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Acuerdo de Sustentabilidad de la Península de Yucatán (ASPY) vs Tren Maya


By VEME - 12/19/18 9:58 AM




Acuerdo de Sustentabilidad de la Península de Yucatán (ASPY) vs Tren Maya

Las comunidades y las organizaciones actuaron con celeridad y lograron interponer amparos que hicieron que los jueces declararan insubsistente el ASPY, para escándalo de gobiernos, empresas, medios de comunicación e incluso ciertas ONG, que no imaginaron un triunfo tan contundente de los mayas.

“Contrario a lo que dice la propaganda, el ASPY establece un marco que promueve a empresas y ONGs trasnacionales en su invasión de los territorios indígenas de la Península. Quienes se oponen son presentados como opositores al ‘desarrollo verde’, no como pueblos indígenas que legítimamente defienden su territorio. Las comunidades mayas entendieron el fondo del proyecto, e iniciaron un proceso de discusión y la demanda que finalmente ganaron”, dijo Ribeiro.

 


 

Los símbolos no sólo habitan las ceremonias

Qué difíciles son las lecturas del espectáculo mediático. Buscamos desentrañar en la inmensidad de signos desatados, algo que nos corresponda y nos resuene, donde encontremos un sentido en común y un sentido común; una sensatez que nos aquiete aunque sea un rato.

El maraka’ame Pedro de Haro nos insistió vez tras vez en que debíamos “ir plantando por el mundo velas de vida”. Y claro, la gente pensaba que se refería a las ceremonias cual momento de reinaugurar los signos, las señales, pero también los símbolos: esa amalgama misteriosa y translúcida entre las relaciones, esa vastedad oculta en esos signos. Pedro de Haro era profundamente cuidadoso de los ritos pero algo que logró transmitirnos remachándolo a quienes lo conocimos: “Tenemos que entrañar nuestros cuidados en cada lugar, casi que todas las veces que nos topamos con alguien: ésas son las velas de vida. Claro, además hay que plantar una veladora o candela en los lugares sagrados, que son tantos. Pero ése es ya un cuidado del cuidado. Eso es para que no se nos olvide”.

El viajero B. Traven relata una ceremonia de cambio de autoridad en los Altos de Chiapas, entre tseltales. Ahí, tres encargados, entregaban a la autoridad entrante un “cetro de ébano”, y lo sentaban en una silla a que escuchara la cantilena de recomendaciones de cada uno de ellos, que era larga y laboriosa de entender. La silla tenía un agujero en el mero asiento de tule. Y debajo disponían un “braserillo de barro en el que ardían vivamente algunos carbones”. La nueva autoridad “se bajaba los calzones de manta y se sentaba en la silla en medio de las bromas y cuchufletas de los que lo rodeaban”. Los comentarios literalmente mellaban la atención de la autoridad mientras le obligaban a responder ante las circunstancias de la vida como debe hacerlo un hombre o una mujer en cualquier caso: con calma, alegría, responsabilidad, atención y entrega. Si aquel hombre hacía muecas, o profería “ayes de dolor”, o se removía en su asiento o de plano se paraba, la comunidad entera entendía que tal autoridad no iba a dar el ancho.

El símbolo de la ceremonia de cambio de autoridad no estaba vacío y la entrega del bastón de mando era el recordatorio de un cuidado. Lo que cruzaba a la gente en ese momento no era el espectáculo de ver al hombre en el brete, o en la entronización, sino el entender cómo respondería. Espectáculo y entendimiento son dos asuntos muy diferentes (consulten Gobierno, de B. Traven si quieren disfrutar las entretelas de los cambios de autoridad y del detallado intento de establecer un aparato de control y sometimiento por parte de los caciques blancos y castas arribistas en cada rincón de los territorios originarios.)

Más recientemente, la abogada aymara Magali Vienca Copa Pabón, nos ilustra el punto. Dice la compañera, hablando desde y del proceso de Bolivia:

“Hay voces que ponen en entredicho al sujeto indígena que el Estado considera cómo único válido (movimientos sociales) y demuestra la invisibilización y la criminalización de los indios ‘no permitidos’. El ‘indígena reconocido’ es tolerado mientras no pretenda demandar otros derechos ni socavar las estructuras del poder dominante […]

“Hoy se vive uno de los peores momentos del movimiento de lucha indígena. La confusión de estar incluido en el Estado, siendo al mismo tiempo excluido, es parte del ocultamiento de lo propio tras la cooptación conceptual, simbólica e histórica de pueblos y naciones indígenas; vela los límites del Estado Plurinacional e invisibiliza a los sujetos de las nuevas agendas de lucha y la construcción autonómica desde la autodeterminación.

“Tendríamos que dejar de buscar ‘alternativas’ al modelo centralista en la idealización de las instituciones ancestrales indígenas, si éstas se ensamblan a la vieja institucionalidad estatal. No se puede seguir pensando que, al tener un representante indígena en el Estado, éste sea un interlocutor válido de las demandas y necesidades.

