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Balance de sexenio


Víctor Kerber - 11/26/18 2:30 PM




BUZOS EN LA DIPLOMACIA

Balance de sexenio

Estamos a pocos días de que finalice el periodo Presidencial de Enrique Peña Nieto, y me parece que la ocasión es propicia para hacer un recuento somero de lo que ha sido el desempeño de su gobierno en materia de relaciones exteriores.

De entrada, se puede decir que a pesar del esfuerzo que hicieron sus asesores de imagen por tratar de otorgarle un perfil de estadista a quien ha ocupado la Presidencia de México desde diciembre de 2012, las primeras incursiones de peña nieto en los foros mundiales no fueron muy afortunadas.

Se recordará, por ejemplo, aquel discurso en un foro en Los Ángeles, cuando todavía era candidato del PRI, en el que intentó hablar en inglés, y los resultados fueron desastrosos.

Pero bueno. Un traspié lingüístico no necesariamente es indicador de la calidad diplomática de un individuo. Ha habido Presidentes mexicanos que, sin hablar inglés, han tenido desempeños destacados en el exterior, como Lázaro Cárdenas, Adolfo López Mateos, o incluso Luis Echeverría Álvarez, por citar algunos ejemplos.

La primera señal de desconcierto se dio cuando Peña Nieto designó a José Antonio Meade como su primer Secretario de Relaciones Exteriores. Confieso que a quienes le hemos dado seguimiento a la política exterior de México, la designación de Meade (quien anteriormente había fungido como Secretario de Hacienda del Gobierno de Felipe Calderón) fue una total sorpresa.

Desde entonces era claro que quien determinaba algunas posiciones en el gabinete era nada menos que Luis Videgaray. No cabe duda de que fue Videgaray quien sugirió a Meade (su amigo de los tiempos en los que ambos estudiaron en el ITAM) para que fungiera como Canciller, incluso por encima de prominentes diplomáticos de carrera como Jorge Montaño o Carlos de Icaza .

El trato amable de José Antonio Meade le granjeó una imagen positiva entre los Diplomáticos de carrera. Lo que no gustó nada es que las Embajadas y Consulados de México comenzaron a convertirse en refugio de prominentes personajes de la nomenclatura Priísta , en detrimento de los miembros del SEM . En nuestra Embajada en Washington quedó como titular el académico Miguel Basáñez, amigo de Peña Nieto. En Brasil fue designada como Embajadora la Lic. Beatriz Paredes. En la Unión Europea quedó el Priísta regiomontano Eloy Cantú Segovia, y el mayor de los colmos: en Barcelona fue designado como Cónsul de México un reputado malandro que había sido Gobernador del Estado de Veracruz: Fidel Herrera Beltrán.

Pese a ello, se podría decir que entre los logros de José Antonio Meade está el haber reanudado los lazos de amistad con la isla de Cuba, mismos que habían quedado fracturados desde los Gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón.

El 25 de agosto de 2015, la abogada Claudia Ruiz Massieu sustituyó a Meade al frente de la Cancillería mexicana. Ruíz Massieu se convirtió así en la tercera mujer en ocupar esa posición, después de Rosario Green Macías y Patricia Espinosa Cantellano. El frente femenino de la Cancillería se sintió así reivindicado. Hay que decir, empero, que el desempeño de la señora Ruíz Massieu tampoco fue tan destacado, salvo por el hecho de haber puesto el énfasis en el desarrollo de una Diplomacia cultural para México.

El 31 de agosto de 2016, Claudia Ruíz Massieu fue la primera sorprendida al enterarse de la inminente visita a México del entonces Candidato del Partido Republicano a la Presidencia de los EUA, el señor Donald Trump.

Y es que la susodicha visita se planeó y concretó bajo el más absoluto sigilo, entre el Secretario de Hacienda, Luis Videagaray, y el yerno de Donald Trump, Jared Kushner.

Recordará usted el campanudo escándalo que provocó la visita de Trump a la Residencia Oficial de Los Pinos, casi como si ya fuera Jefe de Estado y a pesar de los insultos que había propalado contra los mexicanos. Claudia Ruíz Massieu reaccionó ofreciéndole su renuncia al Presidente Peña Nieto, cosa que él le denegó. Quizá si ella hubiese sostenido su posición rebelde, otro sería su perfil político, pero no lo hizo.

El ascenso inesperado de Donald Trump a la Presidencia del país vecino obligó a cambios inmediatos en la conducción de la política exterior mexicana. Videgaray reapareció en el escenario, pero esta vez para hacerse cargo de la SRE. “vengo a aprender de ustedes”, les dijo a los miembros de carrera del SEM.

La conducción de este aprendiz al frente de la Cancillería, sin embargo, pasará a la historia como una de las más abyectas que jamás se hayan visto en la historia Diplomática mexicana con respecto a los EUA.

Videgaray hizo trizas lo que quedaba de nuestra tradición neutralista de política exterior. Ordenó, por ejemplo, la expulsión del Embajador de Corea del Norte de nuestro territorio, para complacer al señor Trump. Y colocó a México a la cabeza del grupo de países que condenó al Gobierno de Venezuela en el seno de la OEA, también para complacer al señor Trump .

Videgaray tampoco tuvo empacho en involucrarse él en las negociaciones del nuevo Tratado de Libre Comercio que conducía Ildefonso Guajardo. Lo que le importaba a Videgaray era cumplir con los tiempos determinados por Donald Trump, no el interés nacional de México. Esto obviamente lo enfrentó con Ildefonso Guajardo.

Y por si fuera poco, Videgaray se dedicó a repartir sin ton ni son las misiones de México en el exterior a la gente de su partido, el PRI. Quiso finalmente garantizarles la permanencia a algunos de ellos con la modificación al reglamento interno; es por ello que el Canciller designado por el Presidente electo, Marcelo Ebrard Casaubón, lo primero que ha hecho es pedir las renuncias de todos los Embajadores y Cónsules políticos, con fecha anterior al 1º de diciembre.

En resumidas cuentas, Enrique Peña Nieto deja la política exterior de México hecha una desgracia. Lo que se espera ahora es que el grupo que asume el poder en unos cuantos días restañe de alguna manera el orgullo que sentíamos los mexicanos por nuestra política exterior, que solía ser valiente, ingeniosa, independiente y respetuosa de la autodeterminación de los pueblos.

Ya veremos cómo nos va…

By Víctor Kerber



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