BUZOS EN LA DIPLOMACIA

China, la potencia del momento

No cabe duda de que China es hoy por hoy la única potencia mundial capaz de hablarle de tu a tu a los Estados Unidos. Sólo que los estadounidenses, montados en su arrogancia, han creído desde siempre que china es un país básicamente rural, atrasado y manipulable. Donald Trump, desde luego, no es la excepción.

Al término de la segunda guerra mundial, el gobierno de Harry Truman pensó que los comunistas chinos, al mando de Mao Tse Tung , se subordinarían fácilmente a los designios imperiales de los estados unidos , y que el gran mercado chino se abriría a los inversionistas norteamericanos . Y se equivocó. No sólo Mao Tse Tung no se subordinó a los EUA, sino que incluso dominó el escenario político de su país con un discurso antinorteamericano, hasta que el Presidente Richard Nixon decidió reconocer el estatus de china como potencia mundial en 1972.

Años después, con la llegada de Deng Xiaoping al poder en China y con los cambios estructurales que él emprendió, los sucesivos gobiernos norteamericanos creyeron que aquellas eran simples ficciones creadas por Deng, y que la transformación comercial e industrial de su país de 1,300 millones de habitantes no era más que una llamarada de petate. Producir barato en China, para después exportar los productos a los estados unidos parecía ser un extraordinario negocio, hasta que la brecha comercial comenzó a crecer y crecer.

Actualmente Donald Trump está alarmadísimo porque el déficit comercial de su país frente a China supera los 300 mil millones de dólares en los primeros tres trimestres de este año.

Su solución ha sido imponer tarifas arancelarias contra los productos importados desde China; sólo que la medida puede resultar en un tiro en el zapato, puesto que un gran monto de productos elaborados y empacados en china corresponde a empresas norteamericanas apostadas en ese país. Los chinos, desde luego, han respondido con medidas equivalentes que obviamente también afectan a las importaciones estadounidenses.

Por donde quiera que se vea, es el público norteamericano el que sale perdiendo con una guerra comercial.

Y si bien los norteamericanos han sido arrogantes con respecto a China, los gobiernos mexicanos de los últimos 20 años han sido lisa y llanamente ingenuos .

En México se mantuvo durante años la idea de que las manufacturas chinas eran todas de tan mala calidad, y que china se encontraba tan lejos , que no competirían contra los productos mexicanos en el mercado estadounidense.

Pues no, la verdad es que desde hace ya varios años no sólo china desplazó a México como principal exportador hacia los EUA, sino que nuestro déficit comercial con este país es apabullante, superior a los 60 mil millones de dólares.

Claramente, el tratado comercial concluido hace pocas semanas con Estados Unidos y Canadá tiene una orientación anti China. Es evidente que las nuevas reglas de origen establecidas en el T-MEC buscan evitar en buena medida la importación de más componentes chinos.

De manera que al admitir México las nuevas condiciones establecidas en el T-MEC, hemos de entender que ya tomamos partido en el marco de la gran confrontación comercial que se avecina entre estados unidos y la república popular de china .

Sucede, sin embargo, que el próximo secretario de relaciones exteriores en el gobierno de AMLO , Marcelo Ebrard Casaubón , quien anda de gira por China justamente en estos días , ha dicho que el gobierno de AMLO pretende abrir “un nuevo capítulo en la relación bilateral” .

Ebrard está en China con pasaje pagado por los propios chinos. Lo acompañan la futura Secretaria de Economía, Graciela Márquez Colín, y el gobernador electo del Estado de Chiapas, Rutilio Escandón .

La verdad es que los chinos tienen pretensiones sobre México, y no estoy tan seguro de que los mexicanos estemos tan conscientes de eso.

La parte mexicana está sondeando la posibilidad de que los capitales chinos participen sobre todo en la construcción del Tren Maya para el sureste mexicano; ello explica la incorporación del Gobernador electo de Chiapas en la comitiva. Sin embargo, los chinos están empeñados en incorporar a nuestro país en un proyecto propio de dimensiones mundiales conocido como “Belt and road initiative”: iniciativa del “cinturón y ruta de la seda” .

No se trata para nada una iniciativa cándida y altruista, puesto que persigue entre otras cosas el objetivo establecido por el Presidente Xi Jinping de proyectar a China como una potencia hegemónica a nivel mundial .

La pregunta que se me ocurre es: ¿estará consciente el Presidente electo de México de los riesgos que implicaría comprometer a los chinos en el desarrollo de la infraestructura mexicana?

De un lado, México tendría que desarrollar una diplomacia que tranquilice a los norteamericanos en caso de que ellos sientan que México está coqueteando demasiado con el Gobierno de Pekín, y de otro lado, tendría que calcular debidamente las consecuencias de incorporarse a la iniciativa del cinturón de la seda chino.

Lo dejo como una gran cuestionante. Seguramente habremos de retomar el tema más adelante porque lo que se ve venir son fricciones a diversos niveles, sin exentar las que podrían desatarse en el interior de nuestro país en caso de que los chinos emprendan la construcción del tren maya en el sureste mexicano.

 By Víctor Kerber