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Brexit


By VEME - 10/8/19 2:34 PM




Buzos en la Diplomacia

Gerardo Traslosheros

Reino Unido está compuesto por Inglaterra, Escocia, Gales, y de manera significativa para el Brexit, por Irlanda del Norte. La Unión Europea asemeja una federación de estados que permite entre sus 28 miembros actuales, incluyendo el Reino Unido y la República de Irlanda, el libre movimiento de personas, bienes, servicios y capitales (las llamadas cuatro libertades).

Ante el descontento por la creciente inmigración de buena parte de su población y el malestar por la cesión de soberanía a la Unión Europea de los nacionalistas, en junio del 2016 en el Reino Unido tuvo lugar un referéndum que resultó favorable por un margen de cuatro puntos porcentuales a la decisión de abandonar la Unión Europea. Reino Unido ingresó a la Unión Europea en 1973 y tiene como plazo este próximo 31 de octubre para retirarse de la Unión Europea, con o sin acuerdo, o bien solicitar una nueva extensión de plazo.

Presionado por el ala radical de su partido, el conservador ex Primer Ministro David Cameron, quien estaba a favor de permanecer en la Unión Europea, llevó a cabo el referéndum en junio de 2016, mismo que pierde por lo que renuncia. Theresa May asume el cargo de Primer Ministro, quien a su vez negocia un acuerdo para el Brexit con la Unión Europea al que se llega en noviembre del 2018. Este acuerdo es rechazado tres veces por el parlamento británico y dos veces es ampliado el plazo para la salida del Reino Unido, por lo que Theresa May renuncia y resulta electo como Primer Ministro el archiconservador y rabioso proponente del Brexit, Boris Johnson, quien ha amenazado con salirse de la Unión Europea el 31 de octubre aún sin tener un acuerdo bajo un “Hard Brexit”, caso no se logre uno nuevo aceptable para las partes en los próximos días. Ante la amenaza del “Hard Brexit”, su parlamento le prohibió abandonar la Unión Europea sin un acuerdo que antes pueda ser ratificado.

Bajo el acuerdo de Theresa May, Irlanda del Norte y el Reino Unido deberán permanecer en la Unión Aduanera y en parte del Mercado Común Europeo, manteniendo las cuatro libertades fundamentales por un periodo de transición de 21 meses, dentro de los cuales se deberá negociar un nuevo acuerdo satisfactorio para las partes de carácter permanente. Bajo el acuerdo logrado, pero no ratificado, Reino Unido en la transición deberá respetar todas las reglas de la Unión Europea pero no podrá decidir dichas reglas. El periodo de transición podrá extenderse por acuerdo mutuo.

Como resultado del Brexit, las Cortes, Leyes y Reglamentos de la Unión Europea dejarán de tener supremacía sobre las británicas y se eliminará la competencia de las instituciones de la UE, por lo que Reino Unido deberá reconstruir las instituciones y el aparato burocrático que había cedido a la Unión Europea, lo que será costoso y llevará tiempo.

El punto más controvertido del acuerdo con la Unión Europea al que llegó Theresa May es el llamado “Irish Backstop” o “Barrera Irlandesa”, que se refiere a la garantía de que no habrá una frontera física “dura” entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda. Este resultado se considera fundamental para evitar comprometer el Acuerdo del Viernes Santo de abril de 1998 que dio fin a más de 30 años de hostilidades en Irlanda del Norte entre católicos (pro – Republicanos) y protestantes (pro – Reino Unido) y que favoreció la eliminación de una frontera física entre las dos Irlandas, las cuales han funcionado hasta hoy en día como uno solo país bajo el paraguas de la Unión Europea.

Si se volviera a una frontera dura, entonces habría que establecer aduanas y controles, a la vez que se teme que se podrían reabrir las heridas y regresar a la violencia nacionalista. Evitar una frontera dura (el famoso Backstop) implica ceder soberanía sobre Irlanda del Norte o sobre el Reino Unido, lo que es inaceptable para el nacionalismo británico aun si fuera de manera temporal mientras se llega a una solución duradera.

Parecería que a Boris Johnson y a sus muchos similares les importa poco el riesgo del regreso de la violencia. El meollo del asunto es que lo nacionalistas por definición exigen una frontera soberana, cuando para evitar el regreso de la violencia nacionalista es necesario continuar con los arreglos a los que se pudo llegar gracias a la membresía a la Unión Europea, la cual se ha negado a renegociar un acuerdo que omita el Backstop, mientras que Johnson lo rechaza.

Los efectos económicos negativos del Brexit ya son significativos y se podrán profundizar si se diera un Brexit duro (un “hard Brexit”), sin un acuerdo. Desde el anuncio del referéndum la libra esterlina se ha depreciado, ha caído la inversión, han salido empresas y se ha desacelerado el crecimiento por la expectativa de que en un futuro no se podrá acceder al mercado europeo como anteriormente.

No parece haber una solución que al menos en el corto y mediano plazos, mantenga el estatus quo actual y que a la vez le permita a Reino Unido retomar la soberanía sobre todo su territorio. De alguna manera la integración que se logró con la Unión Europea en Irlanda del Norte sirvió de fundamento para lograr la paz bajo el acuerdo del Viernes Santo. Brexit podría desatar fuerzas centrífugas dentro y fuera del Reino Unido con consecuencias impredecibles para la paz y estabilidad mundiales, por lo que habrá que estar muy pendientes de lo que pueda suceder.

By @GTraslosheros


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