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AMLO visto desde América Latina


By VEME - 12/5/18 7:04 PM




AMLO visto desde América Latina

 ¿Cómo se vio el triunfo de López Obrador desde el sur del continente? ¿Qué se piensa su triunfo en el resto de América latina, continente con el que compartimos problemas y desafíos?

Cuatro escritores latinoamericanos comparten su  opinión sobre el triunfo de López Obrador: el poeta colombiano Jairo Bernal, el escritor chileno Víctor Hugo Ortega, el novelista peruano Diego Trellez Pez y el poeta costarricense Sebastián M. Brenes.

AMLO: una caja de resonancia para América Latina 

«Pues como recordarás; los colombianos acabamos de cursar un proceso electoral que polarizó a la sociedad y culminó con el triunfo del candidato con posturas de ultraderecha. El contendor perdedor de las elecciones se ha identificado con López Obrador, ha dicho incluso que buscaba crear un eje de renovación como el que se trata en México, simpatía que ha trasladado a sus seguidores, lo mismo que ha acentuado el rechazo de sus opositores. Así las cosas, lo que percibo aquí respecto a los resultados allí, es que se han convertido en un nuevo campo de disputa entre detractores e impulsores de sus propios modelos políticos, económicos y sociales y se subrayarán triunfos y fracasos como caja de resonancia de lo aquí y allá se pretende como el camino “correcto” a seguir…». Jairo Bernal – Poeta. Colombia.

 

Esperanza no sólo en México, sino en la región

«Desde acá hay entusiasmo, porque veo a mucha gente cercana ilusionada por la idea de un cambio que traiga beneficios sociales a México, y que tienen que ver principalmente con romper la desigualdad y la pobreza, un tema pendiente en toda América Latina. Mis deseos de suerte y éxito para esta nueva etapa que comienza en el país hermano de México». Víctor Hugo Ortega – Escritor, periodista y poeta. Chile.

 

Un aliento refrescante para la izquierda peruana

«Al ciudadano de a pie peruano la noticia ni le ha llegado, es decir, la noticia de la elección de López Obrador como nuevo presidente de México se percibe entre ciertas estratos de la población, de clases medias más informadas, algunas que siguen la política, pero no creo que haya sido una noticia que causase una conmoción o una sorpresa por haber sido la primera vez que la izquierda (o esta clase izquierda remozada) que llega al poder en México, entonces creo que en el Perú ha generado una esperanza sobre todo en los nuevos partidos de izquierda, como Nuevo Perú, el Frente Amplio, que dentro de un país conservador, por momento reaccionario, machista, donde hay un importante número de feminicidios, con una Iglesia bastante poderosa y con una mentalidad neoliberal, para los empresarios y para la clase política no es una buena noticia, pero las personas progresistas, desde luego la elección de López Obrador significa una esperanza para nuestros partidos de izquierda que están en construcción, para una lideresa como Verónica Mendoza que es percibida como una opción en un escenario que actualmente es fatal, en donde la corrupción del Sistema Judicial se ha hecho pública recientemente a través de unos audios, es en este contexto, que es un poco el mexicano también, tras la desastrosa presidencia de Peña Nieto. Creo que el peruano común está muy molesto, está decepcionado, tenemos un Congreso que está manejado por el Fujimorismo, que también está implicado en estos audios de los que hablaba recién.

«Entonces creo que lo se está viviendo en Perú es una suerte de hartazgo generalizado ante un estado de podredumbre absoluto, es por esto que quizás la elección de López Obrador, para las personas que se enteraron y para los medios de comunicación que le dieron relevancia a la noticia, sea una manera de ver a la izquierda como una posibilidad en nuestro país. Hay que recordar que hay una resistencia a la izquierda, precisamente por los años de la violencia política entre 1980 y 1992, cuando en Perú se vivió un conflicto interno, en donde la participación de la izquierda más radical que genera el terrorismo de Sendero Luminoso y, en menor medida, el del MRTA, entonces hay una resistencia natural entre muchas personas, sobre todo porque la izquierda democrática tuvo un rompimiento tibio con esa facción de la izquierda radical que se alza en armas; entonces, por un lado está esa resistencia natural de la población hacia la izquierda, que es vista como la representación de la violencia, sobre todo porque la derecha, que lleva gobernando este país casi treinta años, manipula la imagen de la nueva izquierda como asociada al terrorismo, en ese contexto el camino para las izquierdas nuevas, de gente joven es difícil, pero podríamos decir que por las condiciones extremas de corrupción, de desigualdad, de racismo, de clasismo, la elección de López Obrador marca un camino para lo que pueda ocurrir en el 2021, que es el año del bicentenario, en donde cada vez más es visible que no hay nada que celebrar». Diego Trellez Paz – Escritor. Perú.

AMLO ¿Realmente un cambio?

Un amigo escritor costarricense y radicado en México desde hace largo tiempo, Álvaro Mata Guillé, insiste acertadamente que en Costa Rica el Partido Liberación Nacional (PLN) representa al PRI de la historia política de nuestro país. Puesto que ha sido un partido que ha estado en el poder durante los últimos 60 años, y en este tiempo montó una maquinaria de corrupción sistemática que permeo en toda la institucionalidad costarricense. Esta corrupción se volvió incontenible, imposible ya de barrerse bajo la alfombra. Y a pesar de lo evidente, la clase política, la mayoría aliada al PLN, ha respondido con cinismo y descaro.

Esto ha provocado un hartazgo en nuestra sociedad, que hace 8 años impulsó que las elecciones tomaran otra ruta de la tradicional. Por primera vez un partido de izquierda se posicionó como un tercer frente político; y las elecciones las ganó en segunda ronda y por barrida un candidato perteneciente al Partido Acción Ciudadana (PAC, partido de menos de 15 años de existencia) en contra del PLN, utilizando el eslogan: «somos el gobierno del cambio».

