciertas condiciones de bebas y bebos, sabe que a cierta beba la dejan desde las 7:45 hasta las 18:00 horas, y que durante ese tiempo hay que cantar de 5 u 8 veces el popurrí de las manos porque a la beba le gusta mucho, que es muy sensible de la piel y que hay que estar pendiente y revisar constantemente el pañal para cambiarlo inmediatamente después de cada orina, que tiende a estreñirse, y que hay que darle mucha agua durante la jornada, sabe que algo sucede en casa porque empezó a enojarse de todo, pega y llora más de lo normal.

Sabe que a otra beba le da miedo apropiarse del espacio, correr y moverse, que no le gusta el contacto físico con los bebos porque ya la han tirado y lastimado, sin embargo, la anima para que su motricidad gruesa no se vea afectada perjudicándole la etapa de aprendizaje de lectura y escritura; sabe también que definitivamente ese vestido tan hermoso y amplio que le pone mamá la hace tropezar a la hora de incorporarse para caminar o correr.

Observa que aquel bebo que tanto miedo le daba sostenerse de pie y andar, por fin lo hizo, frente a ella, y sólo lo vio ella, así que les comenta a sus compañeras a la hora de la comida y hacen fiesta, aplauden y echan porras al bebo, mientras las compañeras también le comparten lo vivido con las bebas y bebos que tienen a su cuidado. Todo esto sucede entre risas y carcajadas, por la ternura que les provocan esas bebas y bebos.

Sabe también de las madres que son solas, y a veces no quiere, pero tiene que referirle a una de ellas lo que observó “mal” en el comportamiento de su beba o bebo, sabe que su bitácora la hará sentir mala madre y le regresará o le aumentará la culpa por “abandonar” e irse a trabajar. Algunas de las asistentes también son madres, y se identifican con el dolor, la culpa y la carga de la doble jornada, las dos lo saben: la madre trabajadora que deja a su beba o bebo, y la madre que trabaja para su cuidado y sano desarrollo; pero a veces, sólo se necesita una mirada y una sonrisa para saberse mutuamente comprendidas.

Los días de quincena se convierten en festivos y se celebra ordenando chilaquiles verdes a domicilio, gusto que se renovará cada quince días, además de realizar pagos y entregas de esas cosas que sólo se venden y compran entre mujeres para ayudarse a subsistir.

A pesar de la mala paga, a la mayoría les gusta su trabajo, han aprendido a amarlo, porque se llegan a crear vínculos afectivos con los pequeñitos y pequeñitas que las llenan de satisfacciones, a través de sus conversaciones, caricias, abrazos, miradas risas y sonrisas verdaderamente honestas, pero también por el gusto de trabajar sólo entre mujeres en una estancia.

Todo esto y muchísimo más se comparte en esa maravillosa comunidad de mujeres que se crea en una estancia infantil, porque es un trabajo de mujeres, para mujeres, trabajo que es observado por las supervisoras y supervisores de las instituciones, académicas y académicos, que después de ello van hacer sus análisis, estudios, reflexiones y teorías sobre el cuidado sin mencionarlas a ellas, para después darles capacitación para que ellas sepan cómo hay que planear, dirigirse, “enseñar” y calificar para un buen desarrollo integral de las bebas y bebos y así regresar al inicio de la historia de la “pedagogía” occidental: la esclavitud de las asistentes educativas, de las niñeras, de las maestras.

Luz Gabriela Guzmán Nieves

http://www.la-critica.org 



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