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CIEN AÑOS DE SOLEDAD: EL QUIJOTE AMERICANO


By VEME - 04/17/18 9:00 AM

100 años de soledad que a nadie le gustaría vivir ni siquiera en los tiempos del cólera. ¡Vaya libro! De lo mejor que nos ha dado la literatura latinoamericana.



lustrado por Miguel Bustos

Marisol Pardo Cué

Tras haber leído el manuscrito de Cien años de soledad, Carlos Fuentes, en una carta a su amigo Julio Cortázar, la definió como “Un Quijote americano, un Quijote capturado entre las montañas y la selva, privado de llanuras, un Quijote enclaustrado que por eso debe enfrentar al mundo a partir de cuatro paredes derrumbadas”. Al escritor mexicano la novela del colombiano, Gabriel García Márquez, le pareció “una crónica exaltante y triste, una prosa sin desmayo, una imaginación liberadora.” Y es que efectivamente, la historia que ahí se narra constituye un aluvión de episodios delirantes, de sucesivas existencias marcadas por un trágico destino. Fecunda en personajes, paisajes, imágenes y palabras, representa una metáfora de América Latina, de sus costumbres y leyendas, pero, también, de su historia de dependencias y originalidades.

Escrita en la Ciudad de México, fue publicada por primera vez en 1967 en Buenos Aires. Según algunas estimaciones, hasta la fecha se han vendido más de 50 millones de ejemplares y ha sido traducida a más de 40 idiomas. El eje del argumento lo constituye la historia de la familia Buendía, muy estrechamente ligada a la de Macondo, pueblo que ellos fundan y al que también le dan fin, evocando el Génesis y el Apocalipsis bíblico. Sin embargo, la obra es compleja no sólo por la abigarrada sucesión de personajes y de sucesos sino porque entrevera realidad y fantasía, por su tiempo pendular (el pasado se reitera en el presente y el futuro es previsible porque de alguna manera ya se anunció) y porque los nombres de la estirpe Buendía se repiten en cada generación. Por ello es recomendable que el lector realice desde el inicio un árbol genealógico de la familia o bien se remita a alguno accesible en algunas ediciones o en internet.

La historia comienza con el matrimonio de José Arcadio Buendía y su prima Úrsula Iguarán quien, por este parentesco, tiene miedo a consumar el matrimonio pues se dice que sus hijos nacerán con cola de cerdo o iguana. Tras un duelo en el que José Arcadio mata a un hombre que cuestiona su hombría y que a partir de entonces se le aparecerá constantemente, la pareja, sale huyendo seguida de otras familias para fundar el pueblo de Macondo, en una especie de éxodo bíblico. En el trayecto, nace su hijo primogénito José Arcadio y ya en el pueblo Aureliano y Amaranta.

El único contacto que los habitantes de Macondo tienen con el exterior lo constituyen las periódicas visitas de unos gitanos encabezados por Melquíades quien lleva al pueblo nuevos y fascinantes inventos (desde los imanes, la lupa, el astrolabio o el daguerrotipo hasta la dentadura postiza) con los que José Arcadio planea revolucionar la vida del pueblo, siempre sin éxito. Debido al interés de éste por las maravillas presentadas, traba una gran amistad con Melquíades quien le regala un laboratorio de alquimia y, después de morir, unos pergaminos escritos en un lenguaje incomprensible que algunos de los descendientes tratarán de descifrar y que no serán sino el manuscrito que dará pie a la novela (lo que representa el fatalismo de una realidad –personal y social- anunciada).

Este será el inicio de una historia fantástica en la que siete generaciones sucesivas de la estirpe Buendía se verán enfrentadas a algunos de los problemas propios de la Latinoamérica de finales del siglo XIX y principios del XX como la guerra civil, la pugna entre los gobiernos liberales y conservadores, la introducción de las empresas transnacionales que llevan al pueblo a la quiebra y la llegada de aparatos modernos como el tren, el fonógrafo y el cine. Además, en la novela el autor desarrolla temas propios de la cultura y la mentalidad de nuestros países como el matrimonio entre familias, el machismo, la violencia, la brujería, la resignación, la pobreza, la desesperanza. Sin embargo, la tragedia se ve matizada por lo insólito de las situaciones fantásticas que son narradas con tal naturalidad que el lector las siente como verosímiles: la longevidad extraordinaria de algunos personajes, lluvias de flores, diluvios, apariciones y diálogos con muertos, levitaciones, etc (por mencionar sólo los de influjo bíblico). La novela está salpicada de numerosos episodios en los que el reconocimiento de una realidad tercermundista pero también la sorpresa, la fantasía y el humor negro despiertan la atención, la fascinación y la curiosidad del lector. Su poder de seducción radica en que es a la vez evocación y revelación; reivindicación y parodia.