Dentro del contexto costarricense, el PAC es fundado por personas que decidieron separarse del PLN, pero toda su formación política la llevó a cabo en este último. Y para no hacer largo el cuento, el gobierno del cambio no fue más que un eslogan. Pero lo que resulta interesante, es que el gobierno de hace 8 años y el que acaba de ascender, no fueron electos por afinidad política, sino simplemente por votar en contra de un partido que ha sido responsable del desmantelamiento del estado de Costa Rica.

Soy consciente que hacer paralelismos es arriesgado, pues los contextos políticos de cada país son distintos, pero como escritor costarricense y residente en Costa Rica, no puedo dejar de percibir otras realidades desde mi propia realidad.

A partir de lo anterior, la elección de Andrés Manuel López Obrador me abre un abanico de expectativas y cuestionamientos sobre el futuro político de México.

La sociedad mexicana también está harta de la corrupción, de la violencia, de la necesidad de migrar y de vivir en la pobreza. Es una sociedad cansada de un partido que por largo tiempo se ha encargado de lapidar la institucionalidad del estado mexicano, un partido que entregó su matriz energética a pesar de la oposición popular, que desapareció estudiantes, golpeó a sus docentes y se alió con las mafias. Este cansancio pudo ser determinante para que AMLO ganara las recientes elecciones, no exactamente por afinidad política, sino por votar en contra del PRI y toda su coalición.

Esto se traduce, obviamente en las ganas de un cambio, y AMLO era una opción, no sé si la mejor, o como se dice por acá, la menos mala, pero si fue la oportunidad de sacar al poder tradicional del gobierno. Esto aun en contra de toda la campaña oscura a la que sometieron al candidato ganador, declarado de izquierda, esa campaña del miedo realizada por medios de comunicación parcializados que utilizaron las clásicas y ridículas frases de quienes vivimos en un país con gobiernos neoliberales: Nos vamos a convertir en una Venezuela, no vamos a tener ni papel higiénico, este candidato puede ser un Chávez, entre tantos otros eslóganes gastados que también fueron usados en Costa Rica para desacreditar al candidato de izquierda que iba tomando fuerza hace 8 años. Lo interesante aquí es que en esta ocasión los medios de comunicación mexicanos no fueron determinantes como anteriormente han sido.

Otro factor que me llamó la atención de todo el proceso electoral fue la participación de los jóvenes. En Costa Rica hasta hace unos 15 ó 20 años, los partidos tradicionales ganaban porque se ejercía un voto condicionado por la tradición familiar. Si mi abuelo, mi papá y mis hermanos eran liberacionistas, pues votaba por PLN sin importar quien fuera el candidato. Después de la explosión de las redes sociales y el sin número de casos de corrupción que empezaron a salir a la luz pública, este tradicionalismo empezó a volverse cada vez más frágil y ha conllevado a que los votantes jóvenes comenzaran a valorar otras opciones, marcándose fuertemente esa intención de votar en contra de un candidato y no a favor.

De forma similar, pudo darse en México. Los casos de corrupción en los que el PRI estuvo involucrado, el accionar de EPN, la situación de los normalistas, entre otros, donde circularon por redes sociales, se hacían de conocimiento público en minutos, pudo ser uno de los factores principales para estimular que una población, por lo general bastante pasiva en materia electoral, se animara a salir a votar y evitar que el PRI continuara.

Por otra parte, personalmente considero que seguir hablando de izquierdas y derechas es anacrónico, debido a que los que se catalogan de derechas obviamente tienen muy claro la ruta neoliberal que siguen, religiosamente fieles a la dinámica del mercado, y los declarados de izquierda, que en teoría son críticos del sistema neoliberal, terminan cediendo y mantienen políticas en este esquema, por lo que acaban acoplándose a los sistemas extractivistas-economicistas, cediendo a las presiones de los organismos internacionales u otros sistemas políticos, lo que provoca que muchas de sus promesas terminan en el plano discursivo, mientras que otros, utilizan la figura de la izquierda como mera mampara para ascender a los puestos de poder, para que a un final izquierdistas y derechistas lleguen a formar una clase política acomodadiza y corrupta.

Partiendo de lo anterior, desconozco a ciencia cierta si López Obrador pertenece a una izquierda dogmática y/o demagógica, siendo un personaje que proviene de las filas del PRI, que pasó por PRD y al final funda un nuevo partido con el que gana la presidencia. Pero lo importante en este momento es preguntarse cómo podrá esta pretendida izquierda, ya en el poder, mantenerse en ese lado de la balanza, cuando tiene al frente la presión de los poderosos grupos de derecha: megaempresarios, inversionistas, bancos, organismos internacionales y otros gobiernos vecinos, como Estados Unidos que estarán al acecho de todas sus políticas económicas y presionando para no afectar sus intereses particulares, cuando será vigilado paso a paso por todos los medios de comunicación parcializados, mientras que del otro lado tendrá a una fuerza popular más vigilante, y que estará tocándole la puerta constantemente para preguntarle: ¿cómo va eso del cambio profundo que prometió?, ¿cómo va el destierro de la corrupción en el país?, ¿ya desterró la impunidad?, ¿ya puedo sobrevivir en mi país o aún tengo que emigrar?

Sin duda la figura de AMLO en el poder crea expectativas en Latinoamérica y provocará mantener la atención en México durante el próximo sexenio, pero dada la desconfianza en la clase política que invade a toda la región, López Obrador inicia su mandato sin tener la garantía de que sea un cambio para México, por lo menos hasta que demuestre lo contario. Sebastián M. Brenes – Poeta. Costa Rica.

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