“Los únicos dueños de sus luchas son los sujetos indígenas que viven hoy la vulneración a sus derechos. Estos sujetos, cada día más numerosos, ya no se creen el discurso del ‘reconocimiento indígena’. El Estado debe replantear su postura y reconocer su carácter centralista y hegemónico; la mentalidad del Estado controlador busca ampliar su presencia y extender su hegemonía. No se plantea cambios profundos, sino una administración de recursos para mantener contento al electorado. Creer que las agendas del Estado Plurinacional son expresión de las agendas indígenas es una ingenuidad. Habría que cuestionar profundamente los canales de la autonomía o dejar de mencionarla como parte de las luchas por la autodeterminación.” “Paradojas de la autonomía indígena”, Pukara 148, La Paz, diciembre de 2018.

 

Que “el Tren Maya va porque va” simboliza mucho más que la posibilidad de entregar un bastón de mando. Lo no dicho pero presente es que por más lesivos que sean para los pueblos los megaproyectos seguirán en la agenda que sea conveniente para el gobierno. Y sin consulta previa, ni libre ni con información, ni algo culturalmente adecuada; sin considerar el posible consentimiento o negativa de las comunidades que habitan los territorios por donde cruzará el tren maya, ese giga-proyecto está aprobado.

Importa la defensa de los territorios. ¿Qué implica un Tren Maya? Quienes hemos seguido de cerca el proceso de la Península de Yucatán sabemos ya que a la Península la quieren como Zona Económica Especial (ZEE), como ámbito de acaparamiento territorial y de los procesos que ahí ocurren, con gobiernos privados, donde poco a poco o de golpe, los servicios se privatizan: alcantarillado, agua y basura; hasta los servicios de seguridad que se tornan las policías que vigilan el cumplimiento de ¿qué leyes?. Se privatizan las playas, los esteros, las lagunas, los manglares, los corales y hasta las cárceles se hacen privadas en aras del turismo y el negocio. Zonas “libres”, donde funciona un gobierno privatizado dentro de un Estado, pero no comunitario, popular, para todas y todos privado, con la tendencia a privatizarse en más y más ámbitos.

El ASPY (Acuerdo de Sustentabilidad de la Península de Yucatán) fue una especie de piloto de estas ZEE. Se firmó a finales de 2016 en el marco de la COP 13 en Cancún, entre los mandatarios de las tres entidades de la Península para coordinar todas sus acciones, muchísimos programas, que en teoría harían un paraíso de “sustentabilidad” la Península. La gente se burlaba diciendo que era un Acuerdo de Saqueo de la Península de Yucatán, pues pondría en operación parques eólicos, parques de celdas solares, “intensificación ‘sustentable’ de la producción agrícola en 250 mil hectáreas en terrenos agrícolas, reservas de la biosfera, programas de bonos de carbono y de deforestación evitada o REDD, que implica pagos por servicios ambientales y esquemas de finaciarización de la naturaleza, además de invernaderos, proyectos inmobiliarios y turísticos, la promoción de algo extraño denominado ¡¡¡¡¡“paisajes bioculturales mayas en 5 millones 484 mil hectáreas”!!!!

Silvia Ribeiro, escribiendo para La Jornada el 21 agosto de 2018, no dejaba de anotar:

“Para los pueblos mayas, nombrados en el ASPY como objeto del acuerdo pero nunca consultados, la llamada ‘sustentabilidad’ no es más que otra afrenta. Llevaban ya una intensa lucha contra la siembra de soya y maíz transgénicos, contra la muerte de sus abejas y la amenaza a la apicultura tradicional por los agrotóxicos y transgénicos, contra la deforestación y la contaminación de aguas y suelos causada por la invasión de empresarios menonitas que arrasan todo con tractores y cadenas para sembrar monocultivos industriales con alto consumo de agrotóxicos y hasta transgénicos en forma ilegal, y ahora tuvieron que enfrentar también esta iniciativa disfrazada de ‘sustentable’.

“El ASPY incluye la promoción de la ‘certificación ejidal’ y asegurar el ‘manejo’ de bosques, formas encubiertas de facilitar que se rente o venda la tierra, y que los bosques entren en los programas REDD, quitando a las comunidades el manejo de sus bosques mediante técnicos externos, vendiendo las funciones vitales de los bosques como mercancía en los mercados de carbono.”

El Acuerdo dice que para el 2020 se reducirá la deforestación, sin embargo, a nosotros nos preocupa que muchos de los mega proyectos aprobados en el marco de esto que los gobiernos llaman ‘desarrollo sustentable’, dejarán miles y miles hectáreas deforestadas para instalar parques eólicos, paneles solares, mega granjas, desarrollos inmobiliarios y turísticos. La amenaza que los megaproyectos de energía eólica y fotovoltaica representan para nosotros es muy grande porque en la Península se han aprobado 15 proyectos de energía renovable a favor de empresas que ni siquiera son mexicanas. Nosotros nos preguntamos ¿Cuánto dinero van a generar esos proyectos? ¿Quiénes se beneficiarán principalmente de esos negocios que llaman verdes? Porque a los pueblos han ido a rentar las tierras y la ganancia que queda a los ejidatarios es de 70 centavos por día mientras que las empresas ganarán millones.”

Con info de Ramón Vera-Herrera (desinformémonos)

 



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