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Cuando el fuchi guácala falla


By VEME - 10/17/19 9:21 AM




El pasado lunes, a las 7:35 AM, en la localidad conocida como ‘El Aguaje’, municipio de Aguililla, Michoacán, un o oconvoy de la policía michoacana fue emboscado por elementos del Cártel de Jalisco Nueva Generación. La celada produjo un saldo de trece policías muertos y 9 heridos. Aproximadamente a la misma hora que el lamentable suceso se llevaba a cabo en tierras michoacanas, en la Ciudad de México, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo Montaño, daba a conocer un Informe de Seguridad en el que expresó que si bien “no hay nada que festejar”, se ha logrado un “punto de inflexión” en las cifras de homicidios dolosos.

Para saber lo que el señor Durazo quiso exactamente decir con la locución “punto de inflexión”, recurrí al diccionario que define: Inflexión: 1.- Torcimiento o comba de algo que estaba recto o plano. De la explicación anterior concluyo que “los homicidios dolosos que estaban rectos o planos llegaron a un punto donde se torcieron, es decir, se hicieron una comba”. Enseguida en el mismo mamotreto busqué el significado del sustantivo comba: 1.- Inflexión que toman algunos cuerpos sólidos cuando se encorvan; como los maderos, las barras, etc. (¿En el etcétera estarán incluidos los homicidios dolosos?). 

No conforme con las dos acepciones del diccionario, consulté un ensayo del abogado y maestro Diego Gómez Ojeda, titulado: “Ética, estética y otras cosas”, donde se refiere a la expresión “punto de inflexión”.

La define así: La expresión punto de inflexión técnicamente es un punto donde los valores de x de una función continua pasan de un tipo de concavidad a otro, o el punto de una curva en que cambia de sentido su curvatura. Se puede decir también que es el torcimiento o comba de algo que está recto o plano. Es obvio decir que este punto puede ser positivo o negativo en valores de representación. (Oiga asté, más claro ni el agua que corre por las tuberías de Iztapalapa).

Lo que el secretario Durazo quiso decir es que el crecimiento de los homicidios dolosos se ha estabilizado en los primeros nueve meses del gobierno actual. Lo cual significa que las cosas no van de mal en peor, como a veces se percibe, sino que nada más van de mal en mal. 

Para expresar su aserto el secretario no tomó en cuenta la masacre que en esos momentos se realizaba en Aguililla y, obviamente, sin saber las hostilidades que antier (martes) tuvieron por escenario la comunidad de Tepochica, en Iguala, Guerrero, que tuvo como consecuencia que un militar y 14 civiles que estaban armados murieran. Tal vez los sucesos sangrientos de lunes y martes afecten las cifras y en lugar de estar en un punto de inflexión los homicidios dolosos hayan llegado a un punto que en lenguaje cotidiano se podría expresar como de “voy derecho y no me quito, si me pegan me desquito”.

¿Qué hacía un comando de poco más de 40 elementos policiacos, a bordo de cinco camionetas, a las siete y media de la mañana en ‘El Aguaje’? Es la pregunta que se impone. El secretario de Seguridad Pública de Michoacán, Israel Patrón Reyes, explicó que tal cantidad de policías iba hacia el municipio de Aguililla a recoger a una mujer y a su hija para trasladarlas ante un juez Penal del Distrito Judicial de Apatzingán que había solicitado su presencia por un problema familiar. Hizo ver que para un caso semejante en la capital del estado, Morelia, hubiera sido suficiente transportar a las dos mujeres en una sola patrulla, pero que debido a la inseguridad que hay en toda la zona conocida como Tierra Caliente, había que ir bien reforzados. La región calentana es un peligroso campo de batalla del Cártel de Jalisco Nueva Generación, Los Viagras, Los Caballeros Templarios y los Cuinis, que se disputan el territorio. (Qué tal si no los “refuerzan”. No habría quedado nadie para contar lo ocurrido). 

Según el testimonio de sus familiares, prácticamente los policías iban desarmados. Sergio Reynel Cedeño, hijo de un comandante fallecido en la emboscada, dijo que el último chaleco antibalas que recibió su padre se lo dieron hace más de cinco años. (Vamos, ni siquiera fueron instruidos en usar el conjuro fuchi guácala contra los malandrines y si lo utilizaron les falló. Tampoco hay modo de acusar a los malosos con su mamá porque no tienen). 

En el velorio —homenaje oficial— de los fallecidos —sólo 6 de las 13 familias lo aceptaron— el gobernador michoacano, Silvano Aureoles, dijo lo que los gobernantes acostumbran decir en estos casos adoptando la impostura de la aflicción: “No va a quedar impune este cobarde asesinato de nuestros compañeros y no los vamos a dejar solos. Personalmente me voy a ocupar para que ustedes puedan tener lo necesario”. (Habrá que darle seguimiento para ver si cumple o es puro pájaro nalgón). 

Al final de la ceremonia una madre con el dolor clavado en lo más profundo de su ser expresó: “No es justo. ¿Por qué los manda al matadero así? Que los mande con armas, que los mande a defender al pueblo no a que los maten, porque eso es lo que hacen. ¿Pregunten? ¿Qué armas llevaban? Hay niños de 18 y 19 años ahí muertos. Y no tengo miedo a ninguna represalia de ese hipócrita que se acaba de ir”.



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