Y es que Cien años de soledad contiene cierta carga de denuncia social sin ser propagandística. Mientras que Macondo en sus orígenes podía ser comparado con un paraíso natural en el que imperaba la buena vecindad, la paz y la tranquilidad, las sucesivas generaciones son testigos de su erosión, decadencia y destrucción debido a las guerras civiles, la fiebre del plátano, la inmigración de extranjeros advenedizos, el odio político, e incluso, a la llegada de la tecnología. Los ideales se convierten en absurdas luchas por el poder producto de una ciega soberbia y la intromisión extranjera en expolio y ruinas. Así, lo imaginario se entrelaza con la historia de Colombia y con las lacras que afectan a toda Latinoamérica como el neocolonialismo, la explotación o la incoherencia ideológica (las diferencias entre liberales y conservadores se reducen a que unos van a misa de cinco y otros de nueve) pero también la desmemoria (impuesta y voluntaria) representada en la peste de amnesia o los olvidos de la historia oficial, y la insolidaridad que nos condena a la soledad. En el implacable devenir de los hechos, los personajes parecen predestinados a padecer un profundo aislamiento, incapacitados o imposibilitados de establecer relaciones humanas sinceras y duraderas. Tal vez por ello, el incesto es una constante en la historia.

Y en este juego de espejos, la novela es también, un ejercicio de evocación nostálgica de la memoria personal. En ella García Márquez nos deja un testimonio por demás original de su infancia, transcurrida en una casa grande dentro de un pequeño pueblo pletórico de leyendas y folclore popular pero cerrado en si mismo, con una hermana que comía tierra, una abuela que adivinaba el futuro, un abuelo que peroraba las más fabulosas anécdotas de sus intervenciones en la guerra civil y con sus múltiples parientes de nombres iguales.

Es evidente que el éxito extraordinario de Cien años de soledad tuvo que ver con la visión maravillosa y maravillada de la realidad y de la historia que propone y por la espléndida red de asombros que presenta, pero su secreto también radica en la propia narración: la manera en que conjuga los ingredientes míticos y folclóricos para transformar lo inverosímil en cotidiano es magistral pues revela todas las posibilidades evocadoras del lenguaje. Es una novela escrita para que el lector goce el relato mientras se embelesa en el idioma. Su lectura descubre hasta qué altura puede llegar el español. Por ello Carlos Monsivais la calificó como un clásico instantáneo y en el 2007, durante el IV Congreso Internacional de la Lengua Española, fue considerada como la segunda obra más importante escrita en castellano después del Quijote.

A continuación, presento un pequeño esquema de los personajes con la intención de auxiliar a aquellos que pretendan adentrarse en la lectura de esta obra maestra.
PRIMERA GENERACIÓN. Los fundadores de Macondo y patriarcas de la familia: José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán.

SEGUNDA GENERACIÓN. Los tres hijos naturales de la pareja: José Arcadio, Aureliano y Amaranta. Y una hija adoptiva: Rebeca.

TERCERA GENERACIÓN: Arcadio (hijo de José Arcadio y Pilar Ternera), Aureliano José (hijo de Aureliano y Pilar Ternera), Santa Sofía de la Piedad (esposa de Arcadio), 17 Aurelianos (hijos de Aureliano con diferentes madres).

CUARTA GENERACIÓN: Los tres hijos de Arcadio y Santa Sofía de la Piedad: Remedios la bella, José Arcadio Segundo, Aureliano Segundo. Fernanda del Carpio (esposa de este último).

QUINTA GENERACIÓN: Los tres hijos de Aureliano Segundo y Fernanda del Carpio: Renata Remedios (Meme), José Arcadio y Amaranta Úrsula.

SEXTA GENETACIÓN: Aureliano Babilonia (hijo ilegítimo de Meme y Mauricio Babilonia).
SÉPTIMA GENERACIÓN: Aureliano (hijo de Amaranta Úrsula y su sobrino Aureliano Babilonia).

 